SEÑALES

9 julio, 2017

IMG_6912Guiños al aire, tiempo de espera, anhelos truncados bajo la trampa de la más limpia ilusión, círculos viciados y viciosos que enmascaran desidia, costumbre ajena y añeja de lo que pudo ser fácil y complicó la existencia; algo parecido a esas extrañas tormentas de verano, a veces inesperadas, otras demasiado previsibles,  tan ridículas como esas carantoñas que se regalan los enamorados mientras deshojan margaritas.

Y todo se desmonta, las sillas vuelan, los jardines se descomponen, las baldosas de las terrazas, que instantes antes relucían, se tornan parduscas, como ajadas por el polvillo del desierto, y los minutos de viento arremolinado y gruesos goterones de lluvia corren como el cuento de nunca acabar.

¿Quién entiende el cambio después de esos tórridos días en los que el sol apretaba las gargantas, humedecía la frente y acortaba las horas de descanso porque era imposible conciliar el sueño tras salir el sol?

¿Quién entiende casi nada cuando la vida es tan simple como el suceder de estaciones que vuelan, corren y saltan raudas al ritmo de las hojas de ese calendario rotulado desde la esperanza y tachado a diario por la incertidumbre que dejaron las horas, arrinconadas por los años, sin saber bien que significa la pena o la gloria?

Señales y no de humo, la presencia, una ausencia que alza el gesto sagrado que tantas veces ablandó emociones delante del altar en el que uno prometió un “para siempre” que después se desbarró calle abajo, señales que se han grabado en la piel como aquel tatuaje olvidado que, aunque ya descolorido, aún redondea la letra que en su día tuvo más valor que el “amor de madre” de esos legionarios a los que no les importaba que la muerte les alcanzara  mientras defendían lo suyo; señales inequívocas de que la virtud siempre tiene cierto grado de heroísmo aunque no lo parezca y nadie lo aprecie, señales de gente elegante, integra, capaz, sensata, calmada, valiente y fiel que, aunque se vista con harapos, en su forma de cruzar las calles o de vivir el amor con más ilusión que miedo, se delata.

Señales, al fin y al cabo la vida no deja de enviar señales, y bien sabe Dios que sólo hay que estar atento…

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                                                 “Debajo de la ira siempre hay dolor”

                                                   Eckhart Tolle, del Poder del Ahora

 

 

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VISIBLEMENTE

2 julio, 2017

IMG_6737Sin miedo, sin el insensato prejuicio que supone una desafortunada vuelta de tuerca a las entretelas de la conciencia, sin el resentimiento que amarga a esa soledad instalada en una esquina de aristas impropias, sin la falsa modestia de quien no atina a conducir su vida mientras se entretiene ondeando la horma de una bandera a la par que condena las caricias soñadas a un panal de amarga miel, sin inseguridades que torturen el entendimiento y ajen la piel a fuerza de arroparla bajo sayales inapropiados para el tiempo que corre, sin censura que lastime una fervorosa genuflexión ante el altar o se mofe del beso que, como lanzado al aire, uno regala cada mañana a quien comparte su lecho, sin dioses de barro con pedestales endebles que a la menor brisilla deshacen su figura ante la incuestionable realidad de que Dios sólo hay uno, sin talantes ni talentos de épocas en los que el velo era condición  para pisar un templo, sin arañazos que escuecen y no tendrían por qué, sin ilusiones lapidadas ante el despropósito de la palabra que confunde y la murmuración que humilla, sin tiempo de mirar atrás cuando el cuello, ya cansado de ausencias, rinde pleitesía a lo que está por llegar, sin copas de vino derramadas al azar tratando de ahogar penas que hoy no tienen nombre ni apellidos, sin cuerdas anudadas en tobillos magullados por la insolencia de un poema anónimo, sin noches recortadas por la angustia de un insomnio que hace temblar las piernas en el preciso instante del descanso, sin cartas marcadas en las esquinas pretendiendo hacer trampa aunque se trate de cualquier juego solitario que intenta matar, como sea, las horas de añoranza, sin prisa, sin pausa, sin ese poso de melancolía que antaño dejaban las resacas del exceso, sin culpa, sin banalidad taciturna, visiblemente borracho de tanto talento…

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                                                          “La razón no tiene nada que hacer en lo eterno”

                                                                                       Elena Fortún

 

RISAS

25 junio, 2017

IMG_6644Risas que abren candados y desentumecen músculos de existencia olvidada, aniquilados hoy por aquel uso y desuso en una rutina ya silenciosa.

Alarmas que saltan en el momento preciso ante la desesperación de cualquier pajarillo herido que revoloteando torpe intenta levantar sus maltrechas alas para salvarse de la quema. Carcajadas que abren bocas y dulcifican conciencias, sueños perdidos, almas encontradas y manos recuperadas después de las caricias dormidas en aquel pasado que se antoja tan lejano.

Dios quiso hacerlo y supo, como tantas veces, elegir el momento oportuno, regalarme, sin coste adicional ni necesidad de desgarros, la llave que, bien y a su amor, entra en la cerradura de un entendimiento que empezaba a oxidarse.

Risas que fueron suspiros y ya no se acuerdan de aquello más que lo justo, lágrimas que hoy afloran sólo cuando se saben necesarias, esperas que el ansia de la inmediatez no consigue minar ante el deseo de abrazar una fortuna cierta; y sigo, intentando abrir el camino preciso, el instante sagrado de aquello que por respeto no fui capaz de emborronar ni con el más blando carboncillo que tenía arrumbado por aquel estudio  que dejó de oler a rancio cuando los dibujos volvieron a ocupar su lugar.

Y un tiempo que no juzga con tal de no irritar a esas sensibilidades capaces de hablar de cualquier cosa sin avergonzarse más que de lo que dejaron en el olvido; y un virus que  durmió a fuerza de una paciencia que se torna  resignación cuando uno bien entiende que las fuerzas a veces flaquean; y un miedo que lucha para no afianzarse en las entretelas del Padrenuestro que cada noche sigo rezando antes de cerrar los ojos, y una gratitud continua por cada día en el momento exacto que la noche empieza a esconderse y las primeras luces se asoman desde el fondo confundidas con una línea que bien sé es infranqueable.

Sigo, vuelvo y recojo las risas, las carcajadas que tantas veces no tienen razón de ser pero reconfortan el alma. Y en eso estoy…

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                      “La mayor parte de los problemas están arraigados en la amargura”

                                                                             Thomas Merton

RINCONES

18 junio, 2017

IMG_6540Esquinas en las que se arremolina un polvo que por mucho que se barra no desparece sino con el tiempo. Rincones del alma, basurilla acumulada como incipiente sarro difícil de arrancar si uno se abandona a la desidia.

Y después de sanear rincones me siento sin prisa a escribir en la mesa de la cocina, hago como Murakami cuando decidió dedicarse a ello y, tras emplearse en trabajos poco valorados, pudo hacer sólo eso.

Un par de cafés para despertar la conciencia, un calor que atolondra los sentidos y desata rancias emociones que parecían tranquilas; el anonimato de un extrarradio revalorizado y el esfuerzo de buscar ante todo la honestidad, aunque ello suene a música celestial y provoque carcajadas, me ocupan buena parte del tiempo.

Recuerdos medio deshechos, como  camas  que se niegan a  ser cortejadas por mesitas de noche en las que se colocaba de todo hasta que un día decides sanearlas y que el lecho sólo sea un lugar para descansar, dormir o amar.

Preciosos y precisos espacios iluminados con luz natural y en los que, aunque apenas se vea, ahora puedo estar a gusto a cualquier hora del día sin necesidad de pulsar un interruptor.

Imagino floristerías que no duerman y permanezcan, en un alarde de romanticismo, veinticuatro horas del día abiertas por si alguien desea enviar flores a cualquier hora, al uso o en desuso regalar un ramo sigue siendo una buena costumbre y un delicado detalle de cualquier cosa.

Ahuyentar al miedo, miedo a las sombras, al silencio que se instala entre cuerpos desarmados tras el inapropiado insulto, miedo a rodar por esas escaleras que conducen al sótano de los despropósitos cuando uno ha perdido la estabilidad desgastándose en historias tan absurdas como el cuento de nunca acabar.

Basura que se acumuló, y, que tras el ultimo adiós, queda para quién no se va, limpiezas necesarias, cajones medio vacíos que permiten encontrar lo que se busca apenas con un golpe de vista sin necesidad de revolver nada, y bodegas de nuevo repletas de buen vino para derramarlo conversando, soñando, anhelando, y brindando por lo que ni se sabe.

Rincones que esperan sueños alegres y buenos deseos exterminados tras los restos del naufragio por ese diablo que cuando acepta que Dios existe pierde la fuerza que las torpes pasiones tan gratuitamente le regalaron.

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                                                                      “El lenguaje silencioso engendra fuego”

                                                                        Alejandra Pizarnik

 

…LO QUE BIEN ACABA

11 junio, 2017

 

IMG_6431Y uno escribe de lo que le acontece sin recurrir a la imaginación más que para disfrazar las palabras, tantas veces prohibidas, que, rozando lo clandestino, se alían con el miedo como si de una rutinaria costumbre se tratase. Días de obligado reposo, un virus, cuyo nombre siempre recordaré, se acomodó por mis entretelas, abandono entre sábanas humedecidas por un sudor que sin entender de dignidades ni rencores añoraba una mano que le tentase la frente por si la fiebre desbordaba al entendimiento o un temblor cualquiera pudiera sucumbir a una tristeza explicable.

…Y los días corrieron tan a favor del viento como de mi recuperación mientras apenas sucedía nada, mientras el tiempo se paralizaba, cuajado, en una incertidumbre que exigía decisiones; lágrimas disimuladas en una trabazón de garganta que estrujaba una memoria amenazada con desempolvar la lista de agravios nunca recitada; improperios deslavazados, un sueño, la inquietud de pensar que siempre hay un punto y final para el cuento que no empezó con aquel “erase una vez…”  que ya tan lejano queda.

Y las fuerzas vuelven, y la ilusión, entonces desvanecida, se hace hueco y retoma su lugar, ese que nunca debió ceder al antojo de una amargura que buceaba por dentro, pues la tristeza, al igual que el sorbete de mojito, ya no se lleva, al menos este verano no; hagamos sopas de letras, estiremos las arrugas que acumularon el frío del pasado invierno, cuerpos al sol, caricias soñadas, besos con principio y sin fin, imaginación, anhelos que despegan con fuerza desde la posición horizontal, cordoncillos largos al cuello de los que no se sabe muy bien que cuelga hasta que en un golpe de osadía alguien se atreva sin pudor a tirar de ellos hacía arriba hasta desvelar el secreto que no tiene candados.

A fin de cuentas no es tan difícil quererse bien, entregarse sin reservas, beber del mismo cáliz sin miedo al contagio, callar después de haber hablado de más, descubrir los matices del color negro, que los tiene, aunque aparezcan tan escondidos, caminar sin más, sólo por el gusto de dar un paseo, cantar y desafinar sin que eso suponga un problema ni una molestia con queja al alza, dormir siestas hasta que el cuerpo, embriagado de sueño, demande cualquier jugo que acalore los sentidos.

Reposo obligado que toca a su fin, ciclos que se cierran, buenos deseos, los mejores, y calma, mucha calma para no meter la pata más que lo justo y necesario…

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“Para conocer la calidad del vino no hay necesidad de beberse todo el barril”

                                                                                 Oscar Wilde

OBLIGADO REPOSO

4 junio, 2017

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En estos días de obligado reposo, que poca cabeza tengo para contar,  me entretengo jugando con las palabras, hilvanando algún Haiku que otro bajo las entretelas  de unas sábanas arrugadas por el vaivén del uso  y el desuso. Vendrán tiempos mejores…

” no desesperan,

en forzada ausencia,

 aquellos besos”

 

 

IMG_6179Actos de amor sin reconocimiento alguno, pretensiones que se satisfacen de cualquier modo, fragilidad que se muestra torpe cuando argumenta sobre las heridas de guerra, miedos que desaparecen al olvidarme de mí cuando entrego  una risa que se pierde y bucea por dentro; capacidades innatas de las que nunca desconfío, sueños perdidos, noches de imaginaria y tardes que se hacen eternas navegando entre el desasosiego y la incertidumbre que provoca su lejanía.

Volví al sitio, el mismo café, el velador de siempre, lo de siempre, un cortado con la leche muy caliente, y alrededor del ruido truncado las manos que esperan ansiosas entrelazarse, un tiempo que no es de olvido y sí de añoranza, la convalecencia del beso ahogado tantas veces me desespera y otras me recrea entre el sopor y el recuerdo mientras cada mañana me regala un traidor golpe de vista para no perder el punto de referencia que tanto incomoda.

Nadar a contracorriente para morir en la orilla no tiene sentido; valentía, fuerza que se desgasta, no es el mejor momento para la poesía,   añoro sus brazos y las noches que, inmóviles, sucumbían al deseo mientras las emociones necesitaban tiempo y un lugar preciso para recuperarse. Espacios para descansar, lienzos manchados que recobran sentido con apenas un brochazo y un suspiro, prudencia para no distraer al absurdo dogmatismo de un consuelo resignado, fe que reconforta, castidad malentendida y claroscuros, demasiados claroscuros en espacios donde sólo se respira nostalgia.

                                                                     .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

                                                            “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”

                                                                                                                         Arquímedes.

IMG_6106Tantas veces el juego del amor se trunca apenas empezada la partida, y la desesperanza, sobresaltada, ahueca el ala ante el remordimiento de los pecados consentidos. Progresar no es romper, la vida no entiende de actualidades que conformen o confirmen el destino de quien valora la felicidad como si de un logro académico se tratase.

Relaciones fruto de un destino incierto, traiciones esperadas, ya imaginadas en el primer boceto que emborronó el lienzo que con una caricia tímida se asomaba al abismo de la impotencia.

Gratitud, siempre gratitud, a esa luz natural que redondea o alarga las formas del deseo y desdibuja la paciencia que no supone más distancia que la de un mar embravecido que poco entiende de calma mientras los amantes, instalados en un desprecio tan vulgar como  el monólogo de quien no comparte una copa de vino, se atreven a entretener la mirada en un horizonte ayer desdibujado.

Te avisé de mis costumbres, dediqué tiempo a explicarte que el miedo juega con mi alma como si de un recortable mal troquelado se tratase, te canté al oído coplillas inventadas con tal de que no imaginases más allá de lo que supone el cotidiano vivir, esperé sin prisa mientras desperezabas tu sueño y abrías poco a poco esos ojillos que, estorbados por secas legañas, querían ver a más allá de la evidencia; me quedé casi sin fuerzas y no lo lamento; hoy, cualquier señal valdría, un guiño, aunque torpe, un silbido en la madrugada, una nota bajo la almohada o, por qué no, un ahogado suspiro de añoranza  cuando los besos vuelvan a ser motivo de alegría.

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“Domus Dei a sapientibus sapienter administretur”

                                               de la regla de San Benito.

 

POR UN BESO TUYO…

7 mayo, 2017

 

IMG_6075La modorra trajo décimas, las décimas fueron fiebre, la fiebre era un bicho, el bicho, con nombre que endulza el sabor de un diagnóstico esperado, se hizo virus y el virus era beso o el beso se hizo virus, ya da lo mismo.

Preciso es conocer ocultos y secretos vicios para saborear con gusto algunos placeres, y, paradojas de la vida, que en épocas de marea baja, cuando el barco más tranquilo parece navegar hacía no sé sabe muy bien que sitio, encalla torpemente ante cualquier iceberg dormido y la nave reclama descanso, atracar en puerto seguro, recomponer cubierta, zurcir velas, cambiar cuerdas y enjuagar a fondo rincones que nadie ve.

Quien no tiene pasado es incapaz de irritar a su sensibilidad sin avergonzarse, quien no esconde algún secreto, por nimio que éste sea, no sabe del encanto de la incertidumbre ante una confidencia traicionada, quien no ha derretido sus labios a base de roces furtivos no puede comprender lo que esconden los besos cuajados de deseo; quien no se ha mordido los bordes de la boca mientras dibujaba la sonrisa del otro en el cuaderno de los bocetos inacabados nunca entenderá que aunque la distancia es lo de menos duele como lo que más.

Impulsos que no son ni buenos ni malos, existencias que concuerdan con la palabra pronunciada, quizá si te hubiera mirado a la cara en aquel instante me hubiera dado cuenta de todo, pero preferí recrearme en tus labios mientras el silencio, el tuyo y el mío, da igual, era confesión, deseo que nos alimenta mientras la impotencia supera a la rabia, la rabia a la incertidumbre, la incertidumbre a la pasión y la pasión, guerrero sin piedad, intenta aniquilar una estúpida rutina.

Con virus o sin ellos no te dejaré sin besos…

                                                                     .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

                                     “La felicidad se logra con pequeñas cosas que ocurren todos los días”

                                                                                                     B.Franklin

DEO VOLENTE

30 abril, 2017

IMG_6040De pronto, un día, por ese arte de birlibirloque que tantas veces parece más un acto de fe que del cotidiano vivir, empiezas a no dar nada por supuesto, y de pronto, otro día, o ese mismo, una fiebre esperada te regala un virus sin nombre que se te instala, cuán ocupa ingrato, y casi deliras como rozando aquel espejismo que regalaban los castos besos de juventud. Y empieza el cansancio, y algunos dicen que uno se vuelve más conservador y se arraiga a lo de tantas veces, a lo de siempre, y engancha, como Dios le da a entender, el carro de su existencia a unos valores que sin estar en alza reconfortan una rebeldía agotada de explicarse.

La impotencia, tu rabia, la mía, la de éste, aquel y el otro, la astucia desmesurada de quien por conseguir lo inalcanzable es capaz de mudar la piel y hacer de su sombra un “alter ego” prestado con la vileza del  que suplanta tu risa.

¿Y qué será de aquella palabra lanzada al viento que sólo pretendía ahogarse en una copa de vino casi siempre derramada a propósito, y  de aquella ingenuidad que, a base de distancia y freno, mostró la evidencia mientras esperaba la “bienvenida de los cigarrones” que proporciona el abandono?

Y sí, ¿Por qué no beber de la fe del carbonero, esa que no necesita entender ni razonar, tampoco explicar, esa que cree, como quien ama, sin más.

Amigos del sinsentido, ridiculeces que intentan parecer rompedoras dibujando posturas anti cualquier cosa, proponiendo y confundiendo, mezclando imposibles, y, perdonen que no me levante hoy, estoy con décimas, pero que el primer domingo de Mayo, el del día de la Madre, el de toda la vida, porque, a pesar de cualquier pesar, madre no hay más que una y a ti te encontré en la puta calle, con perdón, se quiera sustituir o compartir con el día de la visibilidad lésbica, pues…en fin, y mire usted quién escribe, pero no, hay cosas que no, a pesar de aquel que, no exento de razón, decía que hay que ser absolutamente moderno, y sí, también, claro que sí, oiga, que no me tengo por carca, que también me salté y me sigo saltando normas y peinetas y vivo riéndome de mi sombra, pero en la vida el camino andado van haciendo su trabajo y no se puede volver la cara con tal de no ver.

Queda tanto y a la vez tan poco por entender que no tiene horas el día para el recreo aunque uno duerma lo justo, mejor los silencios en pasillos largos, pues para qué decir si he comprendido que lo de hoy mañana puede que no sea más que una bola de humo capaz de confundir a cualquiera; como aquel viajero Inglés, con pinta de Lord arruinado ,que, interesado en no sé qué de Santa Teresa, se dejó caer por Castilla en un Citroen “dos caballos” buscándose la vida vendiendo niebla de Londres en botes de cristal, eso sí, envasada al vacío, y lo mejor, o lo peor, la gente, no sólo se lo creía, sino que cada día agotaba mercancía.

Que sea lo que Dios quiera…

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“El artista no es una clase especial de ser humano, pero todo ser humano es una clase especial de artista”

                                                                                           Eric Gill