A PROPÓSITO de…

20 enero, 2019

a propósito deTiempos revueltos, demasiado revueltos, como si navegásemos en mares de extremados vaivenes, marejadas que no descansan ni terminan de dormir tranquilas en las faldas de cualquier orilla o recogidas a la entrada de algún puerto de conquista, reconquista, o eso que añora la calma de quién no pretende más emociones que las justas y más agitados despertares que los que regalan las fantasías nocturnas con nombre de sueño encantado.
                ¿Qué corre por la mente de quién gritando se “tira a la calle”,  mientras enarbola la bandera de un rasero malentendido,  vomitando agrio desprecio hacía cualquier criatura que entre las piernas perfile colgantes atributos ?    Se siente odio, visceral, demasiado calculado hacia el extremo de quien pudiera ser nuestro Padre, nuestros hermanos, hijos, compañeros, amigos o simplemente amantes. Y entre ese “totum revolutum” me surge la desconfianza de que a cualquier actitud con cierto requiebro de formas se le tilde de machismo, circunstancias encapsuladas en algunas conciencias  deformadas desde cualquier extravagancia que se hace licita en nombre de una modernidad que raya más el absurdo que la buena voluntad de sabernos lo que somos, al fin y al cabo hijos de Dios y de ese universo que no se engaña ni juega al escondite con un verbo que cansa más que desconcierta.
                Porque no es machista el macho sólo por ser hombre, ni mucho menos; me he topado, y ya llevo algún tiempo dando bandazos por este mundo, con “damiselas” de actitudes mucho más tremendas hacia con quien ellas caminan que la de cualquier hombre, excluyendo, faltaría más, esta ola de crímenes que nos invade y nos atormenta, que todo este saco de despropósitos que ahora se les quiere regalar tan gratuitamente al hombre sólo por serlo; y no, lo siento por si alguien se molesta, yo también lo estoy y bastante, y hasta ahí si que llegan las posturas extremas, tiranas y dictatoriales de muchas que, a la chita callando, y, sin callar, hacen de la existencia un duelo con el único fin de cargarse al contrario como sea, y he visto hombres derrotados, muchos, hundidos, llorando por cualquier rincón con la amargura de tener que tragarse aquello de “los hombres no lloran” porque la vida les regaló una condición  que con el revoloteo de estas mariposas, que ya resultan insufribles, se ha decidido estigmatizarlos como si de apestados seres pendientes de corredor de la muerte se tratase.
           Discúlpenme las extremistas de la causa, insoportables chicas de mareas imposibles, las que se sacan las tetas para algo más que amamantar a sus hijos y sin pudor ninguno se encaraman a los altares como si estuvieran poseídas, sin más respeto que el tildado por un feminismo muy mal entendido, una conciencia retrograda y reprimida y, sobre todo, un sentido común herido de muerte cuando no se sabe gestionar la libertad que puede regalar, y regala, alzar una copa de vino y brindar acariciándose los ojos sin más interés ni más intención que la de disfrutar de una vida que, aunque corta, es ancha, y en la que no deberíamos de enzarzarnos en estas batallas medievales antes de tratar que desde el principio, muy al principio, la educación de la conciencia afinase un poco más en la dirección exacta.
                                                             

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                                “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”
                                                                                 Simone de Beauvoir

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