SILENCIO y PERDÓN

21 abril, 2019

chica1      Tengo miedo, miedo a que los silencios se conviertan en lo que no sé qué es, miedo a que aquel perdón impronunciable sea tan malentendido como las palabras vomitadas a destiempo, miedo al miedo que descarna sin ser capar de esclarecer la verdad escondida, miedo a ser lo que soy desentrañando la vocación tardía de no hacer nada y que con ello me angustie una presión como la de un tiro certero en la nuca  y que la boca del estómago se me cierre poco antes de consumar la digestión del monstruo que me he tragado casi sin darme cuenta. Quizá las infamias nunca surgen solas, quizá antes ya las había desparramado yo encima de alguna criatura desatando el nudo del noble ideal cuando la vida es un caminito de rosas; tiempo ganado en una carrera que no termina nunca, una meta que ni se vislumbra, un dorsal que con el  numero desdibujado incita a imaginar que ni tan siquiera te inscribiste en la maratón adecuada.

         No sirvo para las competiciones que hacen la existencia más practica y llevadera, no encuentro descanso en la oscuridad de las noches que me acunan mientras las piernas me tiemblan de miedo y también de deseo. En aquel entonces me faltó el arrojo necesario para coger el portante y salir dejándolo todo detrás, aniquilar el pasado, dignificar los intereses que después han sido capaces de estrangularme sin soga; en aquel entonces yo presumía de mí, cualquier capricho era tan fácil como posible, cualquier sueño se convertía, quisiera o no, en una realidad cotidiana, en una forma amorfa desdibujada con tintes de realismo que hacía de la insensatez virtud y del desasosiego una forma de entender el amor.

        Todo era posible, nada era difícil, no existían quimeras ni sueños, jugueteaba con el vértigo y me paseaba por el filo de una cornisa cualquiera a sabiendas de que no me caería y que si por cosas del azar eso ocurriese abajo siempre habría algún asidero que amortiguaría mi desastre y mis frágiles huesos.

       Hoy ese riesgo ya no me interesa,  me atrevo a desdecirme de cualquier barbaridad que confunda, hoy prefiero pedir perdón y perdonar si fuera necesario, hoy prefiero este silencio que me atornilla las sienes y en el que el juego de la verdad ya no me  hace trampa cuando cada tarde me entretengo  rellenando  crucigramas en los que casi siempre hay una palabra que no consigo colocar adecuadamente, hoy estoy a la espera de que alguien mueva una ficha, dolorosa tal vez, y así poder gritar con la boca llena que estaba en lo cierto, que la ignorancia es atrevida y que cruzar la linea del insulto es mucho más fácil que aguantar estoicamente con la boca cerrada mientras ahí fuera sigue rugiendo la marabunta y la lluvia una vez más se mofa de las tradiciones que paganizan un sentimiento que no nació  para zarandear lo sagrado.

     Hoy, querida amiga, no tengo gana de brindar por nada ni con nadie, hoy sólo quiero que caiga el día y Dios vuelva a recogerme sana y salva en un rincón cualquiera…

                                                       .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

                                                 “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti”

                                                                           del Salmo 62

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SI VOLVIESE a NACER…

14 abril, 2019

 

flor del paraiso jpgSi volviese a nacer no quisiera recordar que la nostalgia es tan sólo un reflejo, una mota ridícula que se contonea por el filo de la navaja acuchillando las emociones  como si de troqueles de un puzzle en el que  se adivina lo incontable se tratase,  secretos nunca compartidos,  rebeldías no reveladas,  lágrimas que apenas corren cuando tropiezan con descarriadas mejillas mientras ahí fuera ruge la marabunta y aquí, dentro, el silencio es tan ensordecedor que cuando cae ese alfiler que me saja los dedos para debilitar las astillas que se me incrustan  en la piel  suena como  un grotesco portazo.

     ¿Acaso perdimos la buena costumbre de callar mientras no mirábamos nada, acaso entre el tumulto se esconden esos sinsentidos de vacío que no se pueden explicar? Hoy, bien sé que quizá, tantas veces, no estuve acertada volcando el tarro de la enemistad sobre una promesa que desde el principio supe que no podría cumplir, hoy sé que si volviera a nacer no ataría más nudos que los que me ayudasen a escapar dejándome caer por  ventanucos de oxidadas rejas, hoy sé que saldría corriendo del sometimiento al que me mantuve fiel entre esos senos de final trágico, hoy sé que el tiempo casi da igual, que la cuenta atrás no es adecuada consejera, que el primer golpe no siempre es el que más duele ni los arañazos desaparecen cuando la costra se cae, y, hoy, también sé que sabía bastante más de lo que me enseñaron las mentiras que cualquiera inventaba con tal de conquistar la cima de unas indecentes emociones mientras yo imaginaba una indigestión de sentimientos en ese contrario, torpe donde los haya,  que ni a puerta vacía era capaz de meter la pelota entre los tres palos.

       Si volviera a nacer correría lejos, muy lejos, donde el horizonte se pudiese mirar del revés y no diese vértigo, donde el umbral de mi casa estuviese cuajado de lirios, narcisos, jacintos, violetas y malvas, y, ahí, querida amiga, justo ahí, y si volviese a nacer, me agarraría aún más fuerte a este Dios que sabe tanto, y, por supuesto, puedes pensar,  llenaría mi bodega de buenos vinos para no dejar de brindar cada mediodía por haber vuelto  a nacer…

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Tu palabra es vino generoso a mi paladar, que se desliza suavemente entre labios y dientes”

                                                    del Cantar de los Cantares 7-10

GESTIONANDO como PUEDO

7 abril, 2019

20190407_114902No es fácil gestionarse medianamente bien la vida, la emociones, esas barcazas que tantas veces nos voltean como si de cabinas de oxidada noria de feria se tratase, hacen de nosotros muñecos manejeros que se entorpecen ante la tormenta poco llevadera. Y uno se cree por encima de ciertas actitudes que no son más que poses de guerrero para una batalla que casi siempre termina naufragando en el absurdo.
Ahora me ha tocado mirar el horizonte desde una carretera secundaria que me lleva y me trae a hospitales de aquí y de allá, infortunios que desbaratan mi debilidad y desacomodan una incierta rutina que nadie mejor que yo conoce y añora. Los templos de la salud no son necesariamente buenos “sanatorios” ni adecuados lugares de recuperación, tarde o temprano todos vamos cayendo como insignificantes chinches al amparo de una amabilidad forzada y forzosa de quien hace su trabajo a cambio de un puñado de monedas y que poco tiene que ver con vocaciones de aquellas en las que creíamos los estúpidos románticos; y no, no se puede sanar en un sanatorio, demasiado trasiego de gente entrando, demasiadas opiniones en torno al becerro de oro que inmóvil descansa en un lecho que le articula los miembros con sólo apretar un botón.
El silencio debería ser el bien más preciado en esos pasillos de suelos abrillantados y atocinado aire de “chacharicas” propias y ajenas que calculan los turnos como si de apuestas futboleras se tratase mientras las horas corren inciertas, como en esos viajes de avión cuando el vuelo es medianamente largo y no dejan de ofrecerte de todo con tal de entretener al pasajero y, casi siempre, molestar sin que sea posible concentrarte en cualquier distracción o saborear algo que se te haya ocurrido pedir en el servicio de carrito- bar- tienda- bolsas para el mareo y hasta un rasca de la suerte para un sorteo de no sé qué premio, pero bueno, ese es otro tema…
Hay momentos en los que uno ya no sabe si ha dejado de pensar, si las neuronas se han aplastado de tanto asentir y escuchar al de arriba y al de abajo, o si es que con cualquier golpe de tos tus bronquios se han desbaratado tanto que las palabras se te están confundiendo con los jugos gástricos o con las indecentes bacterias que sin arreglo ni compostura cazas al vuelo entre desfiles y perorata de tanta “batilla blanca” que frecuentas.
…Y bueno, un rato de asueto, una pausa, escondida estoy en el cuarto de las escobas para escribir, desahogo de quien añora los buenos tiempos al sol que más calentaba, de aquella copa de vino conversada con uno mismo y brindada ante los ojos de un Dios que se niega a abandonarme aún, y, mientras sí, mientras no, querida amiga, los días se van escalonando y trato de subirlos de dos en dos para que corran como liebres y me den una pequeña tregua antes de que el desaliento me confunda y me haga coger la vereda menos oportuna en estos momentos; bien sabes tú de mi sensata insensatez cuando llego al límite…
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“Hoy he vuelto al mismo sitio de siempre por primera vez. Pero nada es igual”
Días sin ti de Elvira Sastre

OJO por OJO

31 marzo, 2019

20190331_105159Lo de enseñar la otra mejilla cuando te han echado abajo una aún no está en mis registros de vida, no, aún, y desgraciadamente, no estoy por encima de ese bien o mal y sigo navegando en el “ojo por ojo” y, si me apuran, combinado con aquello de que “quién la hace la debe pagar”. No hay prisa, hay dardos certeros, seguros, impecables, que aciertan en la diana de la satisfacción con sólo afinar un poco, sobre todo en límites previsibles y con insurrectos sin escrúpulos que juegan al escondite haciendo creer que la inocencia es un arma que no es necesario abrillantar.
Pausas en el tiempo, algún domingo que otro sin aparecer por aquí, circunstancias de vida que no me son ajenas y ante las que no hay más remedio que enfrentarse cuando la responsabilidad ahoga y la conciencia, mi conciencia, hila bastante más fino que cualquier tocho de leyes al uso vomitadas para el momento, y, sobre todo, para enjuagar el delito que se simula porque nunca fue cometido.
Hay cierto rejumbre, muy nauseabundo, por cierto, en las actitudes que se profesan cuando éstas no salen del corazón, cuando sólo pertenecen a la indecencia del objetivo anhelado de la manera que sea y con las armas que sea; peligro para el sueño que no diferencia vigilia, astucia que no entiende de más norma que la que marca la ambición de una vida a salto de mata.

Soy capaz de concebir cualquier cosa, la falta más impronunciable no me es ajena porque entiendo de miseria y conozco bien al género humano aunque casi siempre me haga de nuevas y esconda mi talento detrás de una sonrisa que tantas veces desconcierta y resta méritos; pronto huelo el insalubre tufillo de cloaca sin desatascar por mucho ambientador que se le dispense, adivino causas sin apenas pruebas, y no me preguntes por qué, quizá por ello me retiré al desierto en el que vivo, aislé mi vida con una verja pequeña pero cierta, encerré mi alma bajo llave y di varias vueltas a la cerradura por el único placer de recrearme la vista desde lejos con un catalejo que nació conmigo y se me hizo imprescindible desde la infancia, quizá por eso ahora sea más difícil engañarme que saltarme los higadillos de rabia, quizá por eso gasto bastante más sensatez y serenidad para dejar que llueva y no mojarme a pesar del abrir paraguas, quizá por eso brindo sola cada mediodía y no escondo palabras de agradecimiento para ese Dios que oculto en uno de mis bolsillos me avisa de que no llegue tarde a la cita diaria en ese hospital que ya se me hace penitencia porque hoy cambiaron la hora y podría despistarme, quizá porque el diente por diente aún es justicia mundana y me excita la ley que se estudia en las tabernas y se aplica sin escrúpulos, quizá, mi querida amiga, porque nunca confié en quién usa profano nombre  ahora casi nada me coge fuera de juego y tampoco empujo a nadie en el área a riesgo de que me piten  penalti por imprudente zancadilla…
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“Mis enemigos retroceden, flaquean, se desvanecen ante ti.”
Salmos, 9,4

QUIEN LE IBA A DECIR…

17 marzo, 2019

20190317_112142 Perdonen, otra vez, que no me levante; vuelvo a estar cansada, este domingo algo más, si cabe, que la semana pasada. No en vano, ayer, como cada sábado, me tocaba intendencia domestica además de cuidos al jardín, quitar hierbas del muro de atrás, esas que, afortunadamente, sólo con machacarse un poco las lumbares,salen sin mucha dificultad y aniquiladas quedan hasta otro par de meses que vuelvan a asomarse al sol que más calienta. Ojalá todas las malas hierbas fuesen tan poco complicadas de exterminar como esas. Así que, ya digo, un poco cansada, eso sí, hay cansancios que no importa sopórtalos, fortalecen el cuerpo y airean la mente mucho más que empotrarse en un sillón y engolliparse de despropósitos.
Nunca, ni en su más remota imaginación, pudo pensar la Diosa Cibeles que se vería en tan lamentable tesitura como la que ayer tuvo que soportar  siendo rodeada por miles de  esteladas mientras el catalanismo de a pie vociferaba en defensa de los políticos presos y la independencia de un lugar tan entrañable como Catalonia a la que se han empeñado en desmembrar en nombre de una determinación que huele a resentimiento y miseria. Allá ellos cuando su Barça tenga que jugar con el Sitges. En fin, que hay cosas por las que es mejor no llorar pues la hartura  sobrepasa los limites de lo cordial en nombre del “mamarrachismo ilustrado” y la tolerancia de una normalidad visibilizada ante un despropósito que se hace tan insufrible como ridículo.
Pongamos por caso, cosillas de aquí y de allá de las que me entero, se llamaba Álvaro y ahora se llama Alba, se ha hormonado y, gracias a los avances de la ciencia, la muchacha puede jugar en la liga de fútbol femenino porque ser futbolista era el sueño de su vida, y mira tú que suerte que, en su debut de pechos enfajados, depilación completa y alta coleta de caballo, Alba marcó un gol y, según confiesa, ese ha sido el momento más feliz de su vida, tanto, que no pudo casi ni celebrarlo porque estaba flotado de la emoción…En fin, no quiero colarme de acidez, Dios me perdone, ni tan siquiera poner un ápice de ironía en el asunto pues como ya estamos tan a la vanguardia del que cada uno haga lo que le salga del “moño”, y nunca mejor dicho,  hay que tener cuidado porque casi todo es machismo sin serlo, abajo el patriarcado, que los padres son machos, y arriba las tetillas desnudas y pintarrajeadas a los altares, que a los hombres hay que ahorcarlos porque hay algunas a las que el “colgajillo”  les da mucho asquito, a los niños no se les puede regañar porque vayan a traumatizarse y sólo hay que dialogar y razonar sin usar, ni se les ocurra, ese “jarabe de palo” que tanto bien nos hizo en nuestra infancia cuando lo bebíamos a la par que chupito de Quina Santa Catalina abriéndosenos el apetito y de paso íbamos acostumbrando el paladar para futuros brindis.
Pongamos también por caso:
– ¿Qué miras?
– Nada en particular.
– ¿Cómo que nada? Si te estás comiendo con los ojos a aquella con pinta de fulana que está sentada en el taburete rojo de la barra.
– Bueno, la he mirado porque me recuerda a Lara Croft, sin más.
– Sí, seguro…sinvergüenza, asqueroso, paga y vámonos, me dejas en casa que ya no voy a comer a casa de tus amigos y así la próxima vez te cuidas de mirar a toda la que se te ponga por delante con esas excusas baratas de que te recuerdan a ridículos personajes de tus absurdos juegos de ordenador…
Y digo yo, querida amiga, tú que bien sabes de mujeres caprichosas, ¿Qué etiqueta le ponemos a esta conversación que escuché días atrás en la terraza de un bar mientras me beneficiaba un vermut? En fin, que no, que aún no puede ser, que falta sentido común, que el honor y el humor no son eso, que hay mucho despropósito desmelenado en nombre de una libertad mal entendida, que el feminismo es otra cosa, que la prudencia y la mesura, junto con otras lecciones aprendidas desde la más tierna infancia, han caído empicadas por el barranco del mal gusto y otras cosillas, y… que ahí lo dejo, continuará…
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“Mi ruina es mi fortuna”
Thomas Merton

MUJERES versus FEMINISMO

10 marzo, 2019

20190310_095128 …Y no, yo no me tiré a la calle el pasado viernes, no me estrangulé con un pañuelo morado ni me puse el grito de guerra en la garganta tratando de expulsar mis más melancólicos demonios, tampoco carguè la escopeta del tiro incierto contra nada ni contra nadie, ni siquiera me asomé al balcón de los cristales ahumados, aquellos que  tiempo atrás me permitieron ver sin ser vista y tan solo dediqué el día a sacarle brillo a mi conciencia mientras limpiaba mi casa de cabo a rabo, ordenando y reordenando lo que nadie ve pero yo sí.
Olvidar sin cicatrices, desilusiones que son el camino recto y directo hacía un bienestar que se antoja incierto, perder para ganar un rincón propio en el que nadie pronuncie una palabra con malos modales ni desate un nudo de nostalgia cuando tu rostro se derrumbe ante el gesto que ya no expresa más que sin sentido. Me puse a prueba y yo misma me di cuenta, entendí mis razones mientras ahí, afuera, seguía rugiendo la marabunta descolocada y desmelenada cuando se envejece sin previo aviso y las carnes cuelgan, flácidas y deshidratadas, como si de una muñeca de trapo que abandonan a su suerte se tratase.
Tantas veces el castigo de la vida es tan sólo vivir, tantas veces uno va corriendo detrás del tiempo para dejarlo escapar cuando es imposible detenerlo con sólo agarrar su cintura, sin más. Hablar antes de morir no tiene mérito, ¿Qué querrá pronunciar el moribundo cuando balbucea decadentes silabas que nadie entiende en ese último suspiro? El secreto mejor guardado, lo que se lleva debajo de esa última camisa que no tiene bolsillos y amarillea enseguida, en el preciso instante que roza con una piel que ya no vibra con el frío de un lugar donde las sensibilidades pasaron a un plano olvidado.
Nadie me obliga a sentir, nadie quisiera para mí el desdén que supone la violencia de un silencio despreciable que  hace temblar mis piernas a cualquier hora del día, nadie sabe tirar la piedra sin esconder la mano para explicar que no hay que gritar para ser iguales, que el ser humano no puede ser humillado tan sólo por los atributos que descuelga entre sus piernas, que el asco no puede traducirse en vómito porque, a fin de cuentas, todos somos hijos de Dios y la naturaleza se bien se ocupa de perfeccionar nuestro desasosiego sin que nos demos cuenta. Confío en poca medida, desconfío mucho más, la generosidad y el buen hacer parecen no tener cabida más que en una copa de vino que soy capaz de alzar yo sola y brindarme a mí misma cuando no me quedan más recursos que derramar por todo mi cuerpo ese último sorbo que reservé para mojarte los labios.
Y no, querida amiga, yo no me tiré a la calle el pasado viernes, y sé que tú tampoco, ahí estuvimos desandando lo andado y dejando un buen ramo de lirios en medio de esa mesa en la que los libros se confunden con los platos, los platos con las frutas frescas y las frutas con aquel recuerdo  grato y conversado que  acompaña tu soledad y la mía…
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“Su izquierda está bajo mi cabeza, me abraza con la derecha “
del Cantar de los Cantares 2, 8

ARTE sin PARTE

3 marzo, 2019

20190303_114543Paseaba, días atrás, por ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid; llevaba en el bolso un sobre con doscientos mil eurillos de nada, total, “el dinero por castigo”; había decidido comprar alguna cosilla que me recreara aún más la vista  después de haber ganado  la bonoloto semanas antes; y mire usted por donde que me topo de cara con una figura del Rey Don Felipe, perfecta y a tamaño real, rápidamente busqué con la vista a quién me pudiese  informar del asunto,  y, sobre todo, de si la figura estaba a la venta o sólo era un maravilloso homenaje a la Patria, en  esta edición del certamen, visto lo revuelto que está el orden  en  Catalonia land y pensé que de venderse sería una buena pieza  para colocar en el mejor  lugar de mi estudio y  poder  rendirle a diario cierta pleitesía al apuesto  Monarca. Se me acercó un muchacho bastante mal parecido y peor acicalado, por detalle, y me informó de que el precio de la “obra” era de 200.000 Euriles, ¡¡¡qué alegría la mía!!!, era justo de lo que  yo disponía  para  comprar  algo sobre la marcha;  pero después, ¡Ay después!, cuando  le advertí de mi intención, me apuntó que  había una condición “sine qua non” para adquirirlo y ésta era que lo tenía que quemar cuán de ninot fallero se tratase.

   – Ah no, contesté con desahogo y cierta dosis de insolencia- Yo lo quiero para que me haga compañía, contemplarlo a cada momento que me apetezca, brindar frente a  su cara por la salud mental de España y la de todos los españoles y,  si la cosa en el lecho conyugal se pone fea o se me rompe mi sobado oso de peluche,  metérmelo en el otro lado de la cama a modo de muñeco de apego.

      Y no, oye, nada, que no hubo manera de convencer al galerísta  y autor confeso de que yo no quemaría esa figura por muchos motivos, uno de ellos mi gusto por  la Monarquía, otro, y no menos importante, que cómo iba yo a hacer eso con los  doscientosmileuriles que con tanta suerte había ganado en un sorteo, a mí que nunca me toca nada, entre otras cosas porque no juego, y, quizá, entre otras,  porque como soy tan afortunadissssima en amores el azar no me sonríe más que en el Roscón  que siempre, siempre me sale la  haba, o sea, pagar, aunque después la gula y la curiosidad me puedan y me tope con algún pinguinillo o muñequilla de gordos mofletes…

     Total, que no hubo compra aunque no me resistí a preguntarle si por encargo me podía hacer uno igual pero de Doña Leticia y que, por supuesto, no tuviera que quemar, me contestó tajantemente que no, que eso iba en contra de sus principios, que era anti monárquico y bastante misógino. Comprendo -le contesté sin pestañear- y desando suerte y que tuviera buena feria me fui por donde llegué y con los dinerillos intactos en el bolso, o era mi Rey el motivo de la inversión o no era nada. 

      Hoy, ardo en deseos de saber si ha vendido la obra, o si estará haciendo las maletas para   acercarse  por Valencia dentro de unos días para hacerle arder la figura al Rey  sin haber ganado nada más que la pequeña gloria que dura la alegría que me llevé cuando de vuelta al hotel abrí mi bolso y allí estaban los doscientos mil  y yo más contenta que una pascuas; tal fue así que me acicalé un tanto y me presenté en “Chicote” a beneficiarme un Ava Gardner, bueno, fueron dos, uno por ti y otro por mí, y ahí quedó la cosa… Y es que el arte, querida amiga, tiene eso, y la parte tiene más de eso que de Arte. 

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                                   “Mientras reposa  el rey en su lecho, exhala mi nardo su aroma”

                                                                                                                                                                                                            Del    “Cantar de los Cantares, 1,12”

LO que NO se dice…

24 febrero, 2019

lo que no se dice...Aún en el peor de los casos no me suelo arrepentir de lo que digo, pero, ¡ay! amiga, lo que no pronuncio me recorre, quemándome por dentro, como si de un trago de mal aguardiente bebido en ayunas se tratase.   Desconcierto ante quien guarda, calla y ni siquiera otorga, traidor confidente que acecha, sin prisa ni pausa, para vengarse por el capricho no conseguido y con  indecente portazo vomitar la resistencia ahogada que sin dignidad soportaba su resentimiento del cuento de nunca acabar.
Y lo mejor es que con los años uno ya sabe de más y de menos, y casi todo es demasiado previsible cuando el conocimiento del contrario suele ser como la retahíla de un abecedario que se quedó estancado en la Efe mayúscula de, pongamos por caso, cualquier frustración al uso cuando las entendederas, al igual que las neuronas, navegan un poco machacadas por  ese mar de Sargazos que poco tiene que ver con ciencias nobles ni faenas saludables, bien se sabe que el secreto está en la dosis y no siempre ésta es la más justa ni oportuna.
Pongamos por caso la película de cada uno, esa existencia que arrebata años e inevitablemente condena a un ostracismo regodeado en una mentira detrás de otra o medias verdades que al cabo de día pesan y se pasan de rosca como el tapón de esas botellas de mediocre ginebra que a base de ser rellenadas con garrafones de tabernucha regalan indecentes resacas y torpes peroratas llamadas al cansancio frente a quien inventa y repite la aventura del día como si de algo extraordinario se tratase, quemando las horas y pasando  la vida sin que haya quien aguante a su vera más que para pasar de refilón por si la conveniencia fuese necesaria.
Indignidades que en ciertos momentos uno creyó y juró no volver a repetir y “zas”, retoma y redobla la campana del absurdo a modo de lastimera oportunidad como si enmascarase un sacro deseo de perfección mal entendida; anchuras que se han de medir con más sentido común para poder desviar el salivazo de quien se atreve a hablar con la boca llena con tal de hacerse oír mientras el otro calla sin otorgar cuando su fuero interno le grita que salga corriendo; personajes de vida desdichada que morirán sin acertar, creyendo que dieron en diana, porque un día el guiño equivocado se confundió de destino y le dio una pequeña y pasajera satisfacción, mamarrachillos que suelen ignorar la catástrofe que acaban de provocar cuando en un intento de exaltación, casi siempre aliñado, se vienen arriba y arremeten contra lo que se suponía sagrado; gran máxima aquella de “nunca des nada por supuesto” pues el diablo acecha tan bien disfrazado como ubicado, y, aunque tiene su gracia levantar una copa de vino con él, no te fíes de sus artes porque, tarde o pronto, el vagabundo añora volver a dormir bajo el techo de su intemperie o lo que es más entendible “la cabra tira al monte”
En fin, querida, puliendo aristas, y curtiendo heridillas insignificantes… ¿Qué te puedo contar que tú no sepas? Tú, que afortunadamente ni eres cabra ni tiras para el monte…
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“El tiempo, que ni vuelve ni tropieza”
Francisco de Quevedo

VIRUS

10 febrero, 2019

           virusParece ser que este año el virus de la gripe está causando estragos, imagino que ni más ni menos que casi todos los años, aunque de un invierno para otro, por suerte, se nos olvida; de momento no me ha tocado la china, ni la ruleta de la fortuna ha dado vueltas para señalarme en rojo como si de reo de horca se tratase. Esta mañana, apurando el primer café, mientras las luces se van adormeciendo, el sol se coloca y recoloca donde debe, los mirlos se explayan cantando y los gorriones se acercan descarados a recoger su ración de cada día, me viene a la cabeza una utopía imposible, como casi todas las utopías, será que imaginar no me cuesta demasiado esfuerzo, será…
¿Pudiera ser que alguna vez, y aunque fuese tarea de sofisticado laboratorio, se crease un virus del silencio, un bichillo que sea contagioso, muy contagioso y que se instalase por algunas semanas en nuestros pobres y mortales cuerpos haciéndonos cerrar el pico hasta completa recuperación sin necesidad de más antibiótico que un poco de recogimiento, paseos por la naturaleza y cualquier otra cosa que no tenga que ver con el movimiento de lengua y cabeza que tanto descentra la reflexión y zarandea conciencias, pudiera ser…?
Resulta agotador lo que parlotea la gente, quizá ahora, desde mi destierro consentido, mi particular barriga de buey, donde ni truena ni llueve, soy más capaz, y, posiblemente mucho más consciente, cuando me asomo por el asfalto, de la cháchara insoportable que manejan los paseantes, y, por si faltaba poco, la abuela parió teléfonos móviles, tan inteligentes como molestos, que contribuyen a la causa. Las ciudades se están convirtiendo en campos de cultivo para la locura, neurosis imposible para quien trata de acallar su cabeza mientras camina y se arriesga por esas aceras de Dios, cuajadas de patinetes, bicicletas y despistados paseantes, refugiándose en recitar cualquier salmo de aquellos que en su tiempo aprendieron de memoria. Para qué hablar de asomarse por la sala de cualquier museo y recorrer alguna exposición sin toparte con los sabiondos que explican como aquella “maestra ciruela que no sabía leer y puso una escuela” y sólo los callan al contestar llamadas de teléfono haciendo participe, con tono algo más que elevado, al del otro lado de la línea de cualquier historieta que a nadie importa.
El mal del siglo ya lo llaman, desbancando a aquellas epidemias que hacían “hincar el pico a más de uno y más de dos, el lujo mejor pagado también imposible en cualquier sala de cine donde poder recrearte en alguna película sin oír los chasquidos de las puñeteras palomitas, los sorbetones a la pajita del refresco y los destellos de la luz de las pantallas de quien no puede pasar dos horas sin contarle a su prima la ultima novedad que le ronda por la cabeza.
En fin, que los dogmas ya no son lo que eran, los orgullos se han tornado banderas, los sueños, quimeras tan imposibles que hay días que lo mejor es alzar, como siempre, con gusto, una copa de buen vino y apurarla poco a poco, en silencio, sin reproches ni rencores, sin sobresaltos ni agravios, sin prisa ni pausa, con el fuego acariciando la cara y los animales rodeando la estancia sin más miedo que el que procura que, probablemente, al día siguiente, inevitablemente, haya que asomar la nariz a esa jungla que poco arreglo y compostura tiene…

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                                                           “…Y oyendo en tus ojos y no en tus palabras…”
Julia de Burgos, Poemas

SURSUM CORDA

3 febrero, 2019

Sursum corda        Arriba los corazones, sí, arriba el ánimo, arriba la alegría, los buenos deseos, las mejores intenciones, la compasión, la ternura, el desinterés, la compañía por el gusto de estar, la palabra grata, el abrazo que reconforta, la sonrisa complaciente.       Cansancio, sí, demasiado cansancio de tanto despropósito, un agravio detrás de otro, un entorno, lo mires por donde lo mires, cuajado de zancadillas, trampas que hacen del ser humano un torpe animal herido sin saber por qué. ¿Dónde estará el limite que marca la línea del sueño, posible o imposible, para el que fuimos creados? Imagen y semejanza de un Dios que no debe acertar a comprender qué pasa, qué ronda por nuestras cabeza para que el desasimiento no sea posible; miedo al “cerrado por vacaciones” aunque al mes de Agosto aún le quede un buen trecho para asomarse, miedo a una soledad que tantas veces es la única opción posible con tal de no rozar la locura y el descontrol con que  tropiezas cuando asomas la cara a esa jungla inquieta, nido de carroña, de ahí afuera, cuna de la sinvergonzonería que no tiene excusa ni justificación por más alto de miras que parezca su propósito.
Secretos que apenas reconfortan, manos templadas que entrelazan los dedos en un abrir y cerrar de ojos cuando cae la tarde y el silencio se convierte en el mejor aliado, fiel amigo con quien alzar una copa de vino que no requiere brindis ni escucha, extraño brillo en unos ojos que vuelcan melancolía aunque sean incapaces de derramar una sola lágrima, notas de entonces, escritas con una tinta que no se lee demasiado bien después de que la fragilidad de un carácter haya dejado paso al abandono mejor cuidado.
Enfados que no conducen a nada, evidencias de un miedo que respeta ausencias y se revela con el tiempo que, como impecable y fiel amigo, no se casa ni siquiera con la más fea, soberbia que puede con los hombres, discursos cuajados del gusto por creerse casi divinos, convertir lo efímero en algo imperecedero, suerte, la suerte del que no apostando a casi nada anhela con un premio que difícilmente puede alcanzar, heridas que de tanto ser lamidas se han enamorado de si mismas y no terminan de cerrar, la cicatriz no tiene cabida entre esos dedos curtidos por el trabajo del día a día, esfuerzo repetitivo que compensa, que no se ausenta, que repone fuerzas, reflexión que demanda silencios, silencios que demandan utopías, utopías que demandan sueños, sueños que no demandan casi nada, si acaso una bienvenida al lugar donde los felpudos sirven para algo más que sacudirse el barro de los zapatos.
Y es que cuando habla el corazón todo lo demás debe callar, tiempo de risas que dejan que la vida decida por ellas, perfecciones dibujadas en el ahora o nunca, cuadros sin terminar, a la espera de una nueva y pronta remesa de colores, hechos y deshechos, que poca importancia cobran cuando uno se da cuenta que nada, apenas nada, tiene la importancia suficiente como para sucumbir al enfado: SURSUM CORDA…

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                                                  “Ceniza como en vez de pan, mezclo mi bebida con lágrimas”
Del Salmo 102, 10-11