…LO QUE BIEN ACABA

11 junio, 2017

 

IMG_6431Y uno escribe de lo que le acontece sin recurrir a la imaginación más que para disfrazar las palabras, tantas veces prohibidas, que, rozando lo clandestino, se alían con el miedo como si de una rutinaria costumbre se tratase. Días de obligado reposo, un virus, cuyo nombre siempre recordaré, se acomodó por mis entretelas, abandono entre sábanas humedecidas por un sudor que sin entender de dignidades ni rencores añoraba una mano que le tentase la frente por si la fiebre desbordaba al entendimiento o un temblor cualquiera pudiera sucumbir a una tristeza explicable.

…Y los días corrieron tan a favor del viento como de mi recuperación mientras apenas sucedía nada, mientras el tiempo se paralizaba, cuajado, en una incertidumbre que exigía decisiones; lágrimas disimuladas en una trabazón de garganta que estrujaba una memoria amenazada con desempolvar la lista de agravios nunca recitada; improperios deslavazados, un sueño, la inquietud de pensar que siempre hay un punto y final para el cuento que no empezó con aquel “erase una vez…”  que ya tan lejano queda.

Y las fuerzas vuelven, y la ilusión, entonces desvanecida, se hace hueco y retoma su lugar, ese que nunca debió ceder al antojo de una amargura que buceaba por dentro, pues la tristeza, al igual que el sorbete de mojito, ya no se lleva, al menos este verano no; hagamos sopas de letras, estiremos las arrugas que acumularon el frío del pasado invierno, cuerpos al sol, caricias soñadas, besos con principio y sin fin, imaginación, anhelos que despegan con fuerza desde la posición horizontal, cordoncillos largos al cuello de los que no se sabe muy bien que cuelga hasta que en un golpe de osadía alguien se atreva sin pudor a tirar de ellos hacía arriba hasta desvelar el secreto que no tiene candados.

A fin de cuentas no es tan difícil quererse bien, entregarse sin reservas, beber del mismo cáliz sin miedo al contagio, callar después de haber hablado de más, descubrir los matices del color negro, que los tiene, aunque aparezcan tan escondidos, caminar sin más, sólo por el gusto de dar un paseo, cantar y desafinar sin que eso suponga un problema ni una molestia con queja al alza, dormir siestas hasta que el cuerpo, embriagado de sueño, demande cualquier jugo que acalore los sentidos.

Reposo obligado que toca a su fin, ciclos que se cierran, buenos deseos, los mejores, y calma, mucha calma para no meter la pata más que lo justo y necesario…

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“Para conocer la calidad del vino no hay necesidad de beberse todo el barril”

                                                                                 Oscar Wilde

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