MENTIRIJILLAS al uso

10 diciembre, 2017

pictureC_1_20171210115650319…Y un día cualquiera, cuando las esfervescencias del corazón tocan a su fin y la ambición de felicidad no es más que un espejismo de aquellos cuentos que te invitaban a imaginar antes de que tus sentidos tuviesen mayoría de edad y la vida te hubiese enseñado que “casi todo era otra cosa”, te das cuenta de que las noches de respiraciones compartidas en algún momento tocan a su fin, que disfrutar de una lengua sana y sabrosa es privilegio de pocos, que las circunstancias, tantas veces, se vuelven consecuencias que caminan contigo, a tu lado, o detrás, y eso importa poco.

     Enredarse en discursos imposibles suele ser aburrido cuando las palabras ya son mucho más que cansancio y los vinos que no se compartieron nunca tendrán camino de retorno porque el tiempo vuela, los momentos se consumen casi a la par que uno cuando decide dejarse la piel en cualquier causa por añeja o absurda que parezca. Sobrevalorar la verdad ya no es cuestión de honra, en la mentirijilla que acentúa palabras incoherentes  se puede encontrar escrito el poema más bonito y tierno que uno nunca imaginó pudiese salir de su pluma, mucho menos de sus labios, imposible de su corazón. -Miénteme, que no me importa, le decía ella con aquellos ojillos de cachorro abandonado con que solía pedirle las cosas que, por ese impronunciable pudor, era incapaz de sugerir; y sin tregua, tampoco prisa, su contrario accedía con gusto a esas exigencias desarmadas en noches de interminable duermevela ya tan habituales.

     Anuncia la radio un no sé qué con nombre de mujer, se me antoja joven, que se acerca por el norte de la península, se acerca y no quiero creérmelo porque tantas veces casi todo es mentira, falsa alarma que mueve los hilos de una barca llena de adormecidas ilusiones que navega mar adentro a pesar de que el naufragio y la deriva están casi aseguradas. Tanta verdad abruma, excesiva realidad que empaña ilusiones, sueños que pudieran parecer imposibles, amores que se descarnan cuando la distancia atenta sin misericordia ante la promesa más fiel que en su tiempo uno fue capaz de pronunciar desde el respeto y la holgazanería.

     Habrá que ponerse a buen resguardo, encender el fuego y hacer acopio de leña por si acaso fuese verdad que vienen Ana, no quisiera Dios cogernos sin confesar y con la bodega vacía…por lo demás las puertas de esta casa están abiertas para ella.

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                                                                           “ El arte es una herida hecha luz”

                                                                                     George Braque

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TOCA ESPERAR…

3 diciembre, 2017

 

     20171130_170903Tomarse a uno mismo en serio no debe de ser sano, vomitar algún indecente piropo que otro en nombre del amor, pronunciado con la boca cerrada por de lo que pudo haber sido y no fue, se antoja tan incómodo como cualquier resacosa mañana que pasa facturilla por exceso de vino y rosas. El mundo suele ser muy ridículo, ya lo sabemos, pensar no está de moda a pesar de que el cerebro se empeña en recrear actitudes descuadradas y comportamientos que, aún en el mejor de los casos, lo único que enseñan es que casi todo el mundo tiene una pincelada trágica en algún punto de su existencia.

     Días en los que salir de la cama supone mucho más que un acto heroico, un pensamiento cauteloso y mucho cuidado con lo que nos llevamos a la cabeza pues puede ser bastante más nocivo que un trozo de bizcocho de apariencia sabrosa aderezado con miel amarga por cualquier insurrecto que juega al despecho desde que supo que con pocos meses de vida somos capaces de hacer algún que otro nimio cálculo matemático aunque aún ni siquiera gateemos.

       La añoranza es un engaño que a modo de combustible  recorre espacios huecos que  resuenan como eco de valles encantados imposibles de dibujar en el cuaderno de los despropósitos. Quisiera que ciertos momentos de debilidad fuesen ya una rareza, una extravagancia cualquiera que sólo me sucediese alguna mañana que otra después de abrir el balcón del dormitorio para que el airecillo ventilase las sábanas, quisiera, como ese conocer los puntos débile de una salud con la que uno convive perfectamente como si de un mal amante se tratase, que nunca ocurriese nada más que el imprevisto de unas décimas de fiebre a destiempo, quisiera no tener que atravesar casi a diario ese Cabo de Hornos que tan difícil hace la faena al navegante que se empeña en no bordear el mapa por si acaso en algún momento “suena la flauta” y el desatino se torna encanto, quisiera una simplicidad capaz de espantar los fantasmas del miedo a la noche y no tener que oír juicios de valor gratuitos, quisiera, y sin graves consecuencias,  poder cortarle la lengua a quién sin ser invitado se apunta el tanto del comensal ocurrente que sin tiempo ni ocurrencia opina del “síndrome del corazón roto” como ensalzando una miseria que no va con él, quisiera, de pequeña, haberme caído de la bicicleta y ahora poder escribir un cuento explicándome porqué me interesan tanto las “afueras de Dios”, quisiera merecerme que nadie me haga trampa jugando con la baraja de la vida, quisiera…pero de momento creo que me toca esperar.

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                                                          “La desesperación es la madre de la poesía”

                                                             Leonard Cohen

DE OBRILLAS y otros polvorones

26 noviembre, 2017

 

20171110_145708   No siempre obras son amores ni buenas razones, no siempre, y mucho menos si las obras no son de las que habla el corazón sino de una reforma, al gusto, que se te ocurre hacer en tu casa cualquier indecente noche de asueto. Dicen eso de que el que se mete en obra o está loco o el dinero le sobra, pues para mí las dos cosas, probablemente me deben de patinar algunas neuronas, y el dinero…será que como lo tengo por castigo me entretengo en desparramarlo, doblo la raspa, como cualquier mortal, cada mañana desde antes que salga el sol y me afano hace ya un par de días, limpia que te limpia, para tratar de recomponer el puzzle que en estas cinco semanas, cinco, se ha descompuesto cuán imberbe adolescente que se engatusa con la melancolía propia de un tonto amorcete de verano.

     Y tras el “maremorum” resulta que uno se siente medianamente satisfecho después de haber desplumado la hucha del ahorro para el viaje a Paris, limpiado hasta entrada la noche y retorcido bayeta tras bayeta, eso sí, a golpe de buen humor a pesar de que  las cincuentonas bisagras ya no están para muchos tutes en este tipo de intendencias.

     Y entre escoba y fregona me vienen a la cabeza algunos buenos deseos, algún grato pensamiento de esos, ideillas de quién presume de saber más de lo que dice, algún pretexto necesario que no justifique cualquier error, mucho menos un fracaso de tantos, y algún que otro suspiro al aire ante una costumbre que, a poco andar, empieza a convertirse en camisa de hierro.

     Balance al momento, lágrima fácil y corazón de piedra tras un anhelo casi borrado a base de desencanto, de un añorado reposo que no pudo completarse porque los días corren y los gajes del oficio no saben de espera ni entienden de virus; fallos de una conciencia que no deja de hilar fino y promete aniquilar gusanos que entorpecen, bichuchos incómodos que no terminan de salir de un cuerpo que ha decidido derribar de un manotazo la trampa que genera la compasión y el falso amor que nada entre la repugnancia y el asco que regala el ácido sabor de la venganza.

       Acaramelamientos disfrazados de buenos propósitos con los que el mundo sabe seducir y seduce, penurias compartidas, insultos permitidos en nombre de una confianza que ahora se mancha de un vomito corrosivo que huele a desdén y a impotencia.    Mientras sí, mientras no, sigo aquí, en el lugar que cada mañana se antoja y se asoma distinto, renunciando a lo bueno porque sé que detrás de estos cristales nuevos hay algo mucho mejor que el empeño por demostrar que el desamor es imposible.

     Y olvidé decirle que no hace falta que usted se levante…conozco la salida, pero aún tardaré un poco, tengo que recomponer mi casa después de cinco semanas en globo, ¿qué digo globo? Quise decir obra; ¿En qué estaré yo pensando esta mañana? Del lecho ni hablamos…

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                                 “ Busco la luz tras las tinieblas de la vida”

                                                   Rosa Montero

DONDE HABITE EL OLVIDO

12 noviembre, 2017

SPhotoEditor-20171112_085941Ahí, en ese preciso rincón que acuna recuerdos y recrea en la imaginación una tormenta que no acaba de descargar su ira, ahí, donde un aguacero esperado arrecia, desatado un día y al otro esconde sus bondades por si se le ocurre regresar, estar preparado como el sirviente fiel que tan bien dibuja el Evangelio; ahí, dentro, desde donde cada mañana suplico que no me abandone la melancolía, esa damisela a la que tantos temen y yo venero, fiel compañera de tardes frente al fuego y noches de insomnio en las que no se me ocurre nada mejor que conversar con ella mirándola a esos ojos que tan discretamente entorna por temor a reconocer los sentimientos propios de esos momentos en los que piensa que está molestando; y no, nada de eso, querida melancolía, me resisto a dejarte que habites donde el olvido, a que te distraigas por ahí con cualquier “nininana” y dejes de visitarme cada día; ya ves, lo que te ofrezco apenas son unas migajas que se desbaratan de mis trasnochadas emociones, insignificantes, como las que cada mañana temprano desmenuzo con primor y esparzo en el seto de ahí afuera para los gorriones que acuden puntuales a picotear; ahí es donde habita el olvido…

         Él también es caprichoso, como yo, como tú misma, mi querida melancolía, despreciada por tantos, celebrada por esos pocos que escriben líneas desordenadas mientras juntan palabras tratando de desbrozar emociones que por delicadas apenas se nombran.

       Donde habite el olvido acuden los sueños mientras los días se emborrachan de ausencia, las horas vuelan como queriendo escapar a lugares de los que uno nunca debió despedirse, alcobas mancilladas por la torpeza que mal aconseja cualquier temor sin fundamento, emociones contenidas en un frasco de esencias añejas deseosas de fragancias nobles, de gestos amables capaces de hacerse entender desde el buen humor, la cortesía y el bienestar propio de quien sea capaz de saborear el primer sorbo de una copa de vino como si fuese el ultimo que bebe en su vida.

         Donde habite el olvido también vive la sombra y el eco de una palabra pronunciada a destiempo, jaculatoria vomitada en la boca de quien no quiere entender que rezar es necesario, que la cuenta atrás también es agradable a los ojos de Dios, que no merece la pena instalarse en el desagravio que produce cualquier disgusto, que el enfado es impropio de quien añora mirar más allá de lo que alcanza su vista, que el camino es corto pero muy ancho, que “al final de la tarde nos examinaran en el amor” y que donde habite el olvido también habitará el deseo, pero, por favor, no se lo digas a nadie…

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           “ Antes de conocer el sentido de lo que sucede, se debe ser capaz de ver lo que sucede”

                                                                                              Thomas Merton

JUGUETONA MEMORIA

5 noviembre, 2017

       aviary-image-1509875503482Antiguas compañeras han aunado en un grupo de WhatsApp, recopilando contactos de aquí y de allá, gente con la que compartimos  vida,  fraternidad, y despertares a emociones que hoy dibujan la persona que somos. Mujeres  que nacimos en el 1962, mes arriba, año abajo, hoy casi todas rodamos los 55, colegio de monjas Dominicas en el que recibimos una formación de la que yo estoy contenta y, siempre, siempre, muy agradecida por todo lo allí aprendido.    Después, la vida, lógicamente, nos ha ido llevando a cada una por diferentes vericuetos aunque las fisonomías apenas han cambiado y no resulta difícil reconocer en las escasas fotos que atesoramos a cada una de nosotras. Algunas, desgraciadamente, ya no están, se quedaron en el camino y se les recuerda con la justa añoranza de un cariño que ese tiempo, inconsciente y aún por esbozar nuestras hechuras, recuerda una época en la que todo parecía posible, años en los que despertábamos a tantas cosas…

       Entonces, la tecnología aún no había llegado a nuestras manos, ni tan siquiera despuntaba nada de lo que hoy nos facilita la comunicación, quien tenía una maquina de fotos, o su padre se la prestaba para cualquier evento, era una privilegiada, así que no hay muchos documentos gráficos de aquel tiempo, aunque sí es cierto que los pocos que hemos ido compartiendo, desempolvados del cajón de los recuerdos, son graciosos y alentadores. Lo curioso del tema, y por lo que hoy escribo estas líneas, es resaltar lo caprichosa, por llamarla de alguna manera, que es la memoria. Miro y remiro fotos en las que aparezco y lugares en los que estuve con mis compañeras y, a pesar de que trato de estrujarme la memoria, no tengo ni la más remota idea de aquella vivencia y, aunque es evidente que soy yo, pues mi santo y seña ahí está, identifico con nombre, apellidos y algún que otro detalle a todas ellas, sin embargo, los momentos me han quedado borrados  como si aquello nunca hubiese existido o yo no hubiera estado allí.

         Y ahí que me viene el quid de la cuestión sobre el curioso mecanismo que nos hace tener muy vivos ciertos momentos y otros acunarlos entre los brazos de un olvido que, por selectivo y caprichoso, nos impide recrear escenas que en algunas criaturas siguen tan vivas como si de algo que sucedió ayer mismo se tratase.

       Curiosamente, nadie, con elegante criterio, pregunta por nada que pueda herir o hacer escarbar en la memoria situaciones que hayan marcado el camino recorrido hasta ahora. Es seguro que todas tenemos preguntas sin respuesta, es seguro que todas hemos derramado lágrimas de impotencia y de rabia, es seguro que todas hemos añorado alguna vez aquella sencillez con la que entonces disfrutábamos las risas y los imprudentes secretillos al oído, es seguro que todas hemos amado y, alguna que otra vez, el desamor nos ha roto el corazón, es seguro que hemos dejado muchas cosas en el trayecto aunque no lo parezca, es seguro que extrañamos recreos y murmullos de aula esperanzada, es seguro que tantas cosas, es seguro… y esa es la vida.

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                                                 “Ya creo que lo he dicho todo…y que ya todo lo amé”

                                                                      Epitafio de Gloria Fuertes

GENTE RARA

29 octubre, 2017

        SPhotoEditor-20171029_111119Bajo apariencia de total normalidad, por llamar de alguna manera a lo que circula y abunda, tantas veces se esconden personajes tapizados con siniestras actitudes que ni tan siquiera su más aclarada sombra sería capaz de descifrar. Códigos extraños, reacciones inesperadas, bruscas a menudo, ante situaciones que no revisten más incertidumbre que las propias del cotidiano vivir.     Las palabras parecen servir de poco, ¿ Para qué demandar diálogo en causas mayores si tantas veces en el tú a tú cotidiano ajustar cualquier insignificancia puede ser motivo de cisma, por ser suave, otras tantas un desagravio monumental, como si del fin del mundo se tratase?

     ¿A qué nos estamos acostumbrando, qué retorcidas actitudes genera el sinsentido de un ego tallado por el cincel de unas cualidades que sólo desprenden la exaltación de un yo capaz de hacer con la primera persona de cualquier conjugación bandera y estandarte de vida? Querer comprender no es suficiente, amar desde la atalaya de un recuerdo es siempre causa de distancia, descalificar gratuitamente al contario desenmascara, aún en el mejor de los casos, una ruindad que sólo el insensato acuna y alimenta como si de su mayor conquista se tratase.

     Con el tiempo la paciencia se emborracha de una sabiduría propia de los años que, sin remedio ni remisión, la vida nos regala añejándonos como vinos que bien se curan en adecuadas barricas, a la sombra y el silencio de esas bodegas que sólo contemplan la voluntad del hacedor que con cariño los trata.                              Que reluzcan las miserias es sólo cuestión de saber esperar a que un buen día el sol haga su tarea sin más prisa que la que supone dejar correr las horas en cualquier reloj que no desista de mover sus manecillas.

       ¿ Acaso no sabes tú, a ti que la vida ya te ha regalado unas canas que escondes, como si de vergüenza inconfesable se tratase, que a Dios le gusta aliarse con la humildad, que enaltecer la rutina con tu presencia sólo es agradable cuando desde el corazón uno es capaz de dibujar la secuencia de un perdón con la naturalidad propia de quien sabe manejar un lápiz con más facilidad que la cucharilla con la que cada mañana mueve el azúcar de un café capaz de despertar adormecidos sentidos?

         Gente rara, sí, gente con un revés tan escondido como aquellos dobladillos de antaño, esos que las modistas cosían a mano y a conciencia para que no se deshilacharan en el imprevisto. Será que el miedo atenaza, será que aquellos modales, aprendidos desde una educación de convivencia sana y unos principios que hoy parece habérselos tragados una forma de entender la relaciones apenas predicadas desde unos atriles en los que cualquier mamarracho se encarama en nombre de una expresión más canalla que libre, en nombre de una libertad bastante mal entendida.

         Líbrenos Dios de los raros y atormentados, preferible un desahogado ciclón, de esos que aparecen por el horizonte y ves venir, que el astuto somormujo suavón, y  casi siempre resentido, capaz de colarse en tu casa para después, desde el desaire, jugar a poeta de rimas indecentes. Líbrenos Dios…

                                                   .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

                                                     “No hay muerte si no hay olvido”

                                                               Carlos Castilla del Pino

CALIBRANDO…

22 octubre, 2017

 

        SPhotoEditor-20171022_112249 Quizá hemos sobrepasado el limite de la cordura un poco más de lo permitido, aquel que exige sólo una pizca de arrojo, tantas veces inconsciencia, y se nos ha instalado al otro lado de la cama cuán despreciado amante mal avenido, quizá en el “totum revolutum” del todo vale la línea estrecha que delimita la capacidad del conocimiento se ha dedicado a hacer estragos sin dejar apenas resquicio al romanticismo del que hacíamos gala cuando aún nos emocionaba cualquier  poemilla, quizá la ropa de invierno se mezcla a su antojo con la de verano, desordenada en el armario, porque el “entretiempo” dejó de existir cuando los trajes de chaqueta se empezaron a confeccionar en cualquier almacén que amontona prendas “made in china”, quizá aquella expresión de antaño que tanto me gustaba usar para señalar cuando uno establecía el compromiso que marcaba ese “nos pusimos en relaciones” pasó a ser causa de olvido y desdén desde que las cartas no se escriben a mano y a corazón abierto, quizá nos hemos hecho adictos a situaciones que enmascaran un bienestar sólo comprendido desde el cansancio de un tiempo que se torna insípido y deja pasar los días silbándole al despiste mientras cree oír campanas de gloria, quizá el exilio continuo del alma que, cansada de ir contra corriente, se arma de valor y descansa en el escondite de los tesoros mejor guardados tarareando eso de “la muerte no es el final…” por si acaso redime las intenciones frustradas de tantos amigos que van despidiéndose dejando recuerdos grabados, a modo de preciosos y precisos encuentros, en una memoria que ya pudiera parecer casi histórica, quizá los tropiezos regalan un mejor conocimiento de uno mismo y por eso no renunciamos a ellos como quien arroja a la basura una situación que parecía insostenible, quizá esa fragilidad irremplazable que sólo sabe llorar la ausencia sea la mejor compañera de viaje cuando uno trata de recomponer el puzzle que desbarata una y otra vez con tal de no terminarlo nunca, quizá la geografía más intima del alma se nos desdibuja de repente y sin saber por qué una mañana cualquiera mientras el primer el café del día nos recorre las venas como si del único y último sorbo de un buen vino se tratase, quizá sea que la contradicción es más bonita de lo que recordábamos antaño cuando memorizábamos aquella lección absurda que nos hicieron aprender sin apenas  tener uso de razón.

           Y es que cuando el mar está en calma es cuando únicamente los pescadores se percatan de lo que pasa en el fondo, porque cuando está agitado, en la oscuridad que supone esa agitación, la mar esconde lo que sin ningún esfuerzo muestra cuando está tranquilo…

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                                    “ Mi gracia te basta, pues mi fuerza se realiza en la debilidad…”

                                                                                                                 II Corintios, 9-10

 

¿DIÁLOGO para BESUGOS?

8 octubre, 2017

       SPhotoEditor-20171008_112328Palabras, palabras, más palabras, interminables recomendaciones ante el absurdo de quien no acertó a comprender que son cansancio, y que, tan sólo cuando uno se recoge en un silencio casi molesto, avanza, y se avanza por la trocha aquella que tan difícil, por impenetrable y oscura, parecía.

         ¿Acaso, aún, no nos hemos dado cuenta del poco valor que tiene el verbo a destiempo, del sinsentido del enfado, y de esa impotencia que tantas veces raya el decoro de quien escucha al otro, que sólo mueve los labios, mientras se ahoga en su propia desdicha?

           Y resuena, como eco mundano, apostar por un diálogo que parece utopía, y allá, no tan lejos, aúllan los lobos de la discordia, la miseria del resentido y la oportunidad perdida del ignorante que, haciendo retórica con el verso copiado, intenta conquistar a una dama que esconde secretos de alcoba. Pobreza del necio, libertad ahogada en una expresión que surgió bella, quizá tan pura como la lealtad de quien fue capaz de tirar la primera piedra a pesar de su pecado porque se sabía seguro de ganar la apuesta ignorando las limitaciones que su escasa delicadeza le tenía preparadas.

         ¿Somos tan incapaces de rendirnos a la evidencia como para, tras pedir prestados unos minutos al deseo, seguir agrandando el incierto balance que desenfocó los números rojos de un saldo de actitudes incómodas y traiciones imperdonables? Jugar a la guerra sin portar buen escudo es tan peligroso como arriesgado, dar palos de ciego por el simple gusto de apostar “a ver quien la tiene más larga” es una ordinariez propia de quien haciendo retórica alzando una copa de vino se atreve a atreverse cuando nada tiene que perder.

           Háblale de amor, no te retuerzas delante de sus manos negociando lo inasequible, bien sabes tú que el amor es el temblor que produce sin que haya necesidad de corregir al delincuente porque de eso ya se encargan otros y porque el amor es una consecuencia que no decide la voluntad, y porque no es tiempo de revoluciones groseras ni republicas bananeras y, sobre todo, porque la humildad debe prevalecer y “humildad es caminar en verdad” y, por ello, el humilde, siempre, siempre, reconoce su grandeza a la vez que su miseria.

         La vida debería ser la antesala del cielo, y el silencio la última palabra de la palabra. Después, Dios dirá…

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“He aprendido a amar la vida desde que sé para qué vivo”

                                                                       Edith Stein

 

                 SPhotoEditor-20171001_105435Algún día tienes que escribir de la soledad -me dijo- como quién entre dientes sugiere desgranar su propia angustia. Hoy, bastante antes de que el sol asome por ahí delante, cuando afuera navega el despropósito de un desaire que conforma y confirma la desazón de unos corazones que no terminan de templarse con este sol que nos regala San Miguel, el mismo que recrean los membrillos añorando lluvia, me envalentono, casi con la timidez propia del primer beso, a deletrear alguna palabra, cristalina, tal vez sin sentido ni coherencia, a pesar de las horas que “tiempo ha” dejé de compartir con el sueño, de esa fiebre que ya no me desgarba el ánimo ni las ganas, la costumbre que no me acomoda a casi nada, el intento de primeros apuntes de la manera más difuminada posible, el desaire que invita cada tarde a comprobar que ella no es ausencia y que no es pecado cogerle cariño a una promesa de fidelidad que conoce tus limitaciones y te fortalece sin engaños cuando nadie se involucra y terminas enganchado a ti mismo contemplándote el ombligo desde arriba para que la templanza y algo de ternura la hagan algo más sostenible.

              Estancias en las que uno se instala desde una distancia prudencial y poco exigente con tal de no traicionar el pacto cuando bien se sabe que  algo se ha roto por dentro, que los pormenores del sentimiento son tan íntimos y delicados que con sólo pronunciar la primera sílaba de su nombre ella es capaz de quebrarse, que lo más bonito de los sueños es que no se realicen, que la prudencia es tan importante o más que la compañía, que las almas simples son las que más se asemejan a Dios, que no todo en la vida es negociable, que, tantas veces, los puntos fuertes y dolorosos de un carácter difícil se comprenden sólo a base de escudriñar su debilidad, que ella se parece más a un derrumbe moral que a una lejanía incierta, que cuando se habla de más y no hay vuelta atrás, ahí dentro, el león insaciable de la inmediatez  ruge como un estómago desfallecido, que no se debe permitir que alguien pronuncie tu nombre con la indecente bravuconería de la que sólo se valen los borrachos.

                 Ella, que no entorpece pero ahoga, misericordia que se fustiga con secretos de alcoba y asuntos íntimos que pueden ser, en un momento dado, tan bochornosos como ridículos. Ella, que tantas veces juega el papel de mujer fuerte, como esas señoras de los capos de la mafia que, cuando ellos son encarcelados, toman el mando y se convierten en el motor de la peor y más temible venganza.

                Ella, que se desnuda sin pudor, a pesar de los años, y no se avergüenza, ella es mi soledad favorita…

(quizá continuará)

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                                                                                   “La soledad era mi consuelo”

                                                                                    Teresa de Jesús (V 25,15)        

DOS CARPETAS DOS

24 septiembre, 2017

       SPhotoEditor-20170924_105609Una, con causas que el tiempo arregló, y, otra, con causas que el tiempo se encargará de arreglar. Y así se podría encarar una vida sin más fin que la de transcender pensamientos que tantas veces ni uno mismo entiende.       Causas perdidas, personajes cuajados de una ingratitud impropia de quién se siente hijo de Dios; melancolía que disfraza al prepotente tras la mascara de una decencia tan indecorosa como poco elegante al hacer de su capa un sayo desfasado imitando a ese cortesano de aldea que aprendió el arte del cortejo en las amarillentas novelas de “Estefanía” que encontraba por su casa, desparramadas entre aperos de labranza.

       El tiempo regala el mejor consejo y es a quién más certeramente se le puede encargar la tarea de cualquier causa con la que topas de sopetón mientras tus entendederas, distraídas en menesteres nobles, en un descuido se enredan en naderías por el puro gusto de adornar una vanidad que ya no se retuerce frente a un espejo y sí en la observancia de cualquier mamarracho que hace guiños a la compostura usando los cubiertos de una forma más propia a la del cortijero que leía novelas del oeste para aprender el arte del cortejo que de quién alardea de “conocencias” como si de cualquier adquisición al uso se tratase.

       Causas que propician desencanto ante una exigencia incapaz de abrir el corazón a quién carece de paraíso tras   extraviarlo en el camino de vuelta a casa después de una noche de insomnio en la que la pasión brilla por su ausencia y bien se sabe que el desprestigio produce un barrillo pardusco, inmodelable, para perpetuar figurillas sin cabeza o huecos cuencos que, al quedarse agujereados por el fondo, son incapaces de aguantar la embestida de una borrachera sin desparramarse.

       Grandeza que sólo uno imagina y, a la postre, no es más que el reflejo de la arrogancia de un mal amante que saca brillo a su torturado corazón de hojalata en el que late un miedo atroz por la palabra pronunciada a destiempo y las insignificancias que resultan llevaderas cuando se sostienen sobre algo mucho más fácil de usar que una bandeja para desmontar una mesa después de comer, antes que apilar los platos, sobre el vasto antebrazo de quien se jacta de su habilidad porque antaño fue camarero de caseta de fiestas de pueblo para una paella gigante a la que todos están invitados a meter la cuchara.

         Causas, cosas, palabras insolentes disparadas con el mismo riesgo que asume quien se bate en duelo menospreciando a un adversario que, a pesar de conocerlo poco, le parece debilucho, siendo hasta capaz de advertirle que tenga cuidado con una segunda copa de vino, no vaya a ser que caiga embriagado a sus brazos y le sea imposible desenvainar la espada que tan miserablemente se le retuerce entre la lengua después de haberse tragado sus imprudentes advertencias.

         Dos semanas, dos, sin aparecer por aquí, de nuevo estoy, recibiendo al otoño y brindando por mi propia causa, la de los hábiles, y aquella otra que sólo Dios y yo sólo sabemos…Salud.

                                                           .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

                                                “Sus luchas personales le convirtieron en una persona trágica”

                                                                                                  Michael O’Laughlin

                                                                         Sobre Henri Nouwen en “El amado de Dios”