¿LÍMITE o RESPETO?

30 septiembre, 2018

 

20180930_112007     Hay un límite, siempre inexacto, tantas veces invisible, en el que uno salta la barrera, casi sin darse cuenta,  del grito escupido al vacío, del eco que va, vuelve y regresa, deformado y deforme, al lugar desde donde lanzó la queja, el vientre del que nunca debió salir; delgada línea, inexistente coma que no separa nada ni enfatiza astucias, siempre  un límite desdibujado del que uno bien sabe  consecuencias tan ingratas como no deseadas; hay  miedo, una lejanía que no consigue aunar  emociones, hay un llanto escondido, unas lágrimas sordas de codicia que se disfrazan de valentía, prepotencia de quien no encuentra merecido descanso en un sueño que acune silencios y desbarate impotencias.

         Le contó una vez un secreto, una ilusión maquillada de  disparate, un anhelo tan recortado como una caricia sin nombre ni forma de mano  arañada por las heridillas de guerra que se encomienda al día a día y a las noches  que el duermevela mece ilusiones  en el péndulo de un reloj que, incapaz de mover el segundero, se detiene en el crujido de esas maderas que adornan las escaleras que no llegan a ninguna parte.

           Un día ese secreto se volvió en su contra cuán  sana coincidencia que no atina a colocarse el borde de una copa de vino en esos labios que habían perdido la costumbre de besar y  deseaban dejar de pronunciar por pronunciar; un secreto que se enredó en aquel cabello encrespado  de quien premeditadamente olvida el peine y deja la honra en cualquier hotel de carretera, un secreto que sabía bien del límite en la confianza que fracasó el mismo instante que el pudor dejó paso al desencanto.

            Hoy ya no hay límite, el respeto perdió su afán, cansado de pulir la palabra cuando no era necesario más que un insignificante gesto, quizá un guiño, para devolver la confianza a esa promesa que mutuamente se hicieron  y le hicieron a la paciencia.

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 “Las emociones no son un lujo, sino un complejo recurso para la lucha por la existencia”

                                                                                                                                A.R. Damasio

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EN EL ALAMBRE

23 septiembre, 2018

en el alambre    Tiene su aquel eso de “andar en el alambre”, juguetear con él, sin miedo ni pudor, dándole forma y poder deshacerla según si el día haya nacido con sol o medio encapotado; tiene su aquel darle una vuelta y otra, de extremo a extremo, engarzándolo por aquí y por allá, y que donde pensabas que resultaría cualquier figurilla  aparece algo deforme, sin cuerpo ni alma, sin risa ni sonrisa, sin gesto ni compostura, sin apenas nada que mostrar, en definitiva: un pequeño monstruo.

      No es fácil, aunque lo parezca, tampoco es que se trate como del octavo arte, no,  prueba un día con tus manos, y si tienes al uso cualquier herramientilla que se ajuste a tus dedos y a la palma de ésta, mejor,  coquetea con él, enderézalo, engancha un punta y retuerce hacía dentro, ten cuidado, eso si, de que  esté un poco limada de asperezas, no vaya a ser que en el deleite te despistes  mientras le das un sorbo a tu copa de vino y te lastimes las manos, suele pasar, a mí tantas a veces me ocurre y cuando quiero darme cuenta ya la sangre se está asomando por una heridilla, pequeña, apenas perceptible pero profunda,  de esas que escuecen a rabiar y con la que a cualquier cosilla que después quieras hacer  le molesta como si el daño hubiese sido de otra envergadura.

        Y mientras te entretienes formando y deformando espirales la vida sigue y el viaje es la experiencia, esa que no lleva equipaje, esa que no quiere recuerdos, la que se equivoca, la que se desvía a conciencia, la que se cansa de explicar  sin intención de justificar lo que pudiera parecer y ni por asomo es, la que se tuerce y  retuerce en las manos de un Dios que no es ajeno a nada ni a nadie, esa que por incapaz de dormir en extraño regazo  casi quema,  se clava, no permite la obra   de un placer que no se llama a engaño, de una entrega que claudica al mentiroso instante, a la necesidad oscura y oculta que, aunque sea un secreto a voces, nadie sabe, y sólo quien ya entiende más que comprende alcanza a desbrozar como si de entrañable arriatillo  cuajado de hierbabuena se tratase.

     ¿Quién dijo que el alambre carece de poesía, quién  puede descansar cuando  sabe que los días están contados, y quién no es capaz de regalar todo lo que tiene cuándo el precio del peaje que cada mañana cualquier carretera secundaría es capaz de hacerte pagar aunque no haya nadie cobrando y el asfalto esté tan abandonado como los sueños que no se dan por vencidos, quién?

      Llevar el otoño dentro no es más que ser capaz de perdonar lo que tantas veces y para tantos puede parecer imperdonable…

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                                                           “Nuestro legado será una montaña de basura”

                                                            Antonio Muñoz Molina

¿QUÉ PIENSAS?

9 septiembre, 2018

        1536484165926Bien se sabe de la complejidad de algunas cabezas, unas más que otras, otras peor que unas, límites enfermizos que superan barreras sin ni siquiera empeñarse en ello, absurdos varios que en otros atardeceres hubiesen sido motivo de cuarentena o encierro, hoy, resulta, que son juegos sin importancia de cualquier insurrecto que se reconozca con mínima capacidad, por decirlo de alguna manera, permitiéndose la desfachatez de hablar tan sólo porque tiene boca.
Si te preguntan, en un alarde de no sé sabe que gusto por la cercanía campechana, ¿qué estás pensando? Pues según como te coja el cuerpo, la cantidad de pólvora que se te pueda subir a la cabeza, o si no has descansado la noche anterior medianamente regular, puede ocurrírsete una respuesta algo más chistosilla que  cualquier improperio al uso con tal de  destrozar las aristas de un señorío sin bragueta.
Quizá la culpa de ello la tenga esto de las vacaciones de verano que suele ser como la aventura del ir o venir de la feria, la mayoría sueña con ellas, planazos ridículos que no dejan hueco al regodeo ni a la lujuria, cronógrafos pulsados al milímetro desde la parada y fonda, lo que se van a beber o a comer, donde hacer el primer receso y hasta cuando se debe de regresar al lugar de su deslucida rutina con la excusa de regar las macetas en un balcón sin vistas al mar.

        ¿Cómo no me va a hastiar el género humano, incluida yo, con tanta tontería a cuestas, tanta pretensión de cata-vinos sin nariz quienes  lo más fresquito que probaron en su tierna infancia fue el canto de un candado?           Y me embalo, claro que me embalo, cómo no me voy a embalar cuando recuerdo, mientras se desbarata el cielo y cae desmelenada el agua esta tarde de Septiembre al que de pronto tanto añoran los condenados a una indecente estancia de luces de neón y burócratas sin título.
Hay que ser torpe, verdaderamente torpe, para preguntar en qué se piensa, hay que haber visto mucho mal cine para copiar y pegar previsibles guiones a la medida de una vida que sueña con que la princesa de su cuento sea tan guapa, tan guapa, y tan lista, tan lista que no sea capaz de merecerla ningún gañan que no tenga nombre de poeta.
Tiene su encanto no echar de menos a nadie, tiene su aquel agradecer que en la mañana, bien temprano, cuando uno abre el ojo al lado contrario de la cama descanse la confortable usanza de quien, aunque no tenga las formas perfectas ni los sueños más alocados, te ahorre el problema que regala cualquier sustillo cuando el día no ha hecho más que empezar y no tienes demasiado bien engrasadas las bisagras de las entrañas.
Mejor no me preguntes en qué pienso, No vaya a ser que me arme de valor y te lo diga….
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                         “El necio, entre otros males, posee éste: siempre trata de comenzar su vida”
Epicuro

¿ QUÉ ES ENGAÑAR ?

2 septiembre, 2018

1535870411178Hay poco de mentira en el engaño, sinvergonzonería delicada para momentos delicados en relaciones delicadas. Verdad sobrevalorada frente a un estigma que hace de la debilidad costado vulnerable ante el dardo, casi siempre envenenado, de quien se coloca bajo la campana que repica llanto de afrenta.
    Se atreven, los osados que desconocen la lujuria y vacilan al vaivén de las olas  sin saber apenas nadar, a poner en cuarentena cualquier deseo, placer oculto que roza el pecado, haciendo gala de una incompetencia que enmascara frustración y miseria en el mejor de los casos, en el peor, sería cruel atrevimiento mío hurgar en la herida de quien no tiene capacidad de sentir más que al alzar una copa de vino.
       Cuando el reproche se disfraza de conciencia la astucia del feo se hace como invisible a los ojos de quien se niega a  mirar fantasmas dedicados a maquillar su locura mientras se instala Septiembre dándole un puntapié a ese Agosto repetitivo y monótono en el que no es aconsejable compartir lecho con momias ausentes que sólo procuran calor del malo. ¿Por qué será que hay gente que huele a problemas que apesta, por qué la ignorancia está mucho más consentida que ese engaño que limita las fauces de la amargura  de una vejez que se presenta sin previo aviso?
    Desidias que corroen todo lo que rozan en proceso lento, tranquilo, en una tarea de erosión que colma y calma la impaciencia de quien más tiene que perder. Quizá engañar sea ser un vampiro, gracieta del insurrecto que hace suyo lo que no le pertenece conjugando como propios los verbos aprendidos en labios que debieron de escupir después de besar, quizá engañar debe ser el precio, impagable, de aceptar lo que nunca debió de ser admitido, reconocer la garra cobarde que araña la espalda mientras el otro dedica su tiempo a cualquier noble causa en nombre de cualquier estupidez que no tiene seña. Quien no siente no engaña, desgracia que el tiempo no sólo no alivia sino que indispone y propone ante una guillotina que no se reconoce cuando el pecado se lleva en una penitencia de vínculos enfermizos y recuerdos que no deberían de salir a flote mientras al contrario le estás apuntando al centro de la cabeza, previo aviso, eso sí, para que después no se queje ni denuncie argumentando que lo sorprendiste dándose la vuelta.
    Prefiero que me engañen a que me cuenten ridículas verdades borrachas de remordimiento, prefiero un buen silencio, una arcada agria, la que precede al vómito, del empacho repugnante, aferrado a la garganta, cuando te has ganado la  “pepona” que rifaban en la tómbola de las fiestas del pueblo.
     Bien sabe Dios que hay días en los que creo que he perdido las ideas antes que la calma cuando el mundo de las emociones me despista mientras me entretengo con cualquier arbolillo del jardín de atrás rumiando nombres sin apellido o descabezando el sueño de quien despierto quisiera entender alguna tontería que no suponga quebradero de cabeza; y llega Septiembre, y con un poco de suerte ya no habrá polvo alguno sobre las mesas de cristal en las que descansaron los sudorosos vasos del mes pasado; con suerte, la rutina reconducirá a “cada mochuelo a su olivo”, con suerte cruzaré la calle para no encontrarme con las ojeras de quien engaña y sigue enarbolando la teoría de la sabiduría refranera como si de bandera de conocimiento se tratase.
        Salir por la puerta de atrás y sin despedirse no es engaño, es liberación y descanso…
                                                                            .-.-.-.-.-.-.-.-.-
                              “ Todo el camino está marcado por el trágico temor de no ser amados…”
                                                                                                         Marion Woodman