El ARTE de AGUANTAR

14 octubre, 2018

       el arte de aguantarLa vida está cuajada de desastres, también, como no, de artes y partes, por fortuna; pongamos por caso el arte de guisar, el arte de esperar, el arte de dibujar, el arte de saber mirar para otro lado, el arte de beber, el de hacerse el tonto o la tonta, llamado del disimulo, y otros tantos que para qué enumerar. Bastante tiene cada uno con el suyo, y, sobre todo, con perfeccionarlo para hacerse el dormido antes de que el contrario asome la nariz por la puerta de la alcoba.

      Y este introito, con el que  casi juego al despiste, viene al caso porque pensaba estos días en hacer un “mastercillo” de esos rápidos, la licenciatura ya la tengo enmarcada y todo, en el arte de aguantar, sí, sí, en ese mismo y sin desvariar ni un ápice hacía cualquier corriente existencialista,  metafórica, ni nada parecido; la materialidad de AGUANTAR, con mayusculas y bien grandes, sombreadas, subrayadas, y en negrita, si hiciera falta. 

     No hay princesa ni cuna, por alta ni ancha que ésta sea, que no tenga que curtirse  en ello mientras la vida va que vuela, cortando el aire del absurdo, hacía la infalible meta a la que todos  llegaremos. Tiempo ha me decía alguien a quien mucho quiero y  más respeto, entonces eramos jóvenes  y nos vomitábamos todo tal y como nos venía a la boca, -Nieves hay que aguantar mucho, y tú no aguantas nada-, esa criatura  me sacaba, y, me sigue ganando,  algunos años de ventaja,  algunos centímetros de altura y otros pocos de cintura; aquello pasó sin más pena ni gloria que la discusión que, segura estoy, aunque no la recuerdo bien, porque esas cosas se suelen perder en la memoria, y   ahora, por arte de birlibirloque, me atraviesan el cerebelo como sentencias que en su día tanto me incomodaban. Se ve que entonces me creía cuerpo glorioso y que no había nacido para aguantar ni media;  en aquel error encuentro hoy el sí quiero del “Arte de Aguantar,” disciplina de sabios dónde la haya y los haya, terapia de humildad y bien nacido de quien recorre la vida intentando asumir lo poca cosa que somos y como Dios juguetea con nosotros a ese escondite del que creemos nunca se nos van a ver los pies cuando nos agazapamos detrás de cualquier cortina de humo. Y claro, también me llegó la hora, como a todo hijo de vecino, el momento oportuno en el que ya no valía el “aquí te pillo, aquí te mato” que con un castiguillo de poco calibre zanjaba el asunto, y me tocó tragármelas dobles, triples, y, a veces, hasta cuádruples, y así he tratado de entender que aunque “en el pecado uno siempre, siempre, lleva  la penitencia, no pasa nada,  que en ese silencio de aceptación sin resignación está la grandeza del saberse sostenido cuando uno se abandona en manos del que sabe, en esa providencia que nunca juega con la casualidad y sí con el sosiego de ser capaz de seguir creyendo que en un pequeño sorbo de vino se puede consumar un misterio que sólo se entiende cuando la fe, aunque sea la del carbonero, nos ampara.

      Y la vida va, y quien tenía que seguir aquí sigue, y quien debía de quedarse aquí se ha quedado, y quien es capaz de llegar hasta el final de sus días con la palabra GRACIAS entre los labios es el que  merece la pena a pesar de los pesares y otros tantos aguantes que por venir están.

    Aquí lo dejo por hoy…

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                                                       “Supliqué y me fue dada la prudencia”

                                                                       del Libro de la Sabiduría 7,7

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¿QUIÉN como BANKSY?

7 octubre, 2018

Bansky       ¿Quién soy yo para opinar de nada? ¿Quién es capaz de escribir sobre algo que no requiera más que un sentir diario, ajeno, distante, distinto, arrinconando el me, el mi y el yo a una orilla en la que ni los caballos  sean capaces de acercarse a beber agua; una esquina  como la de aquellos castiguillos infantiles que, más que reprimendas, suponían un rato en silencio  para pensar lo impensable? ¿Quién soy yo para creer que manejo mis recursos mejor que mis emociones y sin embargo soy capaz de deshacerme en lágrimas cuando la añoranza atenaza mi garganta o el recuerdo me ensortija las tripas después de lamer con gusto un helado de chocolate?      ¿  ¿Quién soy yo para hablar de lo que poco importa mientras ahí, afuera, se contemporiza con cualquier “nininana” de esas que escuecen cuando se pronuncian y uno nunca las comprende cuando el otro no acierta con la palabra oportuna cuán delantero torpón que lanza el balón a la grada aunque el portero esté batido? ¿Quién soy yo para hablar de derrota si hay días que soy incapaz de reírme de mi propia sombra cuando, de un tiempo a esta parte, es mi constante mientras  intuyo  el miedo al fracaso de quien no ha probado el sabor de un beso embadurnado en vino? ¿Quién soy yo para creer en la promesa que quiero hacer y me asusta no poder cumplir teniendo después  que recuperarme del descalabro con esa respiración asistida que sólo es capaz de regalarme uno de mis perrillos?

    Ayer me reí mucho a pesar de los pesares de los últimos tiempos,  de vez en cuando salta una noticia  que te colorea el día, la vida, y  reconforta este absurdo que tantas veces supone lo cotidiano. Banksy,   artista conocido en sus formas y desconocido en su físico, se despachó a gusto con una jugada que pone en tela de juicio  lo sobrevalorado que está casi todo; una de sus obras emblemáticas, la niña volando  un globo con forma de corazón,  usado como símbolo de paz, entre otras cosas, se subastaba en Sotheby´s, afamada casa para tales eventos, la obra se adjudicó por algo más de un millón de dólares, y en el momento que los operarios, tan elegantemente vestidos y con sus manos recubiertas de finísimos guantes blancos, alguien del publico, probablemente él mismo autor, accionó a distancia algún artilugio y la lámina cayó marco abajo haciéndose tiras de papel como  saliendo de una trituradora de esas que hay en las oficinas. Se debió de entretener, antes de mandar el cuadro a la sala, en preparar un marco doble con unas buenas y afiladas cuchillas para que en el momento clave todo quedará en nada.    Paradojas de más de un millón de dólares que probablemente ahora, y a pesar de estar hecho trizas, se revalorizará  tira a tira.

      ¿Quién soy yo para desternillarme de risa con tal acontecimiento? Pues eso, que aún me sigo riendo porque creo que es de lo más divertido que he visto desde hace algún tiempo. Y ahí lo dejo y me sigo riendo.

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                                                 “Verdaderamente no soporto a los seres humanos”

                                                                        Marilyn Monroe

     

                

¿LÍMITE o RESPETO?

30 septiembre, 2018

 

20180930_112007     Hay un límite, siempre inexacto, tantas veces invisible, en el que uno salta la barrera, casi sin darse cuenta,  del grito escupido al vacío, del eco que va, vuelve y regresa, deformado y deforme, al lugar desde donde lanzó la queja, el vientre del que nunca debió salir; delgada línea, inexistente coma que no separa nada ni enfatiza astucias, siempre  un límite desdibujado del que uno bien sabe  consecuencias tan ingratas como no deseadas; hay  miedo, una lejanía que no consigue aunar  emociones, hay un llanto escondido, unas lágrimas sordas de codicia que se disfrazan de valentía, prepotencia de quien no encuentra merecido descanso en un sueño que acune silencios y desbarate impotencias.

         Le contó una vez un secreto, una ilusión maquillada de  disparate, un anhelo tan recortado como una caricia sin nombre ni forma de mano  arañada por las heridillas de guerra que se encomienda al día a día y a las noches  que el duermevela mece ilusiones  en el péndulo de un reloj que, incapaz de mover el segundero, se detiene en el crujido de esas maderas que adornan las escaleras que no llegan a ninguna parte.

           Un día ese secreto se volvió en su contra cuán  sana coincidencia que no atina a colocarse el borde de una copa de vino en esos labios que habían perdido la costumbre de besar y  deseaban dejar de pronunciar por pronunciar; un secreto que se enredó en aquel cabello encrespado  de quien premeditadamente olvida el peine y deja la honra en cualquier hotel de carretera, un secreto que sabía bien del límite en la confianza que fracasó el mismo instante que el pudor dejó paso al desencanto.

            Hoy ya no hay límite, el respeto perdió su afán, cansado de pulir la palabra cuando no era necesario más que un insignificante gesto, quizá un guiño, para devolver la confianza a esa promesa que mutuamente se hicieron  y le hicieron a la paciencia.

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 “Las emociones no son un lujo, sino un complejo recurso para la lucha por la existencia”

                                                                                                                                A.R. Damasio

EN EL ALAMBRE

23 septiembre, 2018

en el alambre    Tiene su aquel eso de “andar en el alambre”, juguetear con él, sin miedo ni pudor, dándole forma y poder deshacerla según si el día haya nacido con sol o medio encapotado; tiene su aquel darle una vuelta y otra, de extremo a extremo, engarzándolo por aquí y por allá, y que donde pensabas que resultaría cualquier figurilla  aparece algo deforme, sin cuerpo ni alma, sin risa ni sonrisa, sin gesto ni compostura, sin apenas nada que mostrar, en definitiva: un pequeño monstruo.

      No es fácil, aunque lo parezca, tampoco es que se trate como del octavo arte, no,  prueba un día con tus manos, y si tienes al uso cualquier herramientilla que se ajuste a tus dedos y a la palma de ésta, mejor,  coquetea con él, enderézalo, engancha un punta y retuerce hacía dentro, ten cuidado, eso si, de que  esté un poco limada de asperezas, no vaya a ser que en el deleite te despistes  mientras le das un sorbo a tu copa de vino y te lastimes las manos, suele pasar, a mí tantas a veces me ocurre y cuando quiero darme cuenta ya la sangre se está asomando por una heridilla, pequeña, apenas perceptible pero profunda,  de esas que escuecen a rabiar y con la que a cualquier cosilla que después quieras hacer  le molesta como si el daño hubiese sido de otra envergadura.

        Y mientras te entretienes formando y deformando espirales la vida sigue y el viaje es la experiencia, esa que no lleva equipaje, esa que no quiere recuerdos, la que se equivoca, la que se desvía a conciencia, la que se cansa de explicar  sin intención de justificar lo que pudiera parecer y ni por asomo es, la que se tuerce y  retuerce en las manos de un Dios que no es ajeno a nada ni a nadie, esa que por incapaz de dormir en extraño regazo  casi quema,  se clava, no permite la obra   de un placer que no se llama a engaño, de una entrega que claudica al mentiroso instante, a la necesidad oscura y oculta que, aunque sea un secreto a voces, nadie sabe, y sólo quien ya entiende más que comprende alcanza a desbrozar como si de entrañable arriatillo  cuajado de hierbabuena se tratase.

     ¿Quién dijo que el alambre carece de poesía, quién  puede descansar cuando  sabe que los días están contados, y quién no es capaz de regalar todo lo que tiene cuándo el precio del peaje que cada mañana cualquier carretera secundaría es capaz de hacerte pagar aunque no haya nadie cobrando y el asfalto esté tan abandonado como los sueños que no se dan por vencidos, quién?

      Llevar el otoño dentro no es más que ser capaz de perdonar lo que tantas veces y para tantos puede parecer imperdonable…

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                                                           “Nuestro legado será una montaña de basura”

                                                            Antonio Muñoz Molina

¿QUÉ PIENSAS?

9 septiembre, 2018

        1536484165926Bien se sabe de la complejidad de algunas cabezas, unas más que otras, otras peor que unas, límites enfermizos que superan barreras sin ni siquiera empeñarse en ello, absurdos varios que en otros atardeceres hubiesen sido motivo de cuarentena o encierro, hoy, resulta, que son juegos sin importancia de cualquier insurrecto que se reconozca con mínima capacidad, por decirlo de alguna manera, permitiéndose la desfachatez de hablar tan sólo porque tiene boca.
Si te preguntan, en un alarde de no sé sabe que gusto por la cercanía campechana, ¿qué estás pensando? Pues según como te coja el cuerpo, la cantidad de pólvora que se te pueda subir a la cabeza, o si no has descansado la noche anterior medianamente regular, puede ocurrírsete una respuesta algo más chistosilla que  cualquier improperio al uso con tal de  destrozar las aristas de un señorío sin bragueta.
Quizá la culpa de ello la tenga esto de las vacaciones de verano que suele ser como la aventura del ir o venir de la feria, la mayoría sueña con ellas, planazos ridículos que no dejan hueco al regodeo ni a la lujuria, cronógrafos pulsados al milímetro desde la parada y fonda, lo que se van a beber o a comer, donde hacer el primer receso y hasta cuando se debe de regresar al lugar de su deslucida rutina con la excusa de regar las macetas en un balcón sin vistas al mar.

        ¿Cómo no me va a hastiar el género humano, incluida yo, con tanta tontería a cuestas, tanta pretensión de cata-vinos sin nariz quienes  lo más fresquito que probaron en su tierna infancia fue el canto de un candado?           Y me embalo, claro que me embalo, cómo no me voy a embalar cuando recuerdo, mientras se desbarata el cielo y cae desmelenada el agua esta tarde de Septiembre al que de pronto tanto añoran los condenados a una indecente estancia de luces de neón y burócratas sin título.
Hay que ser torpe, verdaderamente torpe, para preguntar en qué se piensa, hay que haber visto mucho mal cine para copiar y pegar previsibles guiones a la medida de una vida que sueña con que la princesa de su cuento sea tan guapa, tan guapa, y tan lista, tan lista que no sea capaz de merecerla ningún gañan que no tenga nombre de poeta.
Tiene su encanto no echar de menos a nadie, tiene su aquel agradecer que en la mañana, bien temprano, cuando uno abre el ojo al lado contrario de la cama descanse la confortable usanza de quien, aunque no tenga las formas perfectas ni los sueños más alocados, te ahorre el problema que regala cualquier sustillo cuando el día no ha hecho más que empezar y no tienes demasiado bien engrasadas las bisagras de las entrañas.
Mejor no me preguntes en qué pienso, No vaya a ser que me arme de valor y te lo diga….
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                         “El necio, entre otros males, posee éste: siempre trata de comenzar su vida”
Epicuro

¿ QUÉ ES ENGAÑAR ?

2 septiembre, 2018

1535870411178Hay poco de mentira en el engaño, sinvergonzonería delicada para momentos delicados en relaciones delicadas. Verdad sobrevalorada frente a un estigma que hace de la debilidad costado vulnerable ante el dardo, casi siempre envenenado, de quien se coloca bajo la campana que repica llanto de afrenta.
    Se atreven, los osados que desconocen la lujuria y vacilan al vaivén de las olas  sin saber apenas nadar, a poner en cuarentena cualquier deseo, placer oculto que roza el pecado, haciendo gala de una incompetencia que enmascara frustración y miseria en el mejor de los casos, en el peor, sería cruel atrevimiento mío hurgar en la herida de quien no tiene capacidad de sentir más que al alzar una copa de vino.
       Cuando el reproche se disfraza de conciencia la astucia del feo se hace como invisible a los ojos de quien se niega a  mirar fantasmas dedicados a maquillar su locura mientras se instala Septiembre dándole un puntapié a ese Agosto repetitivo y monótono en el que no es aconsejable compartir lecho con momias ausentes que sólo procuran calor del malo. ¿Por qué será que hay gente que huele a problemas que apesta, por qué la ignorancia está mucho más consentida que ese engaño que limita las fauces de la amargura  de una vejez que se presenta sin previo aviso?
    Desidias que corroen todo lo que rozan en proceso lento, tranquilo, en una tarea de erosión que colma y calma la impaciencia de quien más tiene que perder. Quizá engañar sea ser un vampiro, gracieta del insurrecto que hace suyo lo que no le pertenece conjugando como propios los verbos aprendidos en labios que debieron de escupir después de besar, quizá engañar debe ser el precio, impagable, de aceptar lo que nunca debió de ser admitido, reconocer la garra cobarde que araña la espalda mientras el otro dedica su tiempo a cualquier noble causa en nombre de cualquier estupidez que no tiene seña. Quien no siente no engaña, desgracia que el tiempo no sólo no alivia sino que indispone y propone ante una guillotina que no se reconoce cuando el pecado se lleva en una penitencia de vínculos enfermizos y recuerdos que no deberían de salir a flote mientras al contrario le estás apuntando al centro de la cabeza, previo aviso, eso sí, para que después no se queje ni denuncie argumentando que lo sorprendiste dándose la vuelta.
    Prefiero que me engañen a que me cuenten ridículas verdades borrachas de remordimiento, prefiero un buen silencio, una arcada agria, la que precede al vómito, del empacho repugnante, aferrado a la garganta, cuando te has ganado la  “pepona” que rifaban en la tómbola de las fiestas del pueblo.
     Bien sabe Dios que hay días en los que creo que he perdido las ideas antes que la calma cuando el mundo de las emociones me despista mientras me entretengo con cualquier arbolillo del jardín de atrás rumiando nombres sin apellido o descabezando el sueño de quien despierto quisiera entender alguna tontería que no suponga quebradero de cabeza; y llega Septiembre, y con un poco de suerte ya no habrá polvo alguno sobre las mesas de cristal en las que descansaron los sudorosos vasos del mes pasado; con suerte, la rutina reconducirá a “cada mochuelo a su olivo”, con suerte cruzaré la calle para no encontrarme con las ojeras de quien engaña y sigue enarbolando la teoría de la sabiduría refranera como si de bandera de conocimiento se tratase.
        Salir por la puerta de atrás y sin despedirse no es engaño, es liberación y descanso…
                                                                            .-.-.-.-.-.-.-.-.-
                              “ Todo el camino está marcado por el trágico temor de no ser amados…”
                                                                                                         Marion Woodman

AHÍ DETRÁS

26 agosto, 2018

1535275795870     Detrás de esa puerta que se cierra de frente, cara a cara, ante la intimidad de un deseo ahogado desde quién sabe qué tiempo hará, ahí detrás, donde cualquier pose se deja caer enredándose en unas sábanas por desarmar y unas  emociones soñadas que  siempre terminan llegando, ahí detrás es donde aquel suspiro que lanzaste al vacío, medio recortado, casi dormida yo, mientras trataba de contar las veces que no fue posible encontrarte a pesar de haber andorreado por los recovecos de tus entrañas y los dobleces de unas razones que  no parecían reales, ahí detrás es donde te voy a emplazar para que dejes caer tu máscara de olvido y recortes tus palabras mientras muy bajito pronuncias una jaculatoria que yo inventaré para ti después de haber jugado al escondite con el deseo, ahí detrás tararearemos cualquier coplilla de esas que uno va entonando en el coche mientras recorre a oscuras esas carreteras que no se hicieron para el olvido, ahí detrás Dios nos enseñará, como tantas veces, que no hay que dejar que la prisa  acorrale al perdón ni  la pausa nos agazape en la desidia recordando  aún sin querer recordar, ahí detrás, donde la belleza se vuelve casi imperfecta cuando las gargantas no aciertan a pronunciar más que la palabra justa aunque ésta, tantas veces, no sea la más oportuna, ahí detrás, donde las cerraduras abandonan su llave sin apenas girarla una vuelta, otras, dejando la puerta entreabierta y los brazos encogidos ante un momento que no sucumbe a nada más que a la lentitud de las manecillas de un tardío reloj, despacio, muy despacio entre unos cuerpos que sólo quieren descansar al abrigo del silencio y al amparo de un fugaz te quiero.

         Ahí detrás es donde soy capaz de esperar aunque no tenga la certeza de que vayas a venir…

                                                              .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

                           ¿Quién eres tú, dulce luz que me llena e ilumina la oscuridad de mi corazón?

                                                                                                     De un poema de Edith Stein

EVIDENCIAS

19 agosto, 2018

 

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   Hay quien no sabe disimular, quien no quiere hacerlo, y quien se empeña con verdadero ahínco y feroz dedicación en mostrar, orgulloso, su estado de ánimo como si de una buena jugada de póker se tratase, pasando, repasando y sobrepasando cualquier barrera cuán bravucón y saltarín enano que sueña con ser torero.
    A ojos vista siempre fue norma de corrección maquillar un mal momento, bandear el vaivén de cualquier desazón que nos martillease las entrañas, contener el socorrido llanto que endulza milongas y , mucho más, muchísimo más, engullirse la queja que indispone, condiciona y sobresalta al otro, aún en el mejor de los casos, del peor es mejor ni pronunciarse…
     Incomodar al contrario, ese con el que te tropiezas cada mañana en el pasillo de tus entrañas, parece aventura más propia del azar que asignatura pendiente de un suspenso que se quedó en el fondo de ese cesto en el que se sacuden papelillos muy bien doblados y que cada mañana uno saca, escogiendo sin ver, como si de caprichoso azar se tratase, la actitud con la que va a engalanar su día mientras ahí fuera llueve, truena o se zarandea el mundo sin más prisa que la que supone una incondicional espera.
     Empeño voraz y feroz en hacer evidencia del malestar, de lo que duele, lo que se siente o se vislumbra por sentir, y siempre, eso sí, que no falte ni se afirme lo contrario, en nombre de una confianza muy mal entendida y exclusivo deseo,  lo tengo más que comprobado, de propiciarle al otro una hendidura bien pronunciada dónde ponga en cuarentena cierto sentimiento de culpabilidad, por ser un poco delicada, siendo un tanto bruta me atrevería a decir que dando rienda suelta al sadismo del que nadie estamos libre.
    Y Agosto se va diluyendo sin prisa, como cada año, indecente como siempre, impaciente como nunca, medio desesperado como es su costumbre, inmóvil, cuajado entre temperaturas que no dan para mucho más que para alimentar una espera ante la certeza de saber que está ahí, detrás de esa puerta que nunca se cerró porque no se merecía un portazo despechado; Agosto de mi alma, satisfacción engullida que ahoga la garganta y el grito de la cortesía bien intencionada y mejor interpretada, Agosto de sueños imposibles y miradas bañadas en ese río que arrastra melancolía, tardes que se acortan, noches que asustan y mañanas que regalan un “ Buenos días, mi verdad menos reconocida”
       Y sí, es que hay quien no sabe disimular, ni quiere, ni puede hacerlo…
                                                 .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
                                      “No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda.”
                                                                                                   del Salmo 138

LA VENGANZA SE ESCONDE MAL

12 agosto, 2018

     1534067970988 Casi siempre la venganza suele aparecer después del fraude, diestros y siniestros de un resentimiento  que aflora  cuando las armas aún no están bien dispuestas ni mejor preparadas. De un tiempo a esta parte la palabra, voraz y arrojadiza como dardo indecente y despechado, es a la fiera  que menos temo.

        ¿Quién será nadie para hablar sin pudor de reproches, quién, en sus cabales,  será tan atrevido como para pedir cuentas ante un silencio capaz de prolongarse en el tiempo mientras apaga el ascua de un despropósito que ya no existe ni se le espera?

          Jugar con fuego suele tener  delicadas consecuencias, incluso jugar, aún sin él, muchas más si uno baraja al azar los naipes  que desatinadamente marca cuando se despista en asuntos que ya no son de incumbencia propia.

          Es difícil tomar en cuenta a alguien que enarbola la bandera del intento en nombre de un Dios en el que no cree ni confía, alguien, como todos, como tantos, más víctima de sí mismo que verdugo del otro, y, que con sólo bajar la mirada hace de su ombligo el centro de una placeta en la que es difícil tomar la alternativa pues para torear hay que ser muy gallardo defendiendo lo que no tiene seña ni santo. Letras y más letras para rodear un par de palabras que en nombre de la prudencia serían más fáciles y nobles de pronunciar  antes que ensañarse con uno que por allí  pasaba y que, por esas cosillas que tiene la vida o porque le dieron una buena patada en el culo, no quiso quedarse, y después se alegra.

         Vuelve, casi todo vuelve y el mejor vino ahí sigue,  reposado,  aguardando copas de un cristal  más transparente y menos resquebrajado que el de ayer, y, mientras, Agosto se queja y muestra los dientes, como cada año, con ese calor riguroso  que detiene sus noches en las manecillas de un reloj que se beneficia a la  brisilla  que dibuja la sombra de un amor a distancia.

        Trátala bien, le dijo, en un alarde de confianza; y, entre ese intermedio y el abrazo  imaginado, qué sabrá nadie de cómo el gesto ahogado, la palabra a destiempo,  o cualquier  torpeza al uso desbaratan la ilusión que, por callada y secreta, no puede ser contenida.

         Y es que todo está por llegar…

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                                                                                               ¡Yo soy la herida y el cuchillo!

                                                                                                       Charles Baudelaire

    

TODO o NADA

29 julio, 2018

 

     1532856545484Ese termino medio en el que  no se sabe muy bien si está la virtud, esa a la que no le cantan los poetas porque ellos tampoco saben de mitades en el camino,  es el inexacto punto  en el que uno tantas veces se instala y vive casi con respiración asistida,  justo donde una palabra equívoca se descuelga en inoportuno momento, el mismo que hace del deseo una excusa para vivir escondido   cuando hay distancia entre lo prometido y la deuda; delgada línea que por insobornable, tantas veces insoportable, deja pasar las mejores oportunidades que añora una ausencia sin reproches.

      Llenar las copas de vino para no apurar el ultimo sorbo suele ser hasta pecado cuando lo enmaraña la prisa de cualquier día cargado de incertidumbre y desesperanza mientras ahí fuera, allí lejos, uno dibuja y colorea las sombras de un obligado sentir; y es que nadie quiere un imposible ni desgastarse una noche tras otra en insomnio prolongado. Hay cierto encanto en esa nada que recorre las treguas que se van concediendo mientras la espera no hace más estragos que los propios de una impaciencia servida a la carta o al capricho de quién nunca visitó el rincón del desaliento.

    Y de nuevo asoma Agosto con desasosiego,  sin previo aviso y con los planes justos para no sucumbir al desaire,  vacío de cada año que suele prometer una desazón más llevadera por aquello de la lección aprendida; pero no, siempre el imprevisto, siempre la sorpresa y la añoranza de los brazos que  necesitan  más compañía que la fuerza de una rutina que no quiere convertirse en costumbre.

    Treinta y un días en los que pareciese que la vida se congela o se derrite y las calles se ausentan; unos van, otros llegan desde cualquier sitio hasta  ninguna parte intentando lo imposible en el mejor de los casos,  en otros,  recogiendo velas de un barco que sigue sin atreverse con el “Mar de los Sargazos”.

       Delicado asunto ese del reproche a destiempo, en ese justo momento en el que todo y nada se regala con una imprudente mentira cuando  no se alcanza a comprender por qué se ahoga la ilusión con la misma facilidad que uno deja secar sus cabellos al sol en estos días de verano. 

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                                              “Si hablar es plata, escuchar es oro”

                                                                          Proverbio