LA ULTIMA GOTA

25 noviembre, 2018

20181125_104512[12375]        No siempre la última gota es la que colma el vaso  desparramando el líquido de cualquier despropósito, tantas veces la primera, la que parecía empezar a llenar un recipiente inabarcable, de esos capaces de disimular cualquier grietecilla que al final del tiempo estimado, y, en el preciso momento en el que cierras el grifo  une sus bordes como beso eterno.
           La última gota suele ser la de la desidia, trechos y trochas mancilladas sin recreo ni asueto en un internado que no quiere asomarse a más mundo que el de muros adentro, quizá porque de lo de afuera ya se sabe, quizá, porque con los lustros reconocer la traición, aunque bien se maquille, resulta demasiado fácil, quizá, porque el tiempo enseña más de lo que uno acierta a soñar, o, quizá, simplemente, porque hay lecciones que  nos sabemos tan de memoria que de tanto repetirlas cansan y hasta se olvidan.
           Ahí detrás es tan igual como ahí abajo, como ahí arriba donde los recuerdos se convierten en leños que con el paso de las horas consumen sus astillas y regalan un calor que poco abunda, mientras afuera, sí, ahí afuera siguen gritando los de siempre, los que tiran la piedra y se lastiman ellos solos, los que se regodean en la tiranía de su mediocre estampa, esa que, a fuerza de hacer kilómetros con su torturada entendedera, se imagina que ha cumplido un sueño cuando en un alarde de borrachera o  entrepierna mal cubierta se atreve a la publica replica de una indigna copia.
         Mejor olvida, trata de olvidar, pues el pasado no se conforma con ser ex de nada ni de nadie, porque todo queda en el cajón de los destrozos y las criaturas pasan por la vida de cada cual y ahí dejan su gloria o su miseria, siempre algún recuerdo, algún sueño ahogado, un olor que nunca desaparece y sigue ahí impregnando cada almohada que compartiste, cada sábana que desdoblaste con mimo en tu cama a sabiendas que eso cualquier día se volvería en tu contra, y nunca recuerdas, o no quieres hacerlo, aquella máxima que advierte que las casas son como templos sagrados a las que permitirle a cualquier mamarracho que cruce el umbral suele ser un atrevimiento no exento de consecuencia, y, a pesar de ello, sigues girando en la misma rueda, ruleta de una fortuna que casi nunca se arrima a quien más lo merece, números marcados con los que es fácil que un tramposo juegue al despiste  levantando una copa de vino sin tener en cuenta que el cristal se acaricia por su parte más delgada y que dejar huellas en él por no haberse lavado las manos  no debería  tener perdón de Dios
        Y sí, querida amiga, no siempre la última gota es la colma el vaso…

                                                .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

                                                                                            “Mi reino no es de este mundo…”

                                                                                                                               Jn 18,36

   

Anuncios

MINUSVÁLIDOS y MINUSVÁLIDAS

18 noviembre, 2018

 

      20181118_110604No es muy difícil en estos momentos  andar un poco desubicado y no disponer más que de unas pocas y exactas certezas para construirse una realidad medianamente lógica.     Pongamos la tilde en una cuestión que me hace gracia  pero de la que no quiero saber el porqué ni tampoco buscar una explicación de esas que  terminarían en tachaduras discriminatorias, etiquetas o  medio insultos tales como machismo, feminismo, patriarcado, xenofobia, homofobia y otros  talentos  ante los que  el diccionario se ha tenido que apresurar para limarle ciertas aristas  visto lo visto.

     Y a lo que iba, que no sé por qué siempre los aseos de minusválidos se emparejan con el de la señoras, y que  tampoco sé si es que no hay hombres minusválidos o que en el baño de las damiselas como“ancha es Castilla”  se alivian hombres y mujeres, travelos, marimachos, marimachas, todos y todas con sus limitaciones, sean la que fueren;  porque digo yo que hay diversidad en esto  de las minusvalías, o ¿no? Entonces, y, por no hurgar en ninguna herida, que no quiero  que me vayan a tirar tomates a la puerta de mi casa, pregunto, me pregunto, ¿Qué demonios es uno? Porque ya no se puede pronunciar ni MU, y yo estoy como perdida con esas identidades que cada vez entiendo menos y cada vez me provocan más desprecio a la vez que carcajadas. Resulta que ahora el tema del “patriarcado”, por ejemplo, viene a ser como una lacra indecente por la que hay que andar medio escondiéndose y con la lengua doblada no vaya a ser que…y, en fin, que me digo yo a mi misma que si una persona en sus más íntimos, o no tan íntimos sentimientos, emociones, deseos, o llámelo usted como le de la gana, y por las razones que sea, se siente abanderado de alguna  de las calificaciones arriba enumeradas,  ¿Qué pasa?

      Pues debería pasar lo justo y poco más o menos, porque creo que esta mamarracheria en la que estamos envueltos no tiene más fundamento que la de un papel mojado o una bola de humo cualquiera, y, que a fin de cuentas, la cuestión es que falta respeto, educación y otro par de cosillas que no me atrevo a escribir por si daño sensibilidades de esas de nuevo cuño que se han venido arriba desde que, desgraciadamente, se ha abierto una caja de Pandora inalcanzable para muchos e inaccesible para tantos por cuestiones obvias.

   Total, querida amiga, que hoy no brindo con vino, ni peleón ni bueno, porque la cosa está  rozando unos absurdos y un disparate digno del subdesarrollo, pero  no brindo porque levantaré  la copa a mi salud y a la de quién se lo merezca y después de santiguarme abriré la boca tanto como pueda y me calzaré un buche de estos que arañan la garganta y reconfortan las tripas; y, mientras sí, mientras no, que Dios nos coja serenos y bien confesados aunque el frente burlón me llame “meapilas” y comer jamón serrano y no limpiarse los mocos con la bandera de España sea cosa de “fachas”.

                                                   .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

“Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen”.
                                                       Otto Von Bismarck

 

SEÑALES de DESGASTE

11 noviembre, 2018

 

     20181111_113020Todas las ruedas, todas, por fuertes y de buen material que sean, acaban por perder el dibujo, huella sin seña que va minando cualquier rodaje,  paso del tiempo de un ir y venir que  por dar vueltas en recorridos cortos se convierte en un desgaste en toda regla.

    Y aquel viejo amigo se agazapó en su casa como si de una feroz fortaleza se tratase, castillo interior que hace del desden y el desprecio la más confortable cabaña en la que   descansar y tratar de aprender como se ama con la delicadeza que no exige el guión  de esas películas que uno nunca debió de prestarse a ver. No es fácil amar con sencillez y sinceridad, sin tonterías, halagos ni sentimentalismos, no es fácil darle un giro al guiño de una estupidez que sólo muestra su cara amable cuando se sale con la suya ni tampoco aniquilar lo mas desagradable que el contrario muestra, a fin de cuentas es su propia historia la que  escribe con  líneas torcidas, a fin de cuentas es el contrario. Hay conocimientos que duelen y mucho, certezas que ajenas a la nostalgia huyen de cualquier enamoramiento del que tanto sabemos y cada vez menos añoramos, fatalidades de un rechazo que sólo es capaz de anidar en el silencio, distancia impuesta por uno mismo, respuestas regaladas a una insatisfacción que anida en lo desconocido cuando el látigo de la ternura azota las emociones; preguntas que suponen un pacto, punto de partida al reproche, excesos contenidos en una garganta que se raja por no gritar sin escupir sangre cuando se tiene la certeza de lo difícil que es convertirse en otro sin que el arañazo deje marca.

    Tantas veces en la desilusión y el desgaste anida la felicidad,  ese darse cuenta de casi todo tomando conciencia de que apenas tenemos una sola respuesta medio valida cuando se intenta justificar lo injustificable, tonterías de acá y de allá que no encuentran descanso más que en la estrechez del solitario camino que hay que atravesar antes de dar el salto al vacío.

     Desgaste que asoma sin previo aviso, como esa embriaguez que procura el sorbo de vino  que sin darte cuenta embelesa tus “entendederas” y es con ese trago y en ese preciso instante  cuando decides perder para salir ganando.

       Me puso a prueba y me di cuenta, y, una vez consciente de ello, me escondí detrás de una cortina que arrastraba por el suelo, y, a su vez, yo también usé la prueba como arma arrojadiza para dejar en entredicho lo que no podía explicar, desee su suerte más que la mía, le acompañe hasta la puerta y desde el umbral  le dije sin decir, vete con Dios. Y así, sin darle mas cuartos a ningún pregonero, así, sin más, decidí, sin decidir, despedirme de mí, de esa  sombra que me incomodaba por dentro,   tantas veces inventada y reinventada para nada, esa que hoy ya no se agazapa detrás de una cortina que arrastra por el suelo para esconder sus sin sentidos, ese fantoche desgastado y caduco que  se aburría de mi tanto como yo de él, esa que ya no acertaba a disfrutar soñando con viajar cualquier día a Paris.

                                       .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

“Trata de comprender antes de ser comprendido”

                                      Stephen Covey

VIVIR ESPERANDO

4 noviembre, 2018

20181104_115237  ¿Y si las formas, como manera de relacionarse, fueran impostadas, declaraciones acordadas, resúmenes de tantas novelas leídas  que se cuelan por el entrecejo desde que uno aprende a entender que para caminar entre tanta gente hay que saber  deambular  por el escenario de esto que se llama vivir?
   Que no se vuelva costumbre empezar el día con enfrentamientos, algo habitual en el instante preciso en el que uno pone pie en tierra y asoma la nariz ahí, afuera o adentro, donde la jungla se confunde y confunde la ficción con una realidad tan puntual como el repique de católicas campanas que llaman a rezo.
    ¿Quién será el orgulloso vencedor que se podrá jactar de haber trabajado durante años tanto en el amor  como en el alambre, quién, a poco andar, un día cualquiera no encuentra en su rostro claras señales que acumulan y desgastan el semblante que alguna que otra vez se sintió tan títere como siervo de alguna causa que no lo merecía, quién en una resaca anímica, nada comparable a la de cualquier noche de nobles exaltaciones, entendió, sin necesidad de explicaciones, que hay cierta incompatibilidad entre quererse mucho y fastidiarse más, quién no dudó alguna vez de esas expectativas que se dibujaron inocentemente al principio de cualquier comienzo sin saber, sabiendo, que llevaban directamente al fracaso?
    Será que con los años casi todo se convierte en una mala elección, y, en ese tropezar y levantarse, uno decide que malestar prefiere aguantar cuando le es difícil frenar en la deriva, ignorar sus errores, y/o disimular esa melancolía que conlleva el deseo malgastado en cualquier acto de amor mal entendido.
    Quien no haya sentido alguna vez que el guion miente, se miente, quien diga que alguna que otra vez no se ha enrolado en las filas de un ejército de torpes patanes incapaces de coger el paso, miente también; a quien en alguna ocasión no le haya pesado más la venganza que la vergüenza, y, por miedo, no se haya atrevido a casi nada, vuelve a  mentir, y quien no une complicidades después de un brindis no entenderá nunca como de bien las falsas ilusiones se pueden disfrutar con una copa de vino, a veces dos, a veces las que pida el momento de cualquier despropósito al uso sin que éste sirva de excusa para el reproche.
    Presente sin más, el recuerdo, querida mía, los recuerdos son malos secretarios cuando las fotos ni siquiera han empezado a amarillear, memoria intacta para no mentar el pasado que uno inventa y cuenta a la manera que quiere, y, ¿Por qué no hacerlo de la manera  más bonita y más grata a los ojos de un Dios al que es difícil engañar en este desfile de cojos que regala la vida y en el que no siempre quien marca el paso va en cabeza de tropa ni quien barre la cola es el último de la fila; presente sin más, querida mía.
                                                              .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

                            “Estable es tu trono desde la eternidad, desde la eternidad tu existes”
                                                                        Salmos, 93 (92) 2