GESTIONANDO como PUEDO

7 abril, 2019

20190407_114902No es fácil gestionarse medianamente bien la vida, la emociones, esas barcazas que tantas veces nos voltean como si de cabinas de oxidada noria de feria se tratase, hacen de nosotros muñecos manejeros que se entorpecen ante la tormenta poco llevadera. Y uno se cree por encima de ciertas actitudes que no son más que poses de guerrero para una batalla que casi siempre termina naufragando en el absurdo.
Ahora me ha tocado mirar el horizonte desde una carretera secundaria que me lleva y me trae a hospitales de aquí y de allá, infortunios que desbaratan mi debilidad y desacomodan una incierta rutina que nadie mejor que yo conoce y añora. Los templos de la salud no son necesariamente buenos “sanatorios” ni adecuados lugares de recuperación, tarde o temprano todos vamos cayendo como insignificantes chinches al amparo de una amabilidad forzada y forzosa de quien hace su trabajo a cambio de un puñado de monedas y que poco tiene que ver con vocaciones de aquellas en las que creíamos los estúpidos románticos; y no, no se puede sanar en un sanatorio, demasiado trasiego de gente entrando, demasiadas opiniones en torno al becerro de oro que inmóvil descansa en un lecho que le articula los miembros con sólo apretar un botón.
El silencio debería ser el bien más preciado en esos pasillos de suelos abrillantados y atocinado aire de “chacharicas” propias y ajenas que calculan los turnos como si de apuestas futboleras se tratase mientras las horas corren inciertas, como en esos viajes de avión cuando el vuelo es medianamente largo y no dejan de ofrecerte de todo con tal de entretener al pasajero y, casi siempre, molestar sin que sea posible concentrarte en cualquier distracción o saborear algo que se te haya ocurrido pedir en el servicio de carrito- bar- tienda- bolsas para el mareo y hasta un rasca de la suerte para un sorteo de no sé qué premio, pero bueno, ese es otro tema…
Hay momentos en los que uno ya no sabe si ha dejado de pensar, si las neuronas se han aplastado de tanto asentir y escuchar al de arriba y al de abajo, o si es que con cualquier golpe de tos tus bronquios se han desbaratado tanto que las palabras se te están confundiendo con los jugos gástricos o con las indecentes bacterias que sin arreglo ni compostura cazas al vuelo entre desfiles y perorata de tanta “batilla blanca” que frecuentas.
…Y bueno, un rato de asueto, una pausa, escondida estoy en el cuarto de las escobas para escribir, desahogo de quien añora los buenos tiempos al sol que más calentaba, de aquella copa de vino conversada con uno mismo y brindada ante los ojos de un Dios que se niega a abandonarme aún, y, mientras sí, mientras no, querida amiga, los días se van escalonando y trato de subirlos de dos en dos para que corran como liebres y me den una pequeña tregua antes de que el desaliento me confunda y me haga coger la vereda menos oportuna en estos momentos; bien sabes tú de mi sensata insensatez cuando llego al límite…
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“Hoy he vuelto al mismo sitio de siempre por primera vez. Pero nada es igual”
Días sin ti de Elvira Sastre

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OJO por OJO

31 marzo, 2019

20190331_105159Lo de enseñar la otra mejilla cuando te han echado abajo una aún no está en mis registros de vida, no, aún, y desgraciadamente, no estoy por encima de ese bien o mal y sigo navegando en el “ojo por ojo” y, si me apuran, combinado con aquello de que “quién la hace la debe pagar”. No hay prisa, hay dardos certeros, seguros, impecables, que aciertan en la diana de la satisfacción con sólo afinar un poco, sobre todo en límites previsibles y con insurrectos sin escrúpulos que juegan al escondite haciendo creer que la inocencia es un arma que no es necesario abrillantar.
Pausas en el tiempo, algún domingo que otro sin aparecer por aquí, circunstancias de vida que no me son ajenas y ante las que no hay más remedio que enfrentarse cuando la responsabilidad ahoga y la conciencia, mi conciencia, hila bastante más fino que cualquier tocho de leyes al uso vomitadas para el momento, y, sobre todo, para enjuagar el delito que se simula porque nunca fue cometido.
Hay cierto rejumbre, muy nauseabundo, por cierto, en las actitudes que se profesan cuando éstas no salen del corazón, cuando sólo pertenecen a la indecencia del objetivo anhelado de la manera que sea y con las armas que sea; peligro para el sueño que no diferencia vigilia, astucia que no entiende de más norma que la que marca la ambición de una vida a salto de mata.

Soy capaz de concebir cualquier cosa, la falta más impronunciable no me es ajena porque entiendo de miseria y conozco bien al género humano aunque casi siempre me haga de nuevas y esconda mi talento detrás de una sonrisa que tantas veces desconcierta y resta méritos; pronto huelo el insalubre tufillo de cloaca sin desatascar por mucho ambientador que se le dispense, adivino causas sin apenas pruebas, y no me preguntes por qué, quizá por ello me retiré al desierto en el que vivo, aislé mi vida con una verja pequeña pero cierta, encerré mi alma bajo llave y di varias vueltas a la cerradura por el único placer de recrearme la vista desde lejos con un catalejo que nació conmigo y se me hizo imprescindible desde la infancia, quizá por eso ahora sea más difícil engañarme que saltarme los higadillos de rabia, quizá por eso gasto bastante más sensatez y serenidad para dejar que llueva y no mojarme a pesar del abrir paraguas, quizá por eso brindo sola cada mediodía y no escondo palabras de agradecimiento para ese Dios que oculto en uno de mis bolsillos me avisa de que no llegue tarde a la cita diaria en ese hospital que ya se me hace penitencia porque hoy cambiaron la hora y podría despistarme, quizá porque el diente por diente aún es justicia mundana y me excita la ley que se estudia en las tabernas y se aplica sin escrúpulos, quizá, mi querida amiga, porque nunca confié en quién usa profano nombre  ahora casi nada me coge fuera de juego y tampoco empujo a nadie en el área a riesgo de que me piten  penalti por imprudente zancadilla…
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“Mis enemigos retroceden, flaquean, se desvanecen ante ti.”
Salmos, 9,4

QUIEN LE IBA A DECIR…

17 marzo, 2019

20190317_112142 Perdonen, otra vez, que no me levante; vuelvo a estar cansada, este domingo algo más, si cabe, que la semana pasada. No en vano, ayer, como cada sábado, me tocaba intendencia domestica además de cuidos al jardín, quitar hierbas del muro de atrás, esas que, afortunadamente, sólo con machacarse un poco las lumbares,salen sin mucha dificultad y aniquiladas quedan hasta otro par de meses que vuelvan a asomarse al sol que más calienta. Ojalá todas las malas hierbas fuesen tan poco complicadas de exterminar como esas. Así que, ya digo, un poco cansada, eso sí, hay cansancios que no importa sopórtalos, fortalecen el cuerpo y airean la mente mucho más que empotrarse en un sillón y engolliparse de despropósitos.
Nunca, ni en su más remota imaginación, pudo pensar la Diosa Cibeles que se vería en tan lamentable tesitura como la que ayer tuvo que soportar  siendo rodeada por miles de  esteladas mientras el catalanismo de a pie vociferaba en defensa de los políticos presos y la independencia de un lugar tan entrañable como Catalonia a la que se han empeñado en desmembrar en nombre de una determinación que huele a resentimiento y miseria. Allá ellos cuando su Barça tenga que jugar con el Sitges. En fin, que hay cosas por las que es mejor no llorar pues la hartura  sobrepasa los limites de lo cordial en nombre del “mamarrachismo ilustrado” y la tolerancia de una normalidad visibilizada ante un despropósito que se hace tan insufrible como ridículo.
Pongamos por caso, cosillas de aquí y de allá de las que me entero, se llamaba Álvaro y ahora se llama Alba, se ha hormonado y, gracias a los avances de la ciencia, la muchacha puede jugar en la liga de fútbol femenino porque ser futbolista era el sueño de su vida, y mira tú que suerte que, en su debut de pechos enfajados, depilación completa y alta coleta de caballo, Alba marcó un gol y, según confiesa, ese ha sido el momento más feliz de su vida, tanto, que no pudo casi ni celebrarlo porque estaba flotado de la emoción…En fin, no quiero colarme de acidez, Dios me perdone, ni tan siquiera poner un ápice de ironía en el asunto pues como ya estamos tan a la vanguardia del que cada uno haga lo que le salga del “moño”, y nunca mejor dicho,  hay que tener cuidado porque casi todo es machismo sin serlo, abajo el patriarcado, que los padres son machos, y arriba las tetillas desnudas y pintarrajeadas a los altares, que a los hombres hay que ahorcarlos porque hay algunas a las que el “colgajillo”  les da mucho asquito, a los niños no se les puede regañar porque vayan a traumatizarse y sólo hay que dialogar y razonar sin usar, ni se les ocurra, ese “jarabe de palo” que tanto bien nos hizo en nuestra infancia cuando lo bebíamos a la par que chupito de Quina Santa Catalina abriéndosenos el apetito y de paso íbamos acostumbrando el paladar para futuros brindis.
Pongamos también por caso:
– ¿Qué miras?
– Nada en particular.
– ¿Cómo que nada? Si te estás comiendo con los ojos a aquella con pinta de fulana que está sentada en el taburete rojo de la barra.
– Bueno, la he mirado porque me recuerda a Lara Croft, sin más.
– Sí, seguro…sinvergüenza, asqueroso, paga y vámonos, me dejas en casa que ya no voy a comer a casa de tus amigos y así la próxima vez te cuidas de mirar a toda la que se te ponga por delante con esas excusas baratas de que te recuerdan a ridículos personajes de tus absurdos juegos de ordenador…
Y digo yo, querida amiga, tú que bien sabes de mujeres caprichosas, ¿Qué etiqueta le ponemos a esta conversación que escuché días atrás en la terraza de un bar mientras me beneficiaba un vermut? En fin, que no, que aún no puede ser, que falta sentido común, que el honor y el humor no son eso, que hay mucho despropósito desmelenado en nombre de una libertad mal entendida, que el feminismo es otra cosa, que la prudencia y la mesura, junto con otras lecciones aprendidas desde la más tierna infancia, han caído empicadas por el barranco del mal gusto y otras cosillas, y… que ahí lo dejo, continuará…
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“Mi ruina es mi fortuna”
Thomas Merton

MUJERES versus FEMINISMO

10 marzo, 2019

20190310_095128 …Y no, yo no me tiré a la calle el pasado viernes, no me estrangulé con un pañuelo morado ni me puse el grito de guerra en la garganta tratando de expulsar mis más melancólicos demonios, tampoco carguè la escopeta del tiro incierto contra nada ni contra nadie, ni siquiera me asomé al balcón de los cristales ahumados, aquellos que  tiempo atrás me permitieron ver sin ser vista y tan solo dediqué el día a sacarle brillo a mi conciencia mientras limpiaba mi casa de cabo a rabo, ordenando y reordenando lo que nadie ve pero yo sí.
Olvidar sin cicatrices, desilusiones que son el camino recto y directo hacía un bienestar que se antoja incierto, perder para ganar un rincón propio en el que nadie pronuncie una palabra con malos modales ni desate un nudo de nostalgia cuando tu rostro se derrumbe ante el gesto que ya no expresa más que sin sentido. Me puse a prueba y yo misma me di cuenta, entendí mis razones mientras ahí, afuera, seguía rugiendo la marabunta descolocada y desmelenada cuando se envejece sin previo aviso y las carnes cuelgan, flácidas y deshidratadas, como si de una muñeca de trapo que abandonan a su suerte se tratase.
Tantas veces el castigo de la vida es tan sólo vivir, tantas veces uno va corriendo detrás del tiempo para dejarlo escapar cuando es imposible detenerlo con sólo agarrar su cintura, sin más. Hablar antes de morir no tiene mérito, ¿Qué querrá pronunciar el moribundo cuando balbucea decadentes silabas que nadie entiende en ese último suspiro? El secreto mejor guardado, lo que se lleva debajo de esa última camisa que no tiene bolsillos y amarillea enseguida, en el preciso instante que roza con una piel que ya no vibra con el frío de un lugar donde las sensibilidades pasaron a un plano olvidado.
Nadie me obliga a sentir, nadie quisiera para mí el desdén que supone la violencia de un silencio despreciable que  hace temblar mis piernas a cualquier hora del día, nadie sabe tirar la piedra sin esconder la mano para explicar que no hay que gritar para ser iguales, que el ser humano no puede ser humillado tan sólo por los atributos que descuelga entre sus piernas, que el asco no puede traducirse en vómito porque, a fin de cuentas, todos somos hijos de Dios y la naturaleza se bien se ocupa de perfeccionar nuestro desasosiego sin que nos demos cuenta. Confío en poca medida, desconfío mucho más, la generosidad y el buen hacer parecen no tener cabida más que en una copa de vino que soy capaz de alzar yo sola y brindarme a mí misma cuando no me quedan más recursos que derramar por todo mi cuerpo ese último sorbo que reservé para mojarte los labios.
Y no, querida amiga, yo no me tiré a la calle el pasado viernes, y sé que tú tampoco, ahí estuvimos desandando lo andado y dejando un buen ramo de lirios en medio de esa mesa en la que los libros se confunden con los platos, los platos con las frutas frescas y las frutas con aquel recuerdo  grato y conversado que  acompaña tu soledad y la mía…
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“Su izquierda está bajo mi cabeza, me abraza con la derecha “
del Cantar de los Cantares 2, 8

ARTE sin PARTE

3 marzo, 2019

20190303_114543Paseaba, días atrás, por ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid; llevaba en el bolso un sobre con doscientos mil eurillos de nada, total, “el dinero por castigo”; había decidido comprar alguna cosilla que me recreara aún más la vista  después de haber ganado  la bonoloto semanas antes; y mire usted por donde que me topo de cara con una figura del Rey Don Felipe, perfecta y a tamaño real, rápidamente busqué con la vista a quién me pudiese  informar del asunto,  y, sobre todo, de si la figura estaba a la venta o sólo era un maravilloso homenaje a la Patria, en  esta edición del certamen, visto lo revuelto que está el orden  en  Catalonia land y pensé que de venderse sería una buena pieza  para colocar en el mejor  lugar de mi estudio y  poder  rendirle a diario cierta pleitesía al apuesto  Monarca. Se me acercó un muchacho bastante mal parecido y peor acicalado, por detalle, y me informó de que el precio de la “obra” era de 200.000 Euriles, ¡¡¡qué alegría la mía!!!, era justo de lo que  yo disponía  para  comprar  algo sobre la marcha;  pero después, ¡Ay después!, cuando  le advertí de mi intención, me apuntó que  había una condición “sine qua non” para adquirirlo y ésta era que lo tenía que quemar cuán de ninot fallero se tratase.

   – Ah no, contesté con desahogo y cierta dosis de insolencia- Yo lo quiero para que me haga compañía, contemplarlo a cada momento que me apetezca, brindar frente a  su cara por la salud mental de España y la de todos los españoles y,  si la cosa en el lecho conyugal se pone fea o se me rompe mi sobado oso de peluche,  metérmelo en el otro lado de la cama a modo de muñeco de apego.

      Y no, oye, nada, que no hubo manera de convencer al galerísta  y autor confeso de que yo no quemaría esa figura por muchos motivos, uno de ellos mi gusto por  la Monarquía, otro, y no menos importante, que cómo iba yo a hacer eso con los  doscientosmileuriles que con tanta suerte había ganado en un sorteo, a mí que nunca me toca nada, entre otras cosas porque no juego, y, quizá, entre otras,  porque como soy tan afortunadissssima en amores el azar no me sonríe más que en el Roscón  que siempre, siempre me sale la  haba, o sea, pagar, aunque después la gula y la curiosidad me puedan y me tope con algún pinguinillo o muñequilla de gordos mofletes…

     Total, que no hubo compra aunque no me resistí a preguntarle si por encargo me podía hacer uno igual pero de Doña Leticia y que, por supuesto, no tuviera que quemar, me contestó tajantemente que no, que eso iba en contra de sus principios, que era anti monárquico y bastante misógino. Comprendo -le contesté sin pestañear- y desando suerte y que tuviera buena feria me fui por donde llegué y con los dinerillos intactos en el bolso, o era mi Rey el motivo de la inversión o no era nada. 

      Hoy, ardo en deseos de saber si ha vendido la obra, o si estará haciendo las maletas para   acercarse  por Valencia dentro de unos días para hacerle arder la figura al Rey  sin haber ganado nada más que la pequeña gloria que dura la alegría que me llevé cuando de vuelta al hotel abrí mi bolso y allí estaban los doscientos mil  y yo más contenta que una pascuas; tal fue así que me acicalé un tanto y me presenté en “Chicote” a beneficiarme un Ava Gardner, bueno, fueron dos, uno por ti y otro por mí, y ahí quedó la cosa… Y es que el arte, querida amiga, tiene eso, y la parte tiene más de eso que de Arte. 

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                                   “Mientras reposa  el rey en su lecho, exhala mi nardo su aroma”

                                                                                                                                                                                                            Del    “Cantar de los Cantares, 1,12”

LO que NO se dice…

24 febrero, 2019

lo que no se dice...Aún en el peor de los casos no me suelo arrepentir de lo que digo, pero, ¡ay! amiga, lo que no pronuncio me recorre, quemándome por dentro, como si de un trago de mal aguardiente bebido en ayunas se tratase.   Desconcierto ante quien guarda, calla y ni siquiera otorga, traidor confidente que acecha, sin prisa ni pausa, para vengarse por el capricho no conseguido y con  indecente portazo vomitar la resistencia ahogada que sin dignidad soportaba su resentimiento del cuento de nunca acabar.
Y lo mejor es que con los años uno ya sabe de más y de menos, y casi todo es demasiado previsible cuando el conocimiento del contrario suele ser como la retahíla de un abecedario que se quedó estancado en la Efe mayúscula de, pongamos por caso, cualquier frustración al uso cuando las entendederas, al igual que las neuronas, navegan un poco machacadas por  ese mar de Sargazos que poco tiene que ver con ciencias nobles ni faenas saludables, bien se sabe que el secreto está en la dosis y no siempre ésta es la más justa ni oportuna.
Pongamos por caso la película de cada uno, esa existencia que arrebata años e inevitablemente condena a un ostracismo regodeado en una mentira detrás de otra o medias verdades que al cabo de día pesan y se pasan de rosca como el tapón de esas botellas de mediocre ginebra que a base de ser rellenadas con garrafones de tabernucha regalan indecentes resacas y torpes peroratas llamadas al cansancio frente a quien inventa y repite la aventura del día como si de algo extraordinario se tratase, quemando las horas y pasando  la vida sin que haya quien aguante a su vera más que para pasar de refilón por si la conveniencia fuese necesaria.
Indignidades que en ciertos momentos uno creyó y juró no volver a repetir y “zas”, retoma y redobla la campana del absurdo a modo de lastimera oportunidad como si enmascarase un sacro deseo de perfección mal entendida; anchuras que se han de medir con más sentido común para poder desviar el salivazo de quien se atreve a hablar con la boca llena con tal de hacerse oír mientras el otro calla sin otorgar cuando su fuero interno le grita que salga corriendo; personajes de vida desdichada que morirán sin acertar, creyendo que dieron en diana, porque un día el guiño equivocado se confundió de destino y le dio una pequeña y pasajera satisfacción, mamarrachillos que suelen ignorar la catástrofe que acaban de provocar cuando en un intento de exaltación, casi siempre aliñado, se vienen arriba y arremeten contra lo que se suponía sagrado; gran máxima aquella de “nunca des nada por supuesto” pues el diablo acecha tan bien disfrazado como ubicado, y, aunque tiene su gracia levantar una copa de vino con él, no te fíes de sus artes porque, tarde o pronto, el vagabundo añora volver a dormir bajo el techo de su intemperie o lo que es más entendible “la cabra tira al monte”
En fin, querida, puliendo aristas, y curtiendo heridillas insignificantes… ¿Qué te puedo contar que tú no sepas? Tú, que afortunadamente ni eres cabra ni tiras para el monte…
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“El tiempo, que ni vuelve ni tropieza”
Francisco de Quevedo

VIRUS

10 febrero, 2019

           virusParece ser que este año el virus de la gripe está causando estragos, imagino que ni más ni menos que casi todos los años, aunque de un invierno para otro, por suerte, se nos olvida; de momento no me ha tocado la china, ni la ruleta de la fortuna ha dado vueltas para señalarme en rojo como si de reo de horca se tratase. Esta mañana, apurando el primer café, mientras las luces se van adormeciendo, el sol se coloca y recoloca donde debe, los mirlos se explayan cantando y los gorriones se acercan descarados a recoger su ración de cada día, me viene a la cabeza una utopía imposible, como casi todas las utopías, será que imaginar no me cuesta demasiado esfuerzo, será…
¿Pudiera ser que alguna vez, y aunque fuese tarea de sofisticado laboratorio, se crease un virus del silencio, un bichillo que sea contagioso, muy contagioso y que se instalase por algunas semanas en nuestros pobres y mortales cuerpos haciéndonos cerrar el pico hasta completa recuperación sin necesidad de más antibiótico que un poco de recogimiento, paseos por la naturaleza y cualquier otra cosa que no tenga que ver con el movimiento de lengua y cabeza que tanto descentra la reflexión y zarandea conciencias, pudiera ser…?
Resulta agotador lo que parlotea la gente, quizá ahora, desde mi destierro consentido, mi particular barriga de buey, donde ni truena ni llueve, soy más capaz, y, posiblemente mucho más consciente, cuando me asomo por el asfalto, de la cháchara insoportable que manejan los paseantes, y, por si faltaba poco, la abuela parió teléfonos móviles, tan inteligentes como molestos, que contribuyen a la causa. Las ciudades se están convirtiendo en campos de cultivo para la locura, neurosis imposible para quien trata de acallar su cabeza mientras camina y se arriesga por esas aceras de Dios, cuajadas de patinetes, bicicletas y despistados paseantes, refugiándose en recitar cualquier salmo de aquellos que en su tiempo aprendieron de memoria. Para qué hablar de asomarse por la sala de cualquier museo y recorrer alguna exposición sin toparte con los sabiondos que explican como aquella “maestra ciruela que no sabía leer y puso una escuela” y sólo los callan al contestar llamadas de teléfono haciendo participe, con tono algo más que elevado, al del otro lado de la línea de cualquier historieta que a nadie importa.
El mal del siglo ya lo llaman, desbancando a aquellas epidemias que hacían “hincar el pico a más de uno y más de dos, el lujo mejor pagado también imposible en cualquier sala de cine donde poder recrearte en alguna película sin oír los chasquidos de las puñeteras palomitas, los sorbetones a la pajita del refresco y los destellos de la luz de las pantallas de quien no puede pasar dos horas sin contarle a su prima la ultima novedad que le ronda por la cabeza.
En fin, que los dogmas ya no son lo que eran, los orgullos se han tornado banderas, los sueños, quimeras tan imposibles que hay días que lo mejor es alzar, como siempre, con gusto, una copa de buen vino y apurarla poco a poco, en silencio, sin reproches ni rencores, sin sobresaltos ni agravios, sin prisa ni pausa, con el fuego acariciando la cara y los animales rodeando la estancia sin más miedo que el que procura que, probablemente, al día siguiente, inevitablemente, haya que asomar la nariz a esa jungla que poco arreglo y compostura tiene…

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                                                           “…Y oyendo en tus ojos y no en tus palabras…”
Julia de Burgos, Poemas

SURSUM CORDA

3 febrero, 2019

Sursum corda        Arriba los corazones, sí, arriba el ánimo, arriba la alegría, los buenos deseos, las mejores intenciones, la compasión, la ternura, el desinterés, la compañía por el gusto de estar, la palabra grata, el abrazo que reconforta, la sonrisa complaciente.       Cansancio, sí, demasiado cansancio de tanto despropósito, un agravio detrás de otro, un entorno, lo mires por donde lo mires, cuajado de zancadillas, trampas que hacen del ser humano un torpe animal herido sin saber por qué. ¿Dónde estará el limite que marca la línea del sueño, posible o imposible, para el que fuimos creados? Imagen y semejanza de un Dios que no debe acertar a comprender qué pasa, qué ronda por nuestras cabeza para que el desasimiento no sea posible; miedo al “cerrado por vacaciones” aunque al mes de Agosto aún le quede un buen trecho para asomarse, miedo a una soledad que tantas veces es la única opción posible con tal de no rozar la locura y el descontrol con que  tropiezas cuando asomas la cara a esa jungla inquieta, nido de carroña, de ahí afuera, cuna de la sinvergonzonería que no tiene excusa ni justificación por más alto de miras que parezca su propósito.
Secretos que apenas reconfortan, manos templadas que entrelazan los dedos en un abrir y cerrar de ojos cuando cae la tarde y el silencio se convierte en el mejor aliado, fiel amigo con quien alzar una copa de vino que no requiere brindis ni escucha, extraño brillo en unos ojos que vuelcan melancolía aunque sean incapaces de derramar una sola lágrima, notas de entonces, escritas con una tinta que no se lee demasiado bien después de que la fragilidad de un carácter haya dejado paso al abandono mejor cuidado.
Enfados que no conducen a nada, evidencias de un miedo que respeta ausencias y se revela con el tiempo que, como impecable y fiel amigo, no se casa ni siquiera con la más fea, soberbia que puede con los hombres, discursos cuajados del gusto por creerse casi divinos, convertir lo efímero en algo imperecedero, suerte, la suerte del que no apostando a casi nada anhela con un premio que difícilmente puede alcanzar, heridas que de tanto ser lamidas se han enamorado de si mismas y no terminan de cerrar, la cicatriz no tiene cabida entre esos dedos curtidos por el trabajo del día a día, esfuerzo repetitivo que compensa, que no se ausenta, que repone fuerzas, reflexión que demanda silencios, silencios que demandan utopías, utopías que demandan sueños, sueños que no demandan casi nada, si acaso una bienvenida al lugar donde los felpudos sirven para algo más que sacudirse el barro de los zapatos.
Y es que cuando habla el corazón todo lo demás debe callar, tiempo de risas que dejan que la vida decida por ellas, perfecciones dibujadas en el ahora o nunca, cuadros sin terminar, a la espera de una nueva y pronta remesa de colores, hechos y deshechos, que poca importancia cobran cuando uno se da cuenta que nada, apenas nada, tiene la importancia suficiente como para sucumbir al enfado: SURSUM CORDA…

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                                                  “Ceniza como en vez de pan, mezclo mi bebida con lágrimas”
Del Salmo 102, 10-11

AL RINCÓN de siempre

27 enero, 2019

20190127_103143[1232]           Días atrás me asomé al centro, no tuve más remedio, y, mientras hacía hora para no sé qué, me resguardé en el café de siempre, y, allí, en el velador de siempre, estaban ellos, como siempre a esa hora, y, como siempre, me senté cerca, en la mesa de al lado; no se percataron de mi presencia, será verdad eso de que con los años uno se vuelve casi invisible…El camarero de siempre y lo de siempre, un cortado con la leche hirviendo. Esta vez no disimulé agazapándome tras el periódico, ni siquiera oculté la mirada al otro lado de las gafas de sol, estaba nublado y empezaba a chispear, tenía más de media hora de espera; ellos, uno frente al otro, como siempre, cada uno con una taza grande delante, probablemente trabajan cerca y es en la hora del desayuno en la que cada mañana coinciden, quizá no vivan juntos, quizá sólo sean amantes clandestinos, quizá su escapada sea cita furtiva a costa de cualquier excusa -pensé-.
Hablaban y hablaban, con cierto disimulo acerqué un poco más la silla, y, como siempre, atendí a lo que les ocupaba hoy; él le comentaba que había dejado de usar la Nespresso que ella le regaló el año pasado, que, aunque era rápida, había leído que las capsulas tardaban mucho tiempo en reciclarse y eran altamente contaminantes, que había vuelto a su querida cafetera italiana de siempre, la de sus largas noches de estudio, y que mientras se afeitaba, tiempo suficiente para que el café subiese, le encantaba recrearse con el aroma que embriagaba toda la casa y que, incluso, cuando volvía al mediodía el olor lo recibía como de bofetón nada más abrir la puerta. Bastó un segundo para que ella respondiese, como si en la lengua tuviese un muelle, y contradecirlo, como siempre, argumentándole que para un solo café era un gasto innecesario arrancar la vitrocerámica, bastó eso para que, como siempre, se enredaran en una absurda discusión de la que me tuve que contener y morderme la lengua para no intervenir, no en vano tenía gana de un rato de charla, llevaba días sin apenas hablar con nadie, allí, en ese lugar al que me retiré, no es difícil que corran los días y sólo cruce alguna palabra cordial y cotidiana con el panadero que cada mañana acude puntual en su furgoneta de reparto a la diez menos veinte, ni un minuto más ni un segundo menos, eso contando con que no le deje la bolsa colgada en un gancho de la puerta y me deje una barra, como siempre.
Y mis desconocidos amigos siguieron discutiendo, él parecía ser hombre de discurso más bien largo, argumentaba, ella, de verbo corto y afilado, casi siempre con doble o triple intención, hiriente, diría yo. Apuré el cortado, pagué y me fui por donde había venido. La calle seguía ruidosa, la gente caminaba rápido, mirando la pantalla del teléfono móvil, llegué puntual, como siempre, a la cita, firmé un par de cosas, sin ni siquiera leerlas, de esas tan inútiles como necesarias, y, como alma que huye del diablo, volví al lugar de siempre, como siempre, siempre, siempre…

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                           “Tanto me atormentaba con el mundo, que comencé a imaginar refranes”
Jan Skácel

A PROPÓSITO de…

20 enero, 2019

a propósito deTiempos revueltos, demasiado revueltos, como si navegásemos en mares de extremados vaivenes, marejadas que no descansan ni terminan de dormir tranquilas en las faldas de cualquier orilla o recogidas a la entrada de algún puerto de conquista, reconquista, o eso que añora la calma de quién no pretende más emociones que las justas y más agitados despertares que los que regalan las fantasías nocturnas con nombre de sueño encantado.
                ¿Qué corre por la mente de quién gritando se “tira a la calle”,  mientras enarbola la bandera de un rasero malentendido,  vomitando agrio desprecio hacía cualquier criatura que entre las piernas perfile colgantes atributos ?    Se siente odio, visceral, demasiado calculado hacia el extremo de quien pudiera ser nuestro Padre, nuestros hermanos, hijos, compañeros, amigos o simplemente amantes. Y entre ese “totum revolutum” me surge la desconfianza de que a cualquier actitud con cierto requiebro de formas se le tilde de machismo, circunstancias encapsuladas en algunas conciencias  deformadas desde cualquier extravagancia que se hace licita en nombre de una modernidad que raya más el absurdo que la buena voluntad de sabernos lo que somos, al fin y al cabo hijos de Dios y de ese universo que no se engaña ni juega al escondite con un verbo que cansa más que desconcierta.
                Porque no es machista el macho sólo por ser hombre, ni mucho menos; me he topado, y ya llevo algún tiempo dando bandazos por este mundo, con “damiselas” de actitudes mucho más tremendas hacia con quien ellas caminan que la de cualquier hombre, excluyendo, faltaría más, esta ola de crímenes que nos invade y nos atormenta, que todo este saco de despropósitos que ahora se les quiere regalar tan gratuitamente al hombre sólo por serlo; y no, lo siento por si alguien se molesta, yo también lo estoy y bastante, y hasta ahí si que llegan las posturas extremas, tiranas y dictatoriales de muchas que, a la chita callando, y, sin callar, hacen de la existencia un duelo con el único fin de cargarse al contrario como sea, y he visto hombres derrotados, muchos, hundidos, llorando por cualquier rincón con la amargura de tener que tragarse aquello de “los hombres no lloran” porque la vida les regaló una condición  que con el revoloteo de estas mariposas, que ya resultan insufribles, se ha decidido estigmatizarlos como si de apestados seres pendientes de corredor de la muerte se tratase.
           Discúlpenme las extremistas de la causa, insoportables chicas de mareas imposibles, las que se sacan las tetas para algo más que amamantar a sus hijos y sin pudor ninguno se encaraman a los altares como si estuvieran poseídas, sin más respeto que el tildado por un feminismo muy mal entendido, una conciencia retrograda y reprimida y, sobre todo, un sentido común herido de muerte cuando no se sabe gestionar la libertad que puede regalar, y regala, alzar una copa de vino y brindar acariciándose los ojos sin más interés ni más intención que la de disfrutar de una vida que, aunque corta, es ancha, y en la que no deberíamos de enzarzarnos en estas batallas medievales antes de tratar que desde el principio, muy al principio, la educación de la conciencia afinase un poco más en la dirección exacta.
                                                             

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                                “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”
                                                                                 Simone de Beauvoir