DÉJALA ESTAR

30 julio, 2017

IMG_7195Déjala estar, ahí detrás, agazapada tras el rosal aquel que ya quemó las espinas de la insolencia a fuerza de podarle las ramas envejecidas, déjala estar, atolondrada por los sueños imposibles que en las interminables tardes de verano  resuenan  a música celestial, déjala estar, en ese lugar que más recuerda al vientre materno que a una época de madurez trasnochada, déjala estar, allí dónde nada pueda enturbiarse a pesar de que el viento venga torpón y con el paso cambiado, déjala estar, ahogando recuerdos en el silencio de una casa que tantas noches hace invisibles sus muros, déjala estar, y si llora, déjala llorar, déjala estar, sazonando con paciencia la pócima que inventa cada mañana cuando el día se presenta tan insolente y maleducado como ella, déjala estar, reposando inquietudes y sufragando ausencias mientras reclina su cabeza en el sillón de siempre, déjala estar, cuando mide las distancias con más mesura que las palabras que nunca se deberían de haber pronunciado, déjala estar, nadando a contracorriente en unas aguas que sin oleaje ni marejada auguran buena travesía, déjala estar, en el patio de atrás, ahora que hace más fresquito que en cualquier otra parte, déjala estar, sin miedo a que su ausencia sea como el desamor, un camino sin retorno, déjala estar, alzando sin pudor esa copa de vino que le enjuaga las lágrimas que sin ton ni son se desparraman por sus mejillas cuando los sentimientos afloran, déjala estar, creyendo que todo fue un sueño o quizá una incierta mentira de la que ya no quedan más que unas efímeras cenizas, déjala estar, retorciéndose en una fragilidad que lejos de ser abandono colma los más íntimos deseos del monstruo que todos llevamos dentro, déjala estar, aferrándose a Dios, ¿acaso no ves que su fe es lo único capaz de calmar su tantas veces atormentada existencia? déjala estar, dibujando en tu mesa sin importarte que la punta de su lapicero cuartee el barniz que el tiempo va dejando sin pátina, déjala estar, madrugando, levantándose  al alba mientras  tú aguardas contando los minutos para el primer beso del día.

Déjala estar, ahí detrás, agazapada tras el rosal aquel que ya quemó las espinas de la insolencia…déjala estar.

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                                                                    “Todavía no sé lo que desean las mujeres”

Freud

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