QUERIDA BARCELONA

3 septiembre, 2017

       Sin títuloMi querida Barcelona:

       Me alegrará que al recibo de estas letras te encuentres bien, yo bien gracias a Dios…Y así comenzaban antes algunas cartas, cartas escritas en cuartillas rayadas o con falsilla escondida bajo el papel para no torcerse. Hoy pocas se escriben, escaso uso a esas plumas que antaño desparramaban tinta haciendo de la correspondencia un arte, tanto como ese noviazgo que cada mañana esperaba al cartero con la ilusión de quien cuenta las horas para el encuentro soñado y el abrazo que se anhela cuando el cuerpo empieza a temblar por una ausencia.

       ¿Qué están haciendo contigo, mi querida Barcelona? ¿Quién, bajo el manto de una permisividad mancillada por una gestión de mamarrachos y mamarrachas, te está concediendo el beneficio de una duda que no te mereces? Desde aquí abajo, desde este Sur al que tantos te proclaman como ajena y otros tantos se burlan de nuestras comas y nuestros puntos, te miro con la tristeza de ese amante que harto de desaires reconoce el despropósito como a ese desamor que tanto escuece por su camino sin retorno.

       Se han mezclado, mal agitadas en la coctelera de la vulgaridad, churras con una merinas que, sin oficio y, desde el agrio resentimiento, se afanan en hacer de ti una ciudad cualquiera, una de tantas, manipulada desde un guiñol que no te mereces. Tú, tan bonita, tú tan moderna como canalla, tan madre de artistas que han rozado la genialidad te ves hoy amancebada con una bandera que no te pertenece, una lengua que no tiene por qué ser el santo y seña del desprecio para quien te pide acogida y unos acordes de desprecio que nunca la historia pensó para ti.

         Decir, “Si Gaudí levantara la cabeza…” probablemente sería caer en una frase hecha que, “a poco andar” hasta carece de sentido por lo poco que me gustan las condicionales, pero sí, en todo este “totum revolutum”, marejada estúpida de ignorantes e ignorantas de flequillo a la taza y ocupas sin ocupación en el que te encuentras, el arquitecto visionario que tanto te amaba y que dedicó su vida a embellecerte y a hacerte eterna probablemente hubiese sido el primero en amotinarse en la Sagrada Familia, en huelga de hambre quizá, y negarse a colocar ni una gárgola más en nombre del altruismo para que en el descuido de unos desaprensivos la gloria de Dios saltara por los aires.

         ¡Ay Barcelona, vanguardia donde la haya, belleza de una ciudad trazada como desde el cielo, a vista de pájaro, en tablero de dibujo y al milímetro, puerto de marineros que, como yo, añoran su casa a la hora crepúsculo, Rambla de flores y mosaico de culturas, mercados de frutas, vinos de tus cepas, tan rica en todo…¡Ay Barcelona, lo que me gustaba escaparme con la sóla intención de perderme por tu barrio gótico, sentarme en el Café Zúrich a cualquier hora del día o la noche, dormir en el Casa Fuster imaginando imposibles mientras, a través de la ventana, apuntaba el comienzo de ese Paseo de Gracia tan amplio como bello…Mi querida Barcelona, tanta nostalgia que hoy te recuerdo casi perdida en la misma neblina con la que he dejado de añorar el ultimo beso del amante que, despechado, no quiso entender que muchas veces 2+1 no suman tres.

         Mi querida Barcelona, te deseo lo mejor, y de lo mejor, lo mejor, y que Dios nos coja confesados y con una copa de vino, aunque no sea del Penedés, levantada. Mi querida Barcelona…

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                                                                                                                          “Credo ut intelligan”

                                                                                                                              San Anselmo

  

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YA CANSA

27 agosto, 2017

IMG_7546Ya cansa, sí, ya cansa este “rojerío ilustrado” de recto flequillo y tetas al aire diseñado para la ocasión; ya cansa la imagen del despropósito con una foto del Rey, invertido, para,  tras cálidas palabras, romperla en cuatro trozos  haciendo un estúpido alegato de representación no representada; ya cansa, tanto o más que el pataleo del amante despechado que, echando mano de manuales de psicología oportunista para tutores de niños difíciles, levantan un monolito al desaire punteando carencias de infancia o temperamentos narcisistas disimulados, eso sí, en lacras mentales que  nada tienen que ver con aquel pobre muchachito que se enamoró de su imagen reflejada en el agua.

      Ya cansa que se hable de la normalidad sin entender que la linea que marca la rabia entre el miedo y la locura es tan delgada como los pensamientos de cualquier atrevido ignorante; ya cansa conceder gratuitamente a la melancolía un rato cada mañana mientras apuras el ultimo sorbo de un café amargo que te de el pistoletazo de salida; ya cansa el desencanto que provoca el paraíso extraviado entre aquellas letras cuando las palabras, una vez más, suponían cansancio, y cansa salir lastimado por quien altruístamente, decía, querer protegerte; ya cansa intentar modelar de mejor manera el barro que, desbarrado, conduce al desprestigio que otorga la arrogancia de quién se resiente de lesiones en las que no tuvo arte ni parte; ya cansa que se desmorone una y otra vez lo que un día se antojaba irrompible, y cansa sentirse débil cuando una noche tras otra el duermevela se empeña en abrazarte más fuerte que quien contigo va; ya cansan los cupidos de hojalata como charlatanes de dulzonas palabras que martillean sordamente la cabeza apelando a una mesura que azota por no poder expresarse, ya cansa el esfuerzo justo en ese “aquí me planto  y que sea lo que Dios quiera” en nombre de un amor que se sigue escribiendo con H; ya cansa el desencanto con el que late  un corazón que tiene miedo, y cansa la insensibilidad que mueve los posos nostálgicos  del desesperado, y cansa todo cuando se pierde la ilusión por lo cotidiano y apuñala las sienes el recuerdo generoso del insurrecto aquel a quién confiadamente abriste la puerta de tu casa y  resultó ser un fisgón capaz de hurgar en tus más íntimos y delicados apuntes, y cansa, en nombre de la prudencia, no haberle escupido en la cara, y cansa el devaneo del amante que, creyéndose casi guapo, instruido y merecedor de honores, por el artículo “treintaitres” de su código de honor, arremete contra Dios como si de un ídolo de malnacidos  se tratase.

    Ya cansa, y mucho, tener que explicar, una vez más, que en las cosas pequeñas, tantas veces las más insignificantes, suele estar el punto de partida para un desamor que pronto olvida el camino de vuelta o para un amor capaz de despertarte cada mañana con un silbido.

         Ya cansa el vino no compartido…ya cansa.

                                                                        .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

“La verdad padece, pero no perece”

              Teresa de Jesús

VERDADES a MEDIAS

20 agosto, 2017

– Mamá, ¿por qué las monjas están tan gordas?

– Hija, pasan muchas horas sentadas y ,además, comen mucho pan.

…Y yo crecí con ese argumento, después, en el colegio donde pasé bastantes años, comprobé que no era cierto ni lo uno ni lo otro; más tarde, con el tiempo, compartí con ellas cursos, retiros y alguna que otra cosa más y, como es de imaginar, hoy tengo la certeza de que aquella salida urgente con la que me convenció mi madre, debió de ser lo primero que a la mujer se le vino a la cabeza o, quizá, uno más de algunos de sus bizantinos argumentos (tengo muchos más) con los que me fue engatusando en aquellos años, tal vez por no saber qué decirme, no entretenerse en una causa que ya apuntaba a “pistolilla” desde temprana edad o vaya usted a saber qué.

Y la nadería de la anécdota me viene al caso estos días, retirada de algunas cosas vitales y cotidianas, en los que trato de coger algo de impulso para afrontar el nuevo tiempo que asoma ya las orejas por la tapia de Septiembre.

He compartido estancia con un grupo variopinto, cada uno de su padre y de su madre, y, entre ese mosaico de colores y calores, se encontraban algunas monjas, al menos reconocibles por el hábito; si había alguna que otra por ahí camuflada no lo sé, porque, y muy en contra de ciertos prejuicios que tan gratuita y deslabazadamente se oyen por ahí, nadie va marcado con estigma alguno en la frente, profese lo que profese, se pasee por la acera que le dé la gana o lo que Dios le dé a entender; que “el habito hace al monje” dejó de ser una verdad absoluta cuando los tiempos dieron un par de vueltas de tuerca a limites que ya no respiran aires de Inquisición, por fortuna.

Anécdota, ingenua donde las haya, que su recuerdo me regaló un pistoletazo de salida para bucear en el tema de la “VERDAD”, el que estos días nos ocupaba y para el que hemos dedicado una semana en la que el silencio, la calma y la oración han sido nuestros mejores aliados a pesar del sobresalto y la tristeza que produjo el despropósito del atentado en las Ramblas de Barcelona.

Verdades a medias, mentiras que, disfrazadas en nombre de cualquier comedia, no sirven más que para confundir y enredar los pies de quién tantas veces no se atreve a desnudar su alma y darle rienda a su corazón porque, ciertamente, los tiempos están convulsos, los puntos de referencia se confunden con cualquier emoción enturbiada en nombre del amor a un santo y seña, que, a menudo, se mezcla con ídolos de segunda fila construidos con plastilina deformada por una melancolía cargada de una ingenuidad capaz de creer a fe ciega que las monjas estaban gordas porque pasaban mucho tiempo sentadas y comían mucho pan.

Así también se escribe la historia y por eso a Pinocho le creció tanto la nariz…

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“Ya no hay dolor humano que no sea mi dolor”

Amado Nervo

OCHO días, OCHO

13 agosto, 2017

8de8    Dicen los que disfrutan con las estadísticas y esos tramposos estudios de sondeo, unas veces poco creíbles y otras tan reales como sentencias de “choni de extraradio”, que el tiempo que el cerebro necesita para descansar y desconectar de la rutina del trabajo es de ocho días, ocho, ni uno más, ni otro menos. Dicen también que, a partir de entonces, los días de más sólo conducen al tedio y a la holgazanería porque cualquier conexión de esas que andan por ahí dentro, alojadas en cualquier microchip de las alocadas neuronas, extrañadas éstas del cambio, se descontrolan y empiezan a arregostarse a no sé sabe muy bien que asueto y desbarran tanto o más que si las hubiesen hundido en  barrica de vino peleón.
         Paradojas de la vida, las tan sobrevaloradas vacaciones, el sueño ansiado y ansioso que tantas veces conduce al desastre, a inexplicables rupturas y/o a dejar los fondos de las arcancías en lamentable estado, ahora resulta que para que no sean desastrosas son sólo cuestión de ocho días, ocho. Y en ese limite incierto que supone la inmediatez es en el que nos movemos cuán pez en el charco  y en el que somos hasta capaces de sentirnos seguros mientras  celebramos pequeñas victorias cotidianas que suelen terminar con el consabido hartazgo de…” y de postre, un flan”
         Castillos en el aire con los que uno se entretiene y deja pasar los días hasta que en algún momento, por la puerta de atrás, asoma la certeza de la vejez, del tiempo consumido en “nininanas” que no eran más que una simpática fotografía de lo que pudo haber sido y no fue, y te regala un buen tirón de orejas.
Dicen.., se dicen tantas tonterías seguidas a pie juntillas, como si de palabra de liturgia se tratase, que uno ya no sabe por dónde empezar a desaprender las indicaciones de ciertas trochas recorridas desde su principio en el error, la incertidumbre o la confianza en la palabra de quién no fue la mejor compañía ni la más adecuada influencia.
        ¿Será que el exceso de información nos está volviendo a todos sordos, o será, quizá, que la locura ya no se adormece en esas neuronas, tan debilitadas como desconcertadas, de quién desgastó su vida mucho antes de retocar sus principios, será que las sensibilidades irritadas ya no quieren jugar al escondite sin sobresaltarse ante el gazapo, será que ya es imposible hablar de cualquier nadería sin avergonzarse ante la carcajada imprudente, será que el placer está acotado a los ocho días, ocho, que el cerebro reconoce como prudentes para darse una tregua, será que somos tan torpes y miserables como para ahorrar en abrazos, mirarnos de frente o de soslayo, eso da igual, y casi todo se reduce a un ramplón “te quiero” tecleado al son de una prisa que poco entiende de realidades…?
          Dicen los que disfrutan con las estadísticas…y digo yo que romper una lanza en favor de algún travieso deseo debe ser hasta agradable a los ojos de Dios…

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                                                                                                        “ El amor vence al miedo”
                                                                                                         Edith Stein

JAQUE a la REINA

6 agosto, 2017

IMG_7267El límite de la prudencia no se firma con un educado gesto de cortesía, ni tan siquiera con la honrosa tarea de un desprendimiento que, tantas veces, puede durar un instante, tantas otras, toda una vida. Tal vez la imaginación despierte mejor desde una posición horizontal, tal vez, cuando amaina el vértigo de la ausencia, es más fácil coger el asidero de cualquier determinación sin que medie el deshonor enmascarado en ese -“pobre de mí, su crueldad se cebó en mis carnes”-,  tan absurdo como tratar de meditar un crimen antes de cerrar los ojos tras agotadora jornada.
La valentía suele ser muy insensata cuando en el juego del amor las fichas se mueven torpemente creyendo que las guerras  se ganan en el campo de batalla sin antes haber tenido en cuenta estrategia alguna, errando en la táctica y, sobre todo,  analizando con pasión a quién tarde o temprano se convertirá en tu enemigo. Bien sabe Dios de lo poco que sirve esa falsa superioridad moral, parecida a la que en el desatino de la lucha política alardean ciertos insurrectos, tan demagógica como trasnochada, cuando se recrean en palabras de tan insensato acento que ni el viento es capaz de llevarse.
Romper lanzas en favor de cualquier incómodo deseo parece ser la única solución cuando comprendes que la perfección es una trampa absurda y sabes de sobra, y por experiencia, que llegar a todo no sólo no es virtud de pocos sino una tupida capa de soberbia que sólo trata de disfrazar pasiones adormecidas en nombre de un amor que se ahogó en una copa de vino alzada en la más absoluta soledad.
Y sin remedio, cuando el hombre juega a ser Dios el vinculo con la existencia se torna tan simplón y desbaratado como esas camas deshechas después de una noche de encuentro en la que la vulgaridad se mezcla con el desencanto que deja el perfume de la añoranza. Y mientras sí mientras no, mareamos las piezas de nuevo, las colocamos en el tablero con cierto cuidado, eso sí, y preparamos una nueva partida en la que sea menos complicado matar al rey sin necesidad de engañar a esa reina que, susceptible donde las haya, casi siempre termina sintiéndose traicionada por el caballo que, diestro en el arte de saltar, servía para algo más que llevarla de paseo en su lomo, aunque ella, pobre ingenua, creyó que podría domarlo.
…Y no, el límite de la prudencia no se firma con un educado gesto de cortesía, no, el límite de la prudencia quizá se encuentre en ese momento que, irrepetible, borra las huellas de la traición mientras disimula su aversión al riego.

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                                                                                         “El nacionalismo se cura viajando”
                                                                                          Pio Baroja

DÉJALA ESTAR

30 julio, 2017

IMG_7195Déjala estar, ahí detrás, agazapada tras el rosal aquel que ya quemó las espinas de la insolencia a fuerza de podarle las ramas envejecidas, déjala estar, atolondrada por los sueños imposibles que en las interminables tardes de verano  resuenan  a música celestial, déjala estar, en ese lugar que más recuerda al vientre materno que a una época de madurez trasnochada, déjala estar, allí dónde nada pueda enturbiarse a pesar de que el viento venga torpón y con el paso cambiado, déjala estar, ahogando recuerdos en el silencio de una casa que tantas noches hace invisibles sus muros, déjala estar, y si llora, déjala llorar, déjala estar, sazonando con paciencia la pócima que inventa cada mañana cuando el día se presenta tan insolente y maleducado como ella, déjala estar, reposando inquietudes y sufragando ausencias mientras reclina su cabeza en el sillón de siempre, déjala estar, cuando mide las distancias con más mesura que las palabras que nunca se deberían de haber pronunciado, déjala estar, nadando a contracorriente en unas aguas que sin oleaje ni marejada auguran buena travesía, déjala estar, en el patio de atrás, ahora que hace más fresquito que en cualquier otra parte, déjala estar, sin miedo a que su ausencia sea como el desamor, un camino sin retorno, déjala estar, alzando sin pudor esa copa de vino que le enjuaga las lágrimas que sin ton ni son se desparraman por sus mejillas cuando los sentimientos afloran, déjala estar, creyendo que todo fue un sueño o quizá una incierta mentira de la que ya no quedan más que unas efímeras cenizas, déjala estar, retorciéndose en una fragilidad que lejos de ser abandono colma los más íntimos deseos del monstruo que todos llevamos dentro, déjala estar, aferrándose a Dios, ¿acaso no ves que su fe es lo único capaz de calmar su tantas veces atormentada existencia? déjala estar, dibujando en tu mesa sin importarte que la punta de su lapicero cuartee el barniz que el tiempo va dejando sin pátina, déjala estar, madrugando, levantándose  al alba mientras  tú aguardas contando los minutos para el primer beso del día.

Déjala estar, ahí detrás, agazapada tras el rosal aquel que ya quemó las espinas de la insolencia…déjala estar.

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                                                                    “Todavía no sé lo que desean las mujeres”

Freud

IMG_7132Recuerdos adormecidos bajo sábanas que cubren una torpe nostalgia desbarata cuán si de heroica hazaña se tratase. Recuerdos de aquellos días ingratos en los que las mañanas se confundían con las tardes y el tiempo no daba más tregua que la licencia otorgada a las manecillas que acariciaban la esfera de un reloj desarmado. Recuerdos que tratan de hacerse mayores cuando no les queda más remedio que resistir los embistes de un toro que se sabe entregado a la suerte cuando, sin más defensa que sus armas desnudas, se encuentra en una plaza a la que nunca debió salir. Recuerdos que atenazan la garganta en esas horas muertas que el verano regala y las siestas alargan mientras amaina el calor y el vino asienta el poso de un beso que ojalá no tuviera fin. Recuerdos de aquella veredilla sin retorno que por entonces hizo de las hojas del almanaque una novela interminable mientras aguardaba que el deseado otoño tocase en la aldaba de una puerta con bisagras oxidadas por el uso, el desuso, tantas veces el abuso. Recuerdos de mañanas que se anunciaban con un aburrimiento indolente pronto sufragado entre las páginas de un diario que se pavoneaba recordándo que “Pepito Grillo” sólo fue un personaje de cuento. Recuerdos que se escondían, disimulados, entre los apuntes de una ortografía cada vez más comedida, ajustada a una hoja sin falsilla que enseñaba un día tras otro las hazañas de un pobre títere sin cabeza. Recuerdos enmohecidos en una foto descolorida que ocultaba vergüenzas haciendo parodia de su sombra a la par que tragaba saliva sin saber por qué. Recuerdos que no conviene amontonar ni tan siquiera para hacer balance de un tiempo que araña las heridas que tan gratuitamente saldó el desamor. Recuerdos que hoy no son capaces de contonearse con la silueta que de madrugada vuelca oscuros pensamientos como si de una botella de tinto peleón derramada en copa de fino cristal se tratase. Recuerdos que apenas cuentan nada aunque lo saben todo, sueños enredados en la madeja de un resacoso mañana que se asoma por el indecente balcón que nunca sacia la curiosidad, corazones que tiritan al ritmo de una añeja e incompleta cancioncilla, música que ya no reconozco a pesar de haber repetido tantas y tantas veces los acordes que, como himno de culto, invadían mi casa.

…Y siempre los recuerdos, y de nuevo el verano que, como todos y como tantos, se empeña en ahogarnos entre el placer y el dolor que supone releer los versos que nos regalamos bajo la glicinia de atrás cuando aún creíamos que el amor se podía escribir con hache.

Recuerdos, al fin y al cabo ¿quién no se asomó alguna vez con ellos  al precipicio de los despropósitos para desafiar a un Dios que peinaba canas mientras decidía que hacer con nuestras tonterías…?

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                                                                                     “Portarse con nobleza es una gran virtud”

                                                                                                                              San Benito

SEÑALES

9 julio, 2017

IMG_6912Guiños al aire, tiempo de espera, anhelos truncados bajo la trampa de la más limpia ilusión, círculos viciados y viciosos que enmascaran desidia, costumbre ajena y añeja de lo que pudo ser fácil y complicó la existencia; algo parecido a esas extrañas tormentas de verano, a veces inesperadas, otras demasiado previsibles,  tan ridículas como esas carantoñas que se regalan los enamorados mientras deshojan margaritas.

Y todo se desmonta, las sillas vuelan, los jardines se descomponen, las baldosas de las terrazas, que instantes antes relucían, se tornan parduscas, como ajadas por el polvillo del desierto, y los minutos de viento arremolinado y gruesos goterones de lluvia corren como el cuento de nunca acabar.

¿Quién entiende el cambio después de esos tórridos días en los que el sol apretaba las gargantas, humedecía la frente y acortaba las horas de descanso porque era imposible conciliar el sueño tras salir el sol?

¿Quién entiende casi nada cuando la vida es tan simple como el suceder de estaciones que vuelan, corren y saltan raudas al ritmo de las hojas de ese calendario rotulado desde la esperanza y tachado a diario por la incertidumbre que dejaron las horas, arrinconadas por los años, sin saber bien que significa la pena o la gloria?

Señales y no de humo, la presencia, una ausencia que alza el gesto sagrado que tantas veces ablandó emociones delante del altar en el que uno prometió un “para siempre” que después se desbarró calle abajo, señales que se han grabado en la piel como aquel tatuaje olvidado que, aunque ya descolorido, aún redondea la letra que en su día tuvo más valor que el “amor de madre” de esos legionarios a los que no les importaba que la muerte les alcanzara  mientras defendían lo suyo; señales inequívocas de que la virtud siempre tiene cierto grado de heroísmo aunque no lo parezca y nadie lo aprecie, señales de gente elegante, integra, capaz, sensata, calmada, valiente y fiel que, aunque se vista con harapos, en su forma de cruzar las calles o de vivir el amor con más ilusión que miedo, se delata.

Señales, al fin y al cabo la vida no deja de enviar señales, y bien sabe Dios que sólo hay que estar atento…

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                                                 “Debajo de la ira siempre hay dolor”

                                                   Eckhart Tolle, del Poder del Ahora

 

 

VISIBLEMENTE

2 julio, 2017

IMG_6737Sin miedo, sin el insensato prejuicio que supone una desafortunada vuelta de tuerca a las entretelas de la conciencia, sin el resentimiento que amarga a esa soledad instalada en una esquina de aristas impropias, sin la falsa modestia de quien no atina a conducir su vida mientras se entretiene ondeando la horma de una bandera a la par que condena las caricias soñadas a un panal de amarga miel, sin inseguridades que torturen el entendimiento y ajen la piel a fuerza de arroparla bajo sayales inapropiados para el tiempo que corre, sin censura que lastime una fervorosa genuflexión ante el altar o se mofe del beso que, como lanzado al aire, uno regala cada mañana a quien comparte su lecho, sin dioses de barro con pedestales endebles que a la menor brisilla deshacen su figura ante la incuestionable realidad de que Dios sólo hay uno, sin talantes ni talentos de épocas en los que el velo era condición  para pisar un templo, sin arañazos que escuecen y no tendrían por qué, sin ilusiones lapidadas ante el despropósito de la palabra que confunde y la murmuración que humilla, sin tiempo de mirar atrás cuando el cuello, ya cansado de ausencias, rinde pleitesía a lo que está por llegar, sin copas de vino derramadas al azar tratando de ahogar penas que hoy no tienen nombre ni apellidos, sin cuerdas anudadas en tobillos magullados por la insolencia de un poema anónimo, sin noches recortadas por la angustia de un insomnio que hace temblar las piernas en el preciso instante del descanso, sin cartas marcadas en las esquinas pretendiendo hacer trampa aunque se trate de cualquier juego solitario que intenta matar, como sea, las horas de añoranza, sin prisa, sin pausa, sin ese poso de melancolía que antaño dejaban las resacas del exceso, sin culpa, sin banalidad taciturna, visiblemente borracho de tanto talento…

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                                                          “La razón no tiene nada que hacer en lo eterno”

                                                                                       Elena Fortún

 

RISAS

25 junio, 2017

IMG_6644Risas que abren candados y desentumecen músculos de existencia olvidada, aniquilados hoy por aquel uso y desuso en una rutina ya silenciosa.

Alarmas que saltan en el momento preciso ante la desesperación de cualquier pajarillo herido que revoloteando torpe intenta levantar sus maltrechas alas para salvarse de la quema. Carcajadas que abren bocas y dulcifican conciencias, sueños perdidos, almas encontradas y manos recuperadas después de las caricias dormidas en aquel pasado que se antoja tan lejano.

Dios quiso hacerlo y supo, como tantas veces, elegir el momento oportuno, regalarme, sin coste adicional ni necesidad de desgarros, la llave que, bien y a su amor, entra en la cerradura de un entendimiento que empezaba a oxidarse.

Risas que fueron suspiros y ya no se acuerdan de aquello más que lo justo, lágrimas que hoy afloran sólo cuando se saben necesarias, esperas que el ansia de la inmediatez no consigue minar ante el deseo de abrazar una fortuna cierta; y sigo, intentando abrir el camino preciso, el instante sagrado de aquello que por respeto no fui capaz de emborronar ni con el más blando carboncillo que tenía arrumbado por aquel estudio  que dejó de oler a rancio cuando los dibujos volvieron a ocupar su lugar.

Y un tiempo que no juzga con tal de no irritar a esas sensibilidades capaces de hablar de cualquier cosa sin avergonzarse más que de lo que dejaron en el olvido; y un virus que  durmió a fuerza de una paciencia que se torna  resignación cuando uno bien entiende que las fuerzas a veces flaquean; y un miedo que lucha para no afianzarse en las entretelas del Padrenuestro que cada noche sigo rezando antes de cerrar los ojos, y una gratitud continua por cada día en el momento exacto que la noche empieza a esconderse y las primeras luces se asoman desde el fondo confundidas con una línea que bien sé es infranqueable.

Sigo, vuelvo y recojo las risas, las carcajadas que tantas veces no tienen razón de ser pero reconfortan el alma. Y en eso estoy…

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                      “La mayor parte de los problemas están arraigados en la amargura”

                                                                             Thomas Merton