MUJERES

4 marzo, 2018

 

1520157236236_adobeCriaturas que  escaparon de “la costilla de Adán” para ser la suya propia cuando en algún momento de su existencia recogieron el relevo de la leyenda  tomando las riendas de su vida; mujeres válidas, valerosas y valientes que, arrastrando un carro cualquiera, han sido capaces de poner en entredicho, tantas veces en tela de juicio, alguna que otra jerarquía al uso, abuso y costumbre, de un tiempo que de tan poco lejano pudiera parecer ayer mismo; mujeres que apenas dieron más ruido que la tarea silente, pausada y discreta de un día a día que se antojaba faena de hormiga recolectora para un invierno que se avecinaba difícil; mujeres en la sombra, tantas veces ninguneadas por el dedo acusador de quien no acierta a comprender que a pesar de que la biología, madre naturaleza inamovible, decidió una observancia marcada por ritmos naturales más que por una capacidad demostrable para cualquier empresa en la que se involucrase, la generosidad, no siempre agradecida de poder ser madre hasta el momento del último aliento, es patrimonio de la mujer.

           Mujeres que templan desafinadas gargantas de algún que otro mamarracho que enarbolando la bandera del sinsentido se atreve a pronunciar improperios caducos  como si de épocas poco recordadas se tratase; mujeres con memoria a las que el tiempo reconoce, no sin esfuerzo, que el respeto y la sabiduría nada tienen que ver con la prudencia que algún que otro día también supuso cierto sometimiento a la decencia, mujeres que se asoman a lugares dónde alguna vez estuvieron vetadas como si del más elitista coto de caza para “señoritos de antaño” se tratase; mujeres que lloran y a la vez secan las lágrimas de una prole que, tan inconsciente como ignorante, acierta a valorar demasiado tarde que la conquista ya no es cuestión de un cortejo añorado sin más; mujeres que ya no doblan sus tobillos desde que los zapatos de tacón dejaron de ser “santo y seña” de una dama, las mismas que pueden saborear un sorbo de vino y brindar  sin miedo al pecado, mujeres que agradecen a Dios esa presencia que significa la mano amiga, el abrazo a tiempo, la pregunta adecuada y el sabio silencio; mujeres que cuentan y cantan que la falda corta ya no es sinónimo de facilidad y que un escote gracioso puede ser algo más delicado que la gastada osadía del truhán que se asomaba porque le venía en gana a la ventana de la indiscreción; mujeres que se duplican y cuadriplican para llegar a todo sin que apenas se note, mujeres de hoy, de ayer y de siempre…Mujeres.

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                                                     “La realidad humana es libertad”

                                                      Simone de Beauvoir

 

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