¿QUIÉN como BANKSY?

7 octubre, 2018

Bansky       ¿Quién soy yo para opinar de nada? ¿Quién es capaz de escribir sobre algo que no requiera más que un sentir diario, ajeno, distante, distinto, arrinconando el me, el mi y el yo a una orilla en la que ni los caballos  sean capaces de acercarse a beber agua; una esquina  como la de aquellos castiguillos infantiles que, más que reprimendas, suponían un rato en silencio  para pensar lo impensable? ¿Quién soy yo para creer que manejo mis recursos mejor que mis emociones y sin embargo soy capaz de deshacerme en lágrimas cuando la añoranza atenaza mi garganta o el recuerdo me ensortija las tripas después de lamer con gusto un helado de chocolate?      ¿  ¿Quién soy yo para hablar de lo que poco importa mientras ahí, afuera, se contemporiza con cualquier “nininana” de esas que escuecen cuando se pronuncian y uno nunca las comprende cuando el otro no acierta con la palabra oportuna cuán delantero torpón que lanza el balón a la grada aunque el portero esté batido? ¿Quién soy yo para hablar de derrota si hay días que soy incapaz de reírme de mi propia sombra cuando, de un tiempo a esta parte, es mi constante mientras  intuyo  el miedo al fracaso de quien no ha probado el sabor de un beso embadurnado en vino? ¿Quién soy yo para creer en la promesa que quiero hacer y me asusta no poder cumplir teniendo después  que recuperarme del descalabro con esa respiración asistida que sólo es capaz de regalarme uno de mis perrillos?

    Ayer me reí mucho a pesar de los pesares de los últimos tiempos,  de vez en cuando salta una noticia  que te colorea el día, la vida, y  reconforta este absurdo que tantas veces supone lo cotidiano. Banksy,   artista conocido en sus formas y desconocido en su físico, se despachó a gusto con una jugada que pone en tela de juicio  lo sobrevalorado que está casi todo; una de sus obras emblemáticas, la niña volando  un globo con forma de corazón,  usado como símbolo de paz, entre otras cosas, se subastaba en Sotheby´s, afamada casa para tales eventos, la obra se adjudicó por algo más de un millón de dólares, y en el momento que los operarios, tan elegantemente vestidos y con sus manos recubiertas de finísimos guantes blancos, alguien del publico, probablemente él mismo autor, accionó a distancia algún artilugio y la lámina cayó marco abajo haciéndose tiras de papel como  saliendo de una trituradora de esas que hay en las oficinas. Se debió de entretener, antes de mandar el cuadro a la sala, en preparar un marco doble con unas buenas y afiladas cuchillas para que en el momento clave todo quedará en nada.    Paradojas de más de un millón de dólares que probablemente ahora, y a pesar de estar hecho trizas, se revalorizará  tira a tira.

      ¿Quién soy yo para desternillarme de risa con tal acontecimiento? Pues eso, que aún me sigo riendo porque creo que es de lo más divertido que he visto desde hace algún tiempo. Y ahí lo dejo y me sigo riendo.

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                                                 “Verdaderamente no soporto a los seres humanos”

                                                                        Marilyn Monroe

     

                

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