QUIEN LE IBA A DECIR…

17 marzo, 2019

20190317_112142 Perdonen, otra vez, que no me levante; vuelvo a estar cansada, este domingo algo más, si cabe, que la semana pasada. No en vano, ayer, como cada sábado, me tocaba intendencia domestica además de cuidos al jardín, quitar hierbas del muro de atrás, esas que, afortunadamente, sólo con machacarse un poco las lumbares,salen sin mucha dificultad y aniquiladas quedan hasta otro par de meses que vuelvan a asomarse al sol que más calienta. Ojalá todas las malas hierbas fuesen tan poco complicadas de exterminar como esas. Así que, ya digo, un poco cansada, eso sí, hay cansancios que no importa sopórtalos, fortalecen el cuerpo y airean la mente mucho más que empotrarse en un sillón y engolliparse de despropósitos.
Nunca, ni en su más remota imaginación, pudo pensar la Diosa Cibeles que se vería en tan lamentable tesitura como la que ayer tuvo que soportar  siendo rodeada por miles de  esteladas mientras el catalanismo de a pie vociferaba en defensa de los políticos presos y la independencia de un lugar tan entrañable como Catalonia a la que se han empeñado en desmembrar en nombre de una determinación que huele a resentimiento y miseria. Allá ellos cuando su Barça tenga que jugar con el Sitges. En fin, que hay cosas por las que es mejor no llorar pues la hartura  sobrepasa los limites de lo cordial en nombre del “mamarrachismo ilustrado” y la tolerancia de una normalidad visibilizada ante un despropósito que se hace tan insufrible como ridículo.
Pongamos por caso, cosillas de aquí y de allá de las que me entero, se llamaba Álvaro y ahora se llama Alba, se ha hormonado y, gracias a los avances de la ciencia, la muchacha puede jugar en la liga de fútbol femenino porque ser futbolista era el sueño de su vida, y mira tú que suerte que, en su debut de pechos enfajados, depilación completa y alta coleta de caballo, Alba marcó un gol y, según confiesa, ese ha sido el momento más feliz de su vida, tanto, que no pudo casi ni celebrarlo porque estaba flotado de la emoción…En fin, no quiero colarme de acidez, Dios me perdone, ni tan siquiera poner un ápice de ironía en el asunto pues como ya estamos tan a la vanguardia del que cada uno haga lo que le salga del “moño”, y nunca mejor dicho,  hay que tener cuidado porque casi todo es machismo sin serlo, abajo el patriarcado, que los padres son machos, y arriba las tetillas desnudas y pintarrajeadas a los altares, que a los hombres hay que ahorcarlos porque hay algunas a las que el “colgajillo”  les da mucho asquito, a los niños no se les puede regañar porque vayan a traumatizarse y sólo hay que dialogar y razonar sin usar, ni se les ocurra, ese “jarabe de palo” que tanto bien nos hizo en nuestra infancia cuando lo bebíamos a la par que chupito de Quina Santa Catalina abriéndosenos el apetito y de paso íbamos acostumbrando el paladar para futuros brindis.
Pongamos también por caso:
– ¿Qué miras?
– Nada en particular.
– ¿Cómo que nada? Si te estás comiendo con los ojos a aquella con pinta de fulana que está sentada en el taburete rojo de la barra.
– Bueno, la he mirado porque me recuerda a Lara Croft, sin más.
– Sí, seguro…sinvergüenza, asqueroso, paga y vámonos, me dejas en casa que ya no voy a comer a casa de tus amigos y así la próxima vez te cuidas de mirar a toda la que se te ponga por delante con esas excusas baratas de que te recuerdan a ridículos personajes de tus absurdos juegos de ordenador…
Y digo yo, querida amiga, tú que bien sabes de mujeres caprichosas, ¿Qué etiqueta le ponemos a esta conversación que escuché días atrás en la terraza de un bar mientras me beneficiaba un vermut? En fin, que no, que aún no puede ser, que falta sentido común, que el honor y el humor no son eso, que hay mucho despropósito desmelenado en nombre de una libertad mal entendida, que el feminismo es otra cosa, que la prudencia y la mesura, junto con otras lecciones aprendidas desde la más tierna infancia, han caído empicadas por el barranco del mal gusto y otras cosillas, y… que ahí lo dejo, continuará…
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
“Mi ruina es mi fortuna”
Thomas Merton

Anuncios