SIEMPRE NOS QUEDARÁ…

20 mayo, 2018

 

1526809080596Hay palabras que no son suficientes para cerrar heridas, hay quien se conmueve cuando percibe el dolor ajeno y hace caso omiso al suyo; es de ingratos fomentar cualquier emoción para después condenarla sin más escrúpulos que los propios intereses. Tantas veces es necesario tensar la cuerda de los sentimientos procurando que no se rompa, y si esto pasase y hubiese que dar alguna estocada procurar, al menos, que sea lo menos desleal posible; pongamos por caso cierta frialdad con  una dosis de ternura que contagie cercanía, compasión bien entendida sin tintes de fetichismo alguno.

Hay quien para destruir le da igual la amistad que la enemistad, solemnes inclinaciones a una majadería que no entiende más que de brindis en copas de vino medio llenas porque el estado del medio vacío se le quedó encerrado en la jaula de los despropósitos. ¿Quién no se ha visto alguna vez inclinado a una tentación de renuncia por disgusto o cansancio? ¿Quién no ha escuchado cantos de sirena entre recuerdos que se fosilizan mientras la espera ya no es una actitud que requiera profunda implicación? Quizá no haya que temerle al aburrimiento, el aburrimiento se vuelve útil si uno no se enreda en su propia debilidad.

Me gustó esa mañana ver como cepillaba a su perro, con calma, con esa parsimonia que suele envolver a criaturas de tranquila conciencia, me gustaban sus manos, siempre seguras de lo que manejaban, sabiendo balancear el cepillo de un lado para otro con esa delicadeza suficiente que impide llevar las púas hasta la piel del animal y provocarle algún daño aunque éste sea por su bien. Lo hacía con tiento y talento, sin vacilar entre el miedo y la inseguridad que suele provocar la torpeza o esa fealdad que dibuja cualquier amargura que corroe y avanza despacio en su tarea de erosionar hasta los sentimientos más nobles.

Dicen que la categoría de un ser humano se mide por los vínculos que crea, yo me atrevo a dudar de ello pues entre la limitación y el regular hacer al que tantas veces nos obliga la vida la referencia más exacta sólo es la que Dios nos muestra aunque casi siempre suela ser a golpe de cincel y martillo porque nuestra imperfección  rallar a menudo en lo imposible cuando el corazón se halla embriagado de ira.

Dicen tantas cosas que la palabra SIEMPRE es lo único que nos queda…

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                                                   “Quién no tiene suelo bajo sus pies no puede tener a Dios”

                                                                                              Dostoievski

 

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AHÍ DETRÁS

13 mayo, 2018

 

1526199454915Se quedó ahí, detrás, en la imprudente distancia que marca una soberanía  desgastada por el abuso que convertido en despropósito tiende al insulto; y no, no es demasiado cierto aquello de que “donde hubo fuego quedan brasas”, tantas veces sólo un resto de resentimiento y cierta nostalgia maquillada por el desanimo de quien envejece regular. Los pasos perdidos  se vuelven patosos cuando quien los dirige apunta el dardo envenenado hacía la traición de alguna confidencia en  cualquier mediodía abandonado a una suerte que no pertenecía y el herido se siente más víctima que verdugo y el aliento  no le es suficiente ni tan siquiera para desgarrar sus bronquios con la calada de un pitillo.

La torpeza que produce el exceso se ríe a carcajadas, ahí detrás, cuando sabe con certeza que las manecillas del reloj corrieron desfavorablemente para quien desgastó su garganta  en barras de taberna explicándole a cualquiera que pasaba por allí que  algunas damas orinan de pie. Guerras ganadas a golpe de una constancia que apenas sirve más que para confundir a paladares de borrachos de vino peleón que se envainan cualquier botella rellenada con los culos que otros fueron desechando. Y esa risa, ay amiga, esa risa que ya no sabe batirse en más duelo que el que regala la incertidumbre de saber si mañana el sol aparecerá por el este o el oeste, o si la lengua se habrá afilado lo suficiente por la noche y el improperio que tocará será algo más conseguido que el de ayer según si los sueños han sido más absurdos que profundos. Mientras tanto el reflejo se torna espejo y uno ve sus miserias enmarañadas en el otro, en el de enfrente, en ese alma que se dejó caer quemando su único cartucho para intentar llegar a la meta aunque fuese en el ultimo minuto y sin necesidad de batir record alguno, tan sólo por el gusto de cruzar la delgada línea que separa al abandono de la derrota. Y hay que agradecer, siempre agradecer por tanto y tan poco a la vez, por haber entendido a la perfección que es mucho más fácil abrir las piernas que el corazón, que la entrega se vuelve bastante indecente cuando la explicación es más absurda que la mentira vomitada mientras crece la nariz y nadie parece darse cuenta.  

El tiempo juega y hace efímeras máscaras de cartón que con cualquier tormenta de saliva se ablandan transformándose en una masa desfondada  y amorfa en la que no hay manera de esconder restos de dulzura.

-Apaga y vámonos, que Dios no se confunde, levanta velas, suelta amarras y sal pronto de este engañoso puerto,  nos queda mucho viaje por delante,  deja ahí detrás  esa muñeca de trapo que recogimos aquella tarde en el quicio de la puerta pensando que era nuestro regalo de aniversario, anda, date prisa que nos queda mucho viaje por delante…-

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                                                                             “No estoy en situación de imaginar a una persona entera porque no soy una persona entera”

                                                                            Clarice Lispector

                                              

ES FÁCIL…

6 mayo, 2018

 

1525599102516Buceando entre los rellenos del desamor intento creer que no es tanto un camino sin retorno, como cantan y cuentan los poetas desvelados, y sí una maraña de impotencia en la que se ahoga la impaciencia de quien no comprendió que desde una incertidumbre con pinceladas de respeto también se puede amar. Adiestramientos demasiado pegados al tuétano de unos huesos que han desperdiciado la vida en calzarse ajustadas medias por el capricho de hacerse las piernas algo más estilizadas en poses que pertenecen a unas actitudes más parecidas a cualquier novela del oeste que a convivencias que intentan trepar sin freno por el camino de un propósito  común.

Es fácil esconderse en palabrejas de mal estilo desde un anonimato con nombre y despellejar lo que ni siquiera se sabe ni se siente como propio, es cómodo querer hacer del otro un contrario con el que batirse en duelo cuando desde la ignorancia se presupone lo que no es exacto, cuando la imaginación, esa “loca de la casa” juega con el aburrimiento de quien necesita una explicación para lo que su empañada mente imagina, es fácil eso de la “paja en el ojo ajeno” y traicionar a la confianza que desde la confidencia de alcoba uno regaló a quien no se lo merecía, es fácil patalear cuando el juguete parece roto y ya no pertenece a nadie, es fácil armarse de un valor embriagado en vino peleón y, sin escrúpulos ni miserias, hacer una oda al despropósito mientras el contrario se jacta de honor, buena conducta e impecable hacer; y es mucho más fácil abrir la piernas antes que el corazón para desde el despecho enarbolar una bandera que de ser ondeada un poco más fuerte de lo que acertaría el viento haría vomitar la propia bilis y el desencanto de una vida paralizada en aguas que huelen mal.

La rabia hay que dosificarla a ritmos tranquilos, las palabras no son suficientes para cerrar heridas y ni mucho menos para mostrarse como ejemplo instruido de un sentir torpe que quizá nunca tuvo más fundamento que cualquier experiencia personal disfrazada para guiñol de verbena de pueblo. Sólo quien lleva demasiado otoño dentro es capaz de perdonar el pecado cuando se percibe el dolor de quien maquilla sus miedos para esconder su cólera.

…Y es fácil suponer la debilidad moral  en un personaje retocado y sin terminar cuando lo encuentras navegando en la insensatez que regala la imaginación a quien Dios no dotó de buenas maneras y la naturaleza, que suele hacer bastante bien las cosas, le endosa una trastornada memoria para que sea capaz de recordar cualquier vieja historia que acierte a juzgar con nostalgia a quién grita sin pronunciar porque con el tiempo aprendió que es mucho mejor corregir que juzgar, y ahí lo dejo…

                                                               .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.    

                                                   “Escribir es a veces una forma disimulada de llorar”

                                                                                    Andrés Aberasturi

 

 

1524995230280Además de grandes dosis de ignorancia hay sentencias y sentencias, borreguísmo ilustrado frente a un mar de Sargazos que se revuelve en un temporal que no entiende de más barcos que los que se quedan atracados en puerto por si acaso la bravura desmesurada del resentimiento fuese capaz de hacerlos encallar por torpe descuido de grumete sin título.

De un tiempo a esta parte cualquiera se pronuncia, casi todos hablan y pontifican de cotidianos  acontecimientos que saltan a la prensa y las redes sociales con tintes sensacionalistas, como poco, y muy populistas en la mayoría de los casos. Para opinar sin vomitar agrio hay que tener cierto conocimiento de causa por mínimo que éste sea, no basta quedarse impresionado con el bombazo que sale a la palestra detrás de intereses creados, no basta la rencilla desdeñosa que pone en boca del insurrecto acostumbrado a empujar para salir en la foto, no basta leer cualquier sensacionalista titular de periódico gratuito de la mañana, no basta…hay que tratar de llegar a cierto fondo de la cuestión; quizá entretenerse en leer una sentencia, pongamos por caso, para saber que nueve años de cárcel no es moco de pavo, que hay una delgada y finísima línea que delimita los conceptos jurídicos y el trabajo de profesionales con un oficio y beneficio que no puede quedar cuestionado imprudentemente, que el beneplácito de todos no está servido cuando sólo se destapa el tarro de las esencias para movilizar a una sociedad, adocenada en su mayoría, capaz de correr detrás de cualquier caramelillo envenenado con tal de dormir en paz pensando en su ejemplaridad como ciudadano de a pie.

Locura y linchamiento colectivo, miedo me da, opiniones taberneras que entre “vasovino y vasovino y lléneme usted camarero” tratan de enderezar, por llamarlo de alguna manera, un sistema judicial con ciertas aristas mejorables, no cabe duda, pero también con serios años de estudio y rigor para que de un plumazo cualquier “ilustre fregona” intente aniquilar como si de asunto baladí se tratase.

Conste que YO LA CREO, conste que nadie más que ella sabe lo que sintió en ese portal la noche de autos, a pesar de que el alcohol, los toros y la fiesta la tuvieran algo confundida, conste que como mujer y como persona se me abren las carnes si me imagino alguna vez en situación parecida, conste que alcanzan mis entendederas hasta eso y más allá, pero también conste que me irrita sobremanera como el fervor popular se sale de tiesto sin más argumentos que levantar los brazos porque hoy toca ir allí.

Un poco de respeto, por favor, un poco de entereza para no desfondarnos en panfletillos más propios de “princesa del pueblo de tele basura” que de ciudadanos democráticos afanados en hacer una sociedad más justa y equitativa sin ocuparse en la critica destructiva de quien de todo sabe, de todo opina y de todo hace “santo y seña” a golpe de buscador de internet. Zapatero a tus zapatos, que dice el chascarrillo, cada uno sabe lo que tiene entre manos y cargar contra profesionales formados, contra compañeros incluso desde las mismas entrañas del sistema, es una grandísima falta de respeto además de otras lindezas varias en las que no me atrevo a entrar; ahí lo dejo por hoy y que Dios nos coja confesados…

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“Nada alegría es comparable a la que me produce el lametón de mi perro cuando vuelvo a casa”

                                                                    De la entrevista a Mercedes Milá en Salvados

¿CUESTIÓN DE QUÉ…?

22 abril, 2018

 

1524388799401No hay límite al saltarse la línea, fina, fínísima, que marca el despertar  del monstruo que llevamos dentro mientras el sol, ahí fuera,  empieza a dar señales de vida. Emociones sobrevaloradas que atienden al miedo cuando tienen la certeza de que la felicidad es más plena tras la desilusión, que, quizá, cuando se pierde uno sale ganando, que la derrota no tiene por qué ser una vergüenza, y que el desánimo no cunde entre almas repatriadas de una ausencia capaz de amar sin egoísmos, quizá como se ama a una idea, quizá porque cuando las personas no son tuyas es más fácil  renunciar a la tortura.

Tantas veces no hay respuestas y las palabras se derriten, como lo hace una bola de helado mientras nos entretenemos en cualquier otra cosa que no sea darle lametones para mantenerla sin desvanecerse cucurucho abajo, tratando de justificar lo injustificable, y, tantas otras, el miedo, ese extraño compañero de viaje, juega al escondite con nosotros mientras desatiende a sus acólitos.

Sería graciosos ser como las cucarachas que, después de ser pisadas, poco a poco, ellas solitas, recuperan su forma y vuelven a caminar como si nada hubiese pasado, bichejos capaces de sobrevivir más de un mes sin agua ni comida alguna, repugnantes y despreciadas tal vez por ese color oscuro que recuerda  luto mortuorio.

¿Dónde situar la tragedia si a pesar de perder en duelo sin espada uno es capaz de alzar la copa de vino y embriagar su entendimiento sin confundir el verbo ser con el estar en el preciso momento en el que los cristales se unen, gimen sin algarabía y el brazo se encumbra para llevarse hasta los labios el filo de una copa cargada de noches en duermevela?

Entregarse a la ignorancia también tiene su encanto, abandono consciente de una moralidad de antaño ante la que es difícil entender que Dios no castiga y que el demonio es  caprichoso cuando  pregona y pontifica desde el púlpito del resentimiento con el único fin de enredarte con su rabo y adormecer conciencias que algún día se ahogarán en el vómito de su borrachera.

Dicen que recordar no es oportuno para el insurrecto que corre tras la premura de cualquier anhelo torpón, que a ciertas edades comer de más es una pequeña ordinariez, que aparentar lo que no pertenece es asunto baladí y que, tal vez por ello, nadie apuesta a caballo perdedor aunque a veces, tantas veces, la vida, en un instante, en un segundo robado  al aire, es capaz de volverse, como  calcetín pasado que necesita zurcido, y demostrarnos que nada pierde el que se arriesga y que nada sabe el pretencioso que estira su cuello para otear por encima de no sé sabe qué hombro, y mientras trata de mirar sin ver tropieza con una piedrecilla insignificante y se desploma al suelo siendo el hazmerreír de su propia sombra.

Cuestión de respeto, cuestión de orgullo bien entendido, cuestión de honor, cuestión de humor, cuestión de vida sin más, y ahí lo dejo…

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                                                                “El pasado ya no es lo que era”

                                                                 Chesterton

 

1523781594186Como si de indecente amorío  se tratase parece estar de moda una exagerada apreciación a la mal llamada verdad; actitud que roza la decadencia de quién no atina  con dardos envenenados a conseguir “la muñeca pepona” cuando el centro de su diana ya no es más que un yermo  enfangado por ese juego de actitudes que sólo a los resentidos pertenece.

Se habla de más y se reflexiona muy poco,  lo justo para escoger cualquier vino en fecha señalada, se cuentan los días desde atrás hacia adelante con tal de no entender que todos no podemos acceder a todo, que las distancias se establecieron para algo más que torturar a los amantes que extrañan sus  manos  bailando entrelazabas como péndulos insignificantes que dejaron de amedrentarse ante un cuerpo  sacudido por el agrio vómito del pretencioso.

Y no, no es necesario opinar de cualquier cosa con tal de ocupar un tiempo que ahoga y desenmascara, no, no es necesario recurrir ni al más mínimo insulto para reconocer la deuda que la trampa es capaz de inventar cuando la frustración  del capricho no conseguido asoma la patilla por debajo de la puerta, y, sin más, te muestra que el pájaro  empieza a remontar  vuelo hacia tierras más cálidas y anhelos más cercanos.

 Por ahí hablan de la posverdad, especulaciones tan absurdas que hay días en los que da miedo abrir los ojos y saltar de la cama por si acaso el de turno que, harto ya de estar harto, se le ocurre, en un alarde de inspiración de entrepierna, desordenar una intimidad preciada y preciosa que por descuido un día dejaste entrever; líbrenos Dios del asesino sin sueldo que comparte mesa y mantel con su víctima mientras escudriña con ojos de cordero enamorado el punto débil de quien astutamente en una ocasión se atrevió a dejarle entrar más allá del quicio de su mancebía, líbrenos Dios, pues poco más allá del argumento insulso que sólo pretende manipular al venerado te endosan  cualquier indecente propuesta de amor eterno en la que  el pobre náufrago,  sin defensa alguna, te ve, a lo lejos, como si de una barquita carcomida a la que se aferrarse se tratara.

Lágrimas de sal, sonrisas que no pueden abrir los labios de quien nunca entenderá que un brindis no es sólo alzar la copa, que el tiempo no perdona, que el insulto bravucón de macho de taberna sólo conduce a la desazón, que hablar para no decir nada es un antiguo juego  en el que el YO más soberbio suele colocarse por delante para esconder vaya usted a saber que absurdo, y que no hay que sacar pecho con cualquier pequeño logro porque bien  sabe  el diablo que en siguiente resbalón suele ser donde el torpe incauto que ya se cree victorioso se  rompe la crisma.

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“Disfruté de olerte antes de que me abrazaras”

de una carta de Virginia Wolf a Vita Sackville-West

¿TODO o NADA?

8 abril, 2018

 

1523170965641El límite entre el todo y la nada es débil, fragilidad simulada, digamos minúscula, tantas veces imperceptible. Surge una delgada línea, como escondida, que se suele cruzar sin consciencia, apenas sin voluntad para desplomar cualquier barrera por pequeña que ésta sea, y a veces como imaginario muro de lamentaciones que al ser rozado por el despropósito se torna irremediable.

El coste de un desprecio suele ser ingrato cuando se ha dado la vuelta al calcetín de la ilusión como si de redecilla vieja de artesano pescador se tratase; no siempre el precio de la apatía raya la impertinencia cuando se tiene en cuenta que existen miedos que sólo le pertenecen a uno y actitudes tan acunadas en egos inflados y requeteinflados por el módico precio que cuesta una invitación para pasearse por el filo de alguna deseada navaja afilada. Predicar desde el atril de la insolencia suele ser lo más ridículo en lo que entretenidos personajes se contonean, pavoneándose en imaginarias virtudes, haciendo de sus taras una enseñanza al uso como si de gran gurú de lo razonable se tratase. Y, ¡Ohhhh, maldita sea! uno parece estar perdiéndose la oportunidad de su vida sólo porque el todo y la nada ya son cuentas trasnochadas y ahora uno se recrea en alegres brindis con criaturas decentes mientras ahí fuera el tiempo concede pocas treguas y aquí dentro los besos de amantes que dejaron de ser furtivos ennoblecen los consejos de ese Dios que nos sostiene con la única pretensión de mostrar el más adecuado camino.

Y es que hay tantos trucos que ya sirven de poco, estrategias de viejo guerrero que aún se cree capaz, a pesar de los pesares, y recrea su peroratas en una arrogancia más propia de cualquier tuercebotas  que, después de que su equipo haya sufrido una derrota, justifica su amargura por ser victima de un caprichoso entrenador que le tiene inquina, en lugar de reconocer  desde la humildad sus escondidos defectos.

Todo o nada para un insomnio que tiene solución, que es sólo cuestión de tiempo y paciencia recoger el sueño que repara las manecillas de un reloj que muestra todas las horas de la noche como si de colmillos de un depredador ingrato se tratase, horas en las que uno toma la horizontal y, con un poco de suerte, puede dejarse caer entre los brazos de un Morfeo de carne y hueso que acierta a regalar altruistamente un beso de “buenas noches”.

Y sí, el límite entre el todo y la nada es un invento de cualquier pensadorcillo aspirante a filósofo que en el término medio creyó encontrar la virtud y no la alegría de vivir, sin saber que la sapiencia con la que se es capaz de contar un cuento, disfrazado de mentirijillas, para recrearse en la fantasía antes de retozar junto a una promesa de lealtad inamovible es casi placer de Dioses. Ese es mi todo y mi nada, lo demás son “nininanas” de aquellas que nos contaron cuando jugábamos a ser felices sin serlo…

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                                            “Escapé de la línea de tu fuego, ya no he vuelto a ser acribillada…”

                                                                           Gloria Fuertes

PALABRA de PINGÜINO

1 abril, 2018

Doblado, redoblado, tanto o más que la punta de un dardo que por descuido o quizá falta de atino se ha retorcido después de que el centro de la diana haya hecho mella en él. Imprevisible extrañar lo que se tiene, aquello que fue tu vida, su piel, un olor que te acompañó durante aquella juventud que se extingue a fuerza de moldear los recuerdos sin nostalgia. No siempre es fácil llorar, no siempre las lágrimas, espesas y saladas, son proclama de una emoción que hoy se recrea en distancia apenas salvada con sólo volver la esquina. Bullicio que desconcierta, un río de gente atora los pasos serpenteando calle arriba, camino de casa, camino de alcoba y, mientras tanto, horas de asueto, besos sin entregar, añoranza que sólo se despega de una carne endurecida a golpes de huida.
Cuéntame qué haces cuando no estoy, ¿Acaso juegas en tu mesa con aquello que te regalé mientras dejábamos que el tiempo corriese a favor de la vida y en contra de nuestra premura por escapar cuàn amantes furtivos? Cuéntamelo sin pudor.

Ahí fuera proclaman que el insomnio no tiene más cura que unos brazos capaces de abarcar la desdicha del sonámbulo que, distraído, ahogó su risa mientras ésta naufragaba contando y cantando para llamar la atención de cualquier querubín que tuviese la amabilidad de enredarse en unas sábanas gastadas por el rejumbre de su ausencia, dicen que el primer sorbo de vino contiene la llave del candado de la impronunciable palabra, ebrios de pasión los labios se confunden sin querer y queriendo se entregan y nublan sus entendederas a sabiendas que Dios también es capaz de alzar una copa imaginaria en medio del brindis por la buena fortuna, dicen que te vieron rondando mi puerta mientras yo, en la habitación de atrás, dibujaba tu recuerdo en blanco y negro, dicen que hay que ser valiente para soportar cualquier cosa que no tenga explicación, también me dijeron que apostar es cosa de gente que frecuenta tabernas y, sin embargo, ahora que por fin vivo en la parte sombría, apuesto por ti y me juego a ciegas mi colección de lápices de colores al número que sólo tú y yo sabemos, también oí decir que los pingüinos, a pesar de andar siempre en grupo, eligen una pareja para toda la vida y que por ello son exquisito símbolo de romanticismo, eso dicen, no sé si es verdad pero quiero creerlo y me lo voy a creer.
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“Mitad víctimas, mitad cómplices, como todo el mundo”
Jean Paul Sartre

Tiempo de vuelta que se recrea, que vuelve y se revuelve incapaz de darle una tregua al olvido, distancia que sólo sirve para ser consciente de que la nostalgia alimenta el desencanto. Días interminables, oscuros a pesar de que la luz hace ya algunas horas que se mudó de estación y transformó los relojes, aquellos que tantas veces dejamos encima de una mesilla de noche, en confidentes de nuestros despropósitos.

Me advirtiò que el silencio ya no es el mejor consejero para una causa que aprende a fuerza del error confesado y el pecado atrevido que supone la ingenuidad del beso a escondidas. ¿Qué sabe Dios del recuerdo aquel emborronado de làgrimas? ¿Què dirà Dios del miedo que cada noche se hace amante mientras esperas el abrazo de quien medio perdído en aquella estación desapareció del mapa de tus emociones como si se lo hubiera tragado la tierra?

Una oración, súplica ahogada en la garganta que brinda contigo por un recuerdo que se hace sorpresa, sorpresa que se vuelve impronunciable demanda, demanda que no entiende más que de la satisfacción que supone saberse querido.

Tiempo de vuelta, espera que inquieta, y los días… sin tregua, ilusión indecente, añoranza sorda, emociones que dejaron de oler a pasado para sembrar por mi casa un rejumbrillo de risas descaradas ahora que los silencios acaban de ser prohibidos en un coto que sin miedo al disparo fallido levantó de nuevo la veda a las ilusiones.

Y el tiempo, siempre el tiempo…

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                                                     “El “yo” es màs remoto que cualquier estrella”

                                                                                                     Chesterton

NO ES TAN DIFICIL

18 marzo, 2018

         1521367480267Entre la mente y la mano hay un camino bastante más corto que entre el deseo y la experiencia. A veces, crear desde cero no es necesario, ahora no es necesario, sé lo que debo saber, apenas necesito la confidencia del secreto mejor guardado que, tarde o pronto, será una proclama como esas que suelen quedarse bajo las sábanas de amantes capaces de cualquier disparate.       Memoria que acumula y te suelta cuando menos lo esperas, que anda y desanda centímetros, un milímetro, quizá, para recorrer los tiernos labios que nunca fueron ajenos ni extraños.    Emociones vivídas desde la indefensión, protestas sordas que, por impronunciables, resultan ser el dulce vómito de quién a gritos contenidos demanda una muestra de cariño aunque ésta sea leve, trucos que unas veces no sirvieron de nada ni para nada y, otras, ahora, resultan ser el mejor pespunte para un descosido que parecía irreparable; y es que el error bien entendido y mejor cometido puede ser causa de algarabía cuando una copa de vino se levanta sin miedo al descalabro y con el primer sorbo se ahoga cualquier telaraña enganchada a tu garganta como si de ingrata garrapata se tratase.

       No es tan difícil creer en Dios cuando la evidencia se asoma desde una puerta que no se atrancó por desuso y sí por pereza, no es tan difícil abrazarse al perdón cuando la única excusa para enarbolar la bandera de la soberbia es una altivez trasnochada e incómoda, no es tan difícil encontrar la palabra oportuna aunque la mañana te haya despertado con una resaca de sentimientos que parecían no ser tuyos y una promesa de lealtad que se topó de frente con una madrugada impropia de este tiempo, no es tan difícil hacerle un guiño al despropósito sin ánimo de lucro y sin darle demasiadas pistas al enemigo, no es tan difícil recrearse en la nostalgia sin que duela y aliarse con ella como si de fiel amigo se tratase, no es tan difícil saltarse la moderación que marca la regla cuando la risa te sofoca mientras pronuncias su nombre, no es tan difícil reconocer sus formas en medio de tanta gente que va y viene, apenas su voz, hoy quebrada, y sus entrañas, coloreadas de una tinta poco habitual, me dejan volver a trazar los gestos que de memoria tantas veces apunté en aquellos cuadernillos.

…Y es que no es tan difícil soñar ni tan difícil vivir, no, no es tan difícil…

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                         “Hay muchas conductas femeninas que deben interpretarse como protestas”

                                                                                                        Del Segundo Sexo de

                                                                                                        Simone de Beauvoir