¿Qué celebra quién no cree?

23 diciembre, 2018

     playmovilmisterio         Y la fiesta sigue aunque no haya hecho más que empezar, continúa como  indecente monstruo que traga y consume, que desbarata  entendederas y atrofia  sentidos entre brindis y abrazos, entre sueños y algarabía, contenturas que preceden a insanas promesas que por norma  hay que seguir, cumplir, y soportar en un despropósito que no sé sabe muy bien a dónde lleva.

      Unidad de vida, sentimientos encontrados que sólo se permiten seguir el curso de un río que casi siempre  está a punto de desbordarse aunque, a veces,  en su tramo final vuelve y revuelve sus aguas al cauce igual que el rebaño al redil, mientras la negra, la díscola, la de la discordia, se queda peinando canas frente al fuego, cantando bajito, casi susurrando, un villancico de aquellos, de zambomba con salivazo, al niño Dios que tan tímido aparece detrás de esta desbaratada luna llena que nos ha regalado el recién llegado invierno.

   Bebed, bebed, malditos, como si fuese el titulo de una película transformado en risas, besos y deseos tan falsos como inestables, tan estúpidos como inciertos, tan fuera de lugar como tantas cosas que se desplazan y desconectan de una realidad apretujada en  un debido cumplimiento tan antiguo como ridículo.

       Esta mañana temprano leía un acertado texto de Thomas Merton que comparto con quienes por aquí se dejan caer cada domingo: “Esta sensación de estar suspendido sobre la nada y, sin embargo, arde brillantemente, añade una indecible dulzura al don de la vida, porque se ve entera y puramente como don, un don que se debe atesorar con gran fidelidad, con un corazón verdaderamente puro”.

…Y por mi parte nada más que desear una Feliz Navidad, de la de verdad, de la que se regodea en el silencio y  el misterio de la Liturgia propia de este tiempo, Salmos que además de ser bellísimos literariamente, acarician el alma y reconfortan el espíritu.

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“…Y aquí tenéis la señal: Encontrareis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre…”

                                                                                                               Lc, 2,12

 

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