ARTE sin PARTE

3 marzo, 2019

20190303_114543Paseaba, días atrás, por ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid; llevaba en el bolso un sobre con doscientos mil eurillos de nada, total, “el dinero por castigo”; había decidido comprar alguna cosilla que me recreara aún más la vista  después de haber ganado  la bonoloto semanas antes; y mire usted por donde que me topo de cara con una figura del Rey Don Felipe, perfecta y a tamaño real, rápidamente busqué con la vista a quién me pudiese  informar del asunto,  y, sobre todo, de si la figura estaba a la venta o sólo era un maravilloso homenaje a la Patria, en  esta edición del certamen, visto lo revuelto que está el orden  en  Catalonia land y pensé que de venderse sería una buena pieza  para colocar en el mejor  lugar de mi estudio y  poder  rendirle a diario cierta pleitesía al apuesto  Monarca. Se me acercó un muchacho bastante mal parecido y peor acicalado, por detalle, y me informó de que el precio de la “obra” era de 200.000 Euriles, ¡¡¡qué alegría la mía!!!, era justo de lo que  yo disponía  para  comprar  algo sobre la marcha;  pero después, ¡Ay después!, cuando  le advertí de mi intención, me apuntó que  había una condición “sine qua non” para adquirirlo y ésta era que lo tenía que quemar cuán de ninot fallero se tratase.

   – Ah no, contesté con desahogo y cierta dosis de insolencia- Yo lo quiero para que me haga compañía, contemplarlo a cada momento que me apetezca, brindar frente a  su cara por la salud mental de España y la de todos los españoles y,  si la cosa en el lecho conyugal se pone fea o se me rompe mi sobado oso de peluche,  metérmelo en el otro lado de la cama a modo de muñeco de apego.

      Y no, oye, nada, que no hubo manera de convencer al galerísta  y autor confeso de que yo no quemaría esa figura por muchos motivos, uno de ellos mi gusto por  la Monarquía, otro, y no menos importante, que cómo iba yo a hacer eso con los  doscientosmileuriles que con tanta suerte había ganado en un sorteo, a mí que nunca me toca nada, entre otras cosas porque no juego, y, quizá, entre otras,  porque como soy tan afortunadissssima en amores el azar no me sonríe más que en el Roscón  que siempre, siempre me sale la  haba, o sea, pagar, aunque después la gula y la curiosidad me puedan y me tope con algún pinguinillo o muñequilla de gordos mofletes…

     Total, que no hubo compra aunque no me resistí a preguntarle si por encargo me podía hacer uno igual pero de Doña Leticia y que, por supuesto, no tuviera que quemar, me contestó tajantemente que no, que eso iba en contra de sus principios, que era anti monárquico y bastante misógino. Comprendo -le contesté sin pestañear- y desando suerte y que tuviera buena feria me fui por donde llegué y con los dinerillos intactos en el bolso, o era mi Rey el motivo de la inversión o no era nada. 

      Hoy, ardo en deseos de saber si ha vendido la obra, o si estará haciendo las maletas para   acercarse  por Valencia dentro de unos días para hacerle arder la figura al Rey  sin haber ganado nada más que la pequeña gloria que dura la alegría que me llevé cuando de vuelta al hotel abrí mi bolso y allí estaban los doscientos mil  y yo más contenta que una pascuas; tal fue así que me acicalé un tanto y me presenté en “Chicote” a beneficiarme un Ava Gardner, bueno, fueron dos, uno por ti y otro por mí, y ahí quedó la cosa… Y es que el arte, querida amiga, tiene eso, y la parte tiene más de eso que de Arte. 

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                                   “Mientras reposa  el rey en su lecho, exhala mi nardo su aroma”

                                                                                                                                                                                                            Del    “Cantar de los Cantares, 1,12”

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