SURSUM CORDA

3 febrero, 2019

Sursum corda        Arriba los corazones, sí, arriba el ánimo, arriba la alegría, los buenos deseos, las mejores intenciones, la compasión, la ternura, el desinterés, la compañía por el gusto de estar, la palabra grata, el abrazo que reconforta, la sonrisa complaciente.       Cansancio, sí, demasiado cansancio de tanto despropósito, un agravio detrás de otro, un entorno, lo mires por donde lo mires, cuajado de zancadillas, trampas que hacen del ser humano un torpe animal herido sin saber por qué. ¿Dónde estará el limite que marca la línea del sueño, posible o imposible, para el que fuimos creados? Imagen y semejanza de un Dios que no debe acertar a comprender qué pasa, qué ronda por nuestras cabeza para que el desasimiento no sea posible; miedo al “cerrado por vacaciones” aunque al mes de Agosto aún le quede un buen trecho para asomarse, miedo a una soledad que tantas veces es la única opción posible con tal de no rozar la locura y el descontrol con que  tropiezas cuando asomas la cara a esa jungla inquieta, nido de carroña, de ahí afuera, cuna de la sinvergonzonería que no tiene excusa ni justificación por más alto de miras que parezca su propósito.
Secretos que apenas reconfortan, manos templadas que entrelazan los dedos en un abrir y cerrar de ojos cuando cae la tarde y el silencio se convierte en el mejor aliado, fiel amigo con quien alzar una copa de vino que no requiere brindis ni escucha, extraño brillo en unos ojos que vuelcan melancolía aunque sean incapaces de derramar una sola lágrima, notas de entonces, escritas con una tinta que no se lee demasiado bien después de que la fragilidad de un carácter haya dejado paso al abandono mejor cuidado.
Enfados que no conducen a nada, evidencias de un miedo que respeta ausencias y se revela con el tiempo que, como impecable y fiel amigo, no se casa ni siquiera con la más fea, soberbia que puede con los hombres, discursos cuajados del gusto por creerse casi divinos, convertir lo efímero en algo imperecedero, suerte, la suerte del que no apostando a casi nada anhela con un premio que difícilmente puede alcanzar, heridas que de tanto ser lamidas se han enamorado de si mismas y no terminan de cerrar, la cicatriz no tiene cabida entre esos dedos curtidos por el trabajo del día a día, esfuerzo repetitivo que compensa, que no se ausenta, que repone fuerzas, reflexión que demanda silencios, silencios que demandan utopías, utopías que demandan sueños, sueños que no demandan casi nada, si acaso una bienvenida al lugar donde los felpudos sirven para algo más que sacudirse el barro de los zapatos.
Y es que cuando habla el corazón todo lo demás debe callar, tiempo de risas que dejan que la vida decida por ellas, perfecciones dibujadas en el ahora o nunca, cuadros sin terminar, a la espera de una nueva y pronta remesa de colores, hechos y deshechos, que poca importancia cobran cuando uno se da cuenta que nada, apenas nada, tiene la importancia suficiente como para sucumbir al enfado: SURSUM CORDA…

                                                                    .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

                                                  “Ceniza como en vez de pan, mezclo mi bebida con lágrimas”
Del Salmo 102, 10-11

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: