RINCONES

18 junio, 2017

IMG_6540Esquinas en las que se arremolina un polvo que por mucho que se barra no desparece sino con el tiempo. Rincones del alma, basurilla acumulada como incipiente sarro difícil de arrancar si uno se abandona a la desidia.

Y después de sanear rincones me siento sin prisa a escribir en la mesa de la cocina, hago como Murakami cuando decidió dedicarse a ello y, tras emplearse en trabajos poco valorados, pudo hacer sólo eso.

Un par de cafés para despertar la conciencia, un calor que atolondra los sentidos y desata rancias emociones que parecían tranquilas; el anonimato de un extrarradio revalorizado y el esfuerzo de buscar ante todo la honestidad, aunque ello suene a música celestial y provoque carcajadas, me ocupan buena parte del tiempo.

Recuerdos medio deshechos, como  camas  que se niegan a  ser cortejadas por mesitas de noche en las que se colocaba de todo hasta que un día decides sanearlas y que el lecho sólo sea un lugar para descansar, dormir o amar.

Preciosos y precisos espacios iluminados con luz natural y en los que, aunque apenas se vea, ahora puedo estar a gusto a cualquier hora del día sin necesidad de pulsar un interruptor.

Imagino floristerías que no duerman y permanezcan, en un alarde de romanticismo, veinticuatro horas del día abiertas por si alguien desea enviar flores a cualquier hora, al uso o en desuso regalar un ramo sigue siendo una buena costumbre y un delicado detalle de cualquier cosa.

Ahuyentar al miedo, miedo a las sombras, al silencio que se instala entre cuerpos desarmados tras el inapropiado insulto, miedo a rodar por esas escaleras que conducen al sótano de los despropósitos cuando uno ha perdido la estabilidad desgastándose en historias tan absurdas como el cuento de nunca acabar.

Basura que se acumuló, y, que tras el ultimo adiós, queda para quién no se va, limpiezas necesarias, cajones medio vacíos que permiten encontrar lo que se busca apenas con un golpe de vista sin necesidad de revolver nada, y bodegas de nuevo repletas de buen vino para derramarlo conversando, soñando, anhelando, y brindando por lo que ni se sabe.

Rincones que esperan sueños alegres y buenos deseos exterminados tras los restos del naufragio por ese diablo que cuando acepta que Dios existe pierde la fuerza que las torpes pasiones tan gratuitamente le regalaron.

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                                                                      “El lenguaje silencioso engendra fuego”

                                                                        Alejandra Pizarnik

 

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