ALEGRÍA de VIVIR

26 febrero, 2017

Alegría de vivir.jpegCaminar hacia delante, a escondidas, reinterpretando la propia vida sin construir futuro, sin destrozar pasado, caminar uniendo sentimientos, deshojando el imperativo de pisar firme, caminar que no exime del miedo a la soledad, al pánico del negro más oscuro; relaciones comprendidas sólo en parte, herramientas que tantas veces llegan con retraso para ayudar a entender quién es uno, espectador y protagonista a la vez; el placer de besar unos labios rojos y carnosos, instintos de amar y crear que se entremezclan, fortaleza y debilidad a la par en el momento de ignorar cualquier catástrofe, emociones dibujadas en almas que se acostumbraron al infortunio después de haber traicionado una confianza ante el primer obstáculo, capas superpuestas, como de llorona cebolla, a ese yo esperanzado con cualquier engaño de vivir sin añorar lo vivido.

Camino hecho en ese desierto que llega a ser muy querido, un olor, un recuerdo saturado de algo que no tiene nombre, un no saber que encontraré cada mañana tras la primera curva, íntimos deseos de vivir cuidando uno sus propias miserias sin impaciencia ni desaliento, terribles e insoportables cargas que soportan la necesidad de crear cuando no se puede.

Parentescos más de espíritu que de sangre, decadentes abandonos justificados por causa mayor y a los que uno termina acostumbrándose, emociones que parecen dormidas como esas vías de tren muertas en las que se recuestan los vagones que quietos y en desuso esperan cualquier final no demasiado feliz.

Razones que nada tienen que ver con el deseo de transcendencia, quizá de eternidad, sometimiento gustoso a unos dogmas establecidos, no impuestos, sentimiento de pertenencia, conciencias inestables atormentadas por cualquier símbolo que apenas encierra verdades practicas, pesadillas que terminan, que siempre terminan, alegría de vivir que a veces se esfuma entre cualquier desastrosa decisión tomada fuera de hora o se recupera arrimándose a ella como quien busca el fuego un día  frío.

Renuncias que casi siempre llevan al alma a un estado más sereno, poda interior hacia los pequeños y grandes deseos, poda que aniquila al dolor como forma de vida, sueños inmediatos que enmudecen ante el misterio de la relaciones humanas porque una cosa es el valor y otra la audacia, felicidad impregnada de una beatitud parecida a la que produce contemplar una obra de arte, reminiscencia de una ternura que se empieza a sentir mucho antes de que estalle la vorágine.

En mi vida siempre encontré motivo alguno para la renuncia, para extenuarme espiritualmente haciendo creer a cualquier contrario que la perdedora en el duelo era yo, y después me he rehecho con la certeza de que cualquier camino era posible y podía ser mejor.

Alegría, alegría de vivir, no la del momento, la de siempre…

                                                                                                                  

EL RECORRIDO de la ESPERA

19 febrero, 2017

el-recorrido-de…Con el tiempo, después de haber disfrutado y padecido los vaivenes del “amor”, la “entrepierna”, la “ilusión”, el “capricho” y algunas otras lindezas, llego a la tímida conclusión de que la astucia en la conquista es inversamente proporcional a la calidad de los improperios que se es capaz de proferir en el abandono. Indignidad que en momentos de fragor o furor uno cree que nunca repetirá; silencios sobreentendidos, deseos que exigen la perfección de una expectativa o la castidad de una promesa lanzada al aire sin medir consecuencias; modernidad inexistente de quien enarbola la bandera de una posición adaptada a cualquier recuerdo que cría malvas en el lugar de los justos o los injustos, quién sabe…

Y tú, que apenas reposaste tus huesos junto a los míos cuando el dogma te martilleaba las sienes y el deseo atormentaba tu inescrutable sexo, te atreves hoy a dibujar con claroscuros verdades incontestables desperezando la desidia de una rutina que no conforma ni confirma más que lo imaginado: ese pánico a la negrura del monstruo que acecha las relaciones incomprendidas, la posesión de los insaciables celos, y aquellas armas que siempre aparecen tardías para entender si se es arte y parte cuando la naturaleza del deseo es mucho más intensa que la capacidad para condenarlo.

Tú, personaje de vida desdichada que intenta aniquilar la fina línea que separa el gozo del odio, tú, que ignorante de tí acabas de provocar una catástrofe en mis emociones, tú, torpe protagonista de escenas desafortunadas, tú, que sólo coleccionas piezas de un valor sentimental quebrado, tú, que derrumbas la confianza del vagabundo que no quiere saber de obstáculos. Sí, tú, inteligencia y memoria sin sentido del humor que exige hacer un alto en el camino de este peregrinaje que como penitencia yo misma me impuse el día que entendí bien la lección de que la historia se repite.

… Con el tiempo llego a la tímida conclusión que ni tu Dios es el mío ni el mío el tuyo, no entiendo tu lengua, y ni tan siquiera en el aire que respiras consigo un soplillo de oxigeno para mis maltrechos bronquios por mucho que el cielo se empeñe en cobijarnos bajo el mismo techo.

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                                                                   “Las heridas abiertas hieden y no se curan”

                                                                          Henry Nouwen, el profeta herido

GOLPES BAJOS

12 febrero, 2017

golpesY uno confía, se descuida y descose antes de tiempo las puntadas del corazón para comprobar si los arañazos han cicatrizado, y, sin sorpresa alguna, cuando los hilos pasan descarnando lo más blando, esa parte a la que nunca llega el sol por mucho que se exponga mostrando sus vergüenzas y desvergüenzas, brota de nuevo la sangre como agüilla teñida por el color de cualquier añoranza.

Oportunismo, lucha de límites, palabras a destiempo, estéticas que enturbian la nobleza de los espacios, actitudes que dañan, apuros y prisas, torpona exigencia, traición apenas justificada por una debilidad que no huele a nada, carencias que determinan posturas, dignidad perdida en situaciones límite.

Y de nuevo intentar comprender, redoblar unas risas que, sin motivo, se apoderan de la boca cuando el trastorno acecha y el dogma se vuelve tan absurdo como el personaje que predica sin púlpito, sin orden ni concierto, pura contradicción de formas y fondos en nombre de un Dios desconocido.

Frenesí de estúpidos pactos que nunca se cumplen y que, cuando las puntadas, ya sin hilo, son invisibles, exigen cumplir con la ordenanza de una batuta de poder repudiado mientras los corazones siguen supurando y a las almas el tiempo les resta elegancia y algunas otras cosas.

Andares cabizbajos, silencios que hay que entender, respeto forzado y forzoso por quién decide cada noche traspasar el umbral de su alcoba, entornar la puerta, y recogerse en una tristeza justificada por realidades que no satisfacen pero de las que uno no escapa fácilmente.

¿Quién eres tú, alma descastada, para considerarme indecente, tú que quisieras pisar firme y no puedes, tú que también perdiste el rumbo cuando la inseguridad atenazaba tu garganta, tú que te encelas con el viento invitándolo al engaño mientras la desdicha enloquecida llama a la puerta de tu casa y no la reconoces, tú que provocaste calamidades y después dormiste tranquilamente, como si nada…?

Humor templado, amor sereno, honor mancillado por el despropósito de la imprudencia. Golpes bajos, traiciones de segunda fila, derecho al pataleo y esperas que, sólo si pueden dibujarse desde un corazón sin descoser, con el tiempo podrán convertirse en verdaderas obras de arte, y, lo demás, todo lo demás, es pura vanidad.

Y tú, ¿Quién eres tú…?

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“Nadie se muere de amor, ni por falta ni por sobra”

                                                             Chavela Vargas

 

¿ Y qué fue de…?

5 febrero, 2017

y-que-fueFortaleza de un equilibrio que parece a punto de desmoronarse, fragilidad que no define nada, universos que no se elaboran dándole la mano a la prisa. Hilos invisibles que mueven el alma, hebras de los sentidos y no del tiempo, lazos desconocidos; y, el amor, ese extraño modo de llamar a cualquier rostro maquillado de adicción, vínculos espontáneos, acercamiento de emociones que, a flor de piel, gastan y desgastan el lienzo que apenas con una mancha es capaz de emocionar.

Almas en ruinas, como si una devastadora guerra de intenciones se tratase, valores aplastados por una incertidumbre moral que no sabe a qué agarrarse, desolaciones enmascaradas entre sonrisas y risas que no iluminan más rostros que los que uno es capaz de dibujar en un papelucho cualquiera para, después, quemarlo en la chimenea.

¿Y qué fue de aquellos exquisitos modales que, por delicados, hoy parecen simplones, y de aquella soledad consentida que tantas veces aceptaba besar con pasión la boca de la frivolidad, y de aquel arte motivo de esperanza y antídoto contra la imprudencia, y de aquella miseria compartida que no escandalizaba a nadie, y de la disciplina combinada con cualquier lúdico revolcón en nombre de algo que se sabía perecedero, y de aquellos personajes, singulares dónde los hubiera, que al preguntarles, por ejemplo, dónde estaba su casa dirigían la mirada al océano, y de aquellos modos de vida, errantes quizá, pero sin posesión alguna, y de las sensibilidades a las que todo les parecía funcionar cuán personajes de novela a los que uno termina queriendo tanto que casi se convierten en amantes tan deseados como despechados, y de las afinidades que surgen y crecen de manera natural, sin esfuerzo ni fuerza, sin necesidad de calzo, y de aquella silla en la que aprendimos a leer, y que sería de aquel monedero en el que guardamos nuestras primeras pagas semanales…?

Y hoy tengo la certeza de que no hay fórmulas magistrales ni píldoras secretas que dejen la conciencia tan catatónica como para saber que el alma no descansa hasta que no está llena de Dios, y que cuando has corrido de un extremo a otro de la vida sin aliento ni descanso, y no te encuentras, lo mejor es despedirte para siempre de ti mismo pues las emociones necesitan un lugar tranquilo para recuperarse, un espacio para descansar, quizá una pared blanca en la que no se cuelgue nada y sólo sea usada para desvestir el alma y, sin desnudarla, ser capaces de mostrar nuestros miedos honestamente.

¿ Y qué sería de nosotros…?

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                                                                          “ En la interior bodega de mi Amado bebí…”

                                                                               De Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz

 

 29-enero Humildad entregada en prenda procurando vía libre a unos sentimientos que rasgan criterios, deforman moldes y aquietan corazones que, sin querer queriendo, han hecho de su capa un sayo y de la ausencia un hogar confortable.

Es sólo después de haber relevado al desánimo y quebrado lo establecido cuando se facilita un bienestar propio de aquellos lugares en los que fuimos felices, en los que nos hubiera gustado detener el tiempo arrancándole de cuajo la corona al reloj de cuerda, quebrarle las manecillas estrangulando el segundero y contemplar el empañado cristal de la esfera después de ahogar en una copa de vino las horas del día cuán  ingenuo principiante que en el arte de acariciar la copa de cristal bebe para olvidar.

Estancias comunes separadas por puertas dobles que preservan una intimidad que respira nostalgia ante la imposibilidad de inventar piezas únicas, pues la vida, que parecía ser algo más interesante, con los años decide por nosotros sin más misericordia que la que Dios quiera regalarnos.

Evidencias que son sólo errores consumados desde la imprudencia de estrambóticas estéticas que por no corresponderse con identidad alguna terminan, casi siempre, dando tumbos, abandonadas en el cajón de un sastre que, incapaz de nada nuevo, sólo confecciona trajes en serie para gente en serie con vidas en serie.

Pequeñas cosas, detalles que no se aprecian, ese ahora o nunca que me despierta pronto cada mañana mientras la tos me atenaza el pecho y me ahoga la garganta, oprimida quizá por algún imprudente virus que recogí en aquel callejón oscuro y frío en el que me perdí a altas horas de la madrugada.

¿Será que es tiempo de oración y no sabemos rezar, será que la verdad está sobrevalorada, como apuntaba cualquiera en una película cualquiera, será que es mejor elegir no elegir, será que en realidad hay conductas de mala fe aunque cueste trabajo creerlo, será que ya no se lleva creer en Dios y por eso el otro día me llamaron “meapilas”, será que la tentación acecha y, como viene disfrazada de principito valiente, se confunde con entereza, será que aquellas faltas morales, las del libro de urbanidad de antaño, ahora sólo sirven para rellenar líneas opacas en biografías de seres tan hechos como deshechos, será…?

Y mientras tanto, aquellas pequeñas cosas que importan, que valen, que no mienten, que hurgan, que arañan sin hacer daño, que templan, que te adormecen con cariño, como si de una nana agradable se tratase, se pierden en la desidia que marca la ingrata costumbre de una pose forzada…

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“Para la soberbia humana resulta duro reconocer que uno por sí mismo nada es y nada tiene”

                                                                                                   Edith Stein

SECRETOS de ALCOBA

15 enero, 2017

 

secretos-deLas alcobas son mentirosas, astutas hechiceras que conforman sueños imposibles en la quimera de quién bien sabe que las noches nunca son eternas. Dimes y diretes, palabras vanas dibujadas como sombras chinescas que se entremezclan en cualquier pared desnudada a conciencia.

Las alcobas ya no son lo que eran, quizá, contrariadas por sentirse desarmadas al calor de un desliz azaroso, indignadas, se alían con quién no acierta a descubrir una cama con el refinamiento que no se aprende en un manual de buenos modales.

Las alcobas ya no esconden apenas secretos, la intimidad mal entendida ha dado paso, a un ritmo como de vértigo, a revolcones imprudentes, rápidos y desvencijados, de los que con el tiempo apenas queda más recuerdo que el rejumbrillo que cualquier detergente a granel deja impregnado en la piel mientras la cólera se hace amiga del despecho, el despecho se alía con la impotencia y la impotencia se emparenta con ese “derecho al pataleo” que hace de la virtud un don escondido entre las piernas de  quién no reconoce el pecado cuando se pronuncia la palabra lujuria.

Las alcobas ahora son poco confortables, presididas por pantallas que sólo reflejan siluetas desnudas, pudorosamente resguardadas entre sábanas, cantan y cuentan inicios de unas novelas que, desde el primer párrafo, desfiguran sus líneas colocando el punto dónde debería ir la coma y la coma dónde una interrogación apenas responde a la pregunta  enmendada.

…Y Dios mira de reojo mientras suelta carcajadas impropias de su divina compostura intentando hacer ruido para zarandear  conciencias dormidas que ansían apurar el ultimo sorbo de vino antes que desparramar el agrio vómito que a borbotones escupe la boca mientras el cuerpo, incapaz de incorporarse, arrastra su condena a la par que su culpa.

La alcobas ya no tienen cerrojos ni cerraduras holgueras desde las que, acercando el ojo al hueco medio oxidado, poder soñar escenas imposibles, de aquellas que sólo existían en la imaginación del imberbe adolescente que engatusó a su líbido entre libros de caballería.

En mi alcoba ya no hay nada, si acaso un recuerdo, una velilla que se consume sin prisa, un saco vacío, desgastado por el fondo de tanto arrastrarlo por pedregalillos insignificantes, y, en la esquina una silla, abandonada a la suerte de cualquiera que, sin tiento ni talento, acierte a revolear su sostén con la premura que da el tiempo que no pertenece.

En mi alcoba ya sólo quedan sueños y una taza de café mañanero que se seca en sus bordes ante el abismo del olvido…

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“Una pequeña oración me levanta el espíritu y un pequeño éxito me emociona”

                                         Del libro “El regreso del hijo pródigo”

                                                                    de Henri J.M. Nouwen

 

RENDIRSE

8 enero, 2017

rendirseLa evidencia apenas tiene riesgo pero duele, quizá porque coloca en la cuerda floja de las emociones sentimientos aturullados que van y vienen como esas olas que, incapaces de arrastar podridos restos de naufragios, esperan amorosamente que la tempestad cese, la mar se calme y la marea descienda. La evidencia es ese no sé qué del que por pudor no se habla mientras la astucia aprovecha e inventa cualquier estrategia para traicionar la confianza de quien rendido intenta descansar en los brazos del amor soñado. La evidencia no se ve, a primera vista las máscaras suelen presentarse con una buena capa de maquillaje, con el roce empiezan a descascarillarse y, tras el abuso y el uso, acaban rindiéndose porque saben bien que lo efímero apenas dura, ni siquiera nace con la pretensión de eternidad. Al fin y al cabo, polvo somos…

Rendirse no es de cobardes, ya no, y los hombres, afortunadamente, también lloran, y mucho, y, Dios sabe bien establecer la línea en la que colocarnos antes de dar el pistoletazo de salida para la carrera de la vida.

Tantas veces uno está cansado de nada, de todo, de andorretear de acá para allá, de sucumbir ante el capricho que disfrazado de deseo maneja los invisibles hilos de una marioneta que reta al miedo y desafía, cuán valiente espadachín, al corazón torturado incapaz de rendirse.

Mi daga está doblada, ya no sirve, y mi armadura demasiado gastada como para confiar en palabras que suenan huecas y vanas al oírlas desde lejos, agazapada en una atalaya que construí para esconderme cuando la torpeza de mi inseguridad arreciara. El tiempo se afana en enseñarme y yo no aprendo, quizá mi testarudez se disfraza de impotencia cuando el telón de mi guiñol está a punto de levantarse y un miedo escénico, del que ya soy cómplice, atenaza mi garganta ahogándome como a principiante inexperto.

Saqué fuerzas de dónde no había más solidez que un gesto adusto y el resentimiento propio del navegante solitario que harto de trotar por caminos sin retorno se echa al océano en una barquilla insignificante.

Me dices que no me rinda, me dices que me sacuda la inercia de la ironía y la necedad, me dices que de nada sirve anclarse en puertos de antaño, me dices que el horizonte está cerca aunque no lo parezca, me dices que la evidencia también tiene su lado bueno, me decías y me decías pero no te hacía mucho caso porque siempre mantuve que lo imperdonable es lo primero que hay que perdonar. Me dices y me sigues diciendo y ahora yo prefiero que guardes silencio, que me des la mano y te sientes a mi lado mientras yo le doy la vuelta a los leños que tan generosamente acompañan mis horas.

Y si la evidencia no se rinde…yo tampoco ¿qué te parece?

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“pero todavía no soy capaz de creer plenamente que allí donde mis fracasos son grandes sobreabunda la gracia”

                                                                 Romanos 5, 20

FELICIDADES

25 diciembre, 2016

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DIFÍCIL o FÁCIL

11 diciembre, 2016

 

11Es difícil saber si la persona a la que amas lleva una máscara cualquiera sólo para esconder su gran sufrimiento, es difícil deducir si el fruto de la necesidad es más apetecible que el del deseo, es difícil vaticinar que hay amores que interrumpe la muerte, y, aún más, la fuerza de la costumbre, es difícil adivinar cuando se grita de dolor, de placer o simplemente de rabia, es difícil entender por qué hay relaciones que se sumergen en un silencio bastante más destructivo que hiriente, es difícil presentir si el alma es capaz de atravesar el cuerpo con la daga de una indiferencia que no quiere consumarse a pesar de que sus filos  atraviesen tu pecho, es difícil no entender al demonio cuando alguien se encuentra desorientado y sólo, es difícil aceptar  por qué se busca a Dios en los momentos de más sufrimiento, es difícil vislumbrar el resentimiento que se disfraza de carantoña cuando la sinceridad brilla por su ausencia, es difícil acariciar  la compasión que transciende a una emoción incontenible en apenas unos segundos, es difícil ensanchar la conciencia cuando el más feroz enemigo te habita dentro, es difícil reconocer las decepciones cuando hay poca exigencia con uno mismo, es difícil pensar en la vida como si de un lienzo en blanco se tratase, es difícil escribir una carta de amor cuando uno se encuentra atormentado entre dudas y decisiones, es difícil perdonar si no te absuelves de responsabilidad, es difícil llorar por pasiones que se aferraron a lo insignificante, es difícil triturar los deshechos de las torponas emociones que se estrellan una y otra vez en el muro de las lamentaciones, es difícil descender a los sótanos de la noche oscura del alma cuando las escaleras del corazón sólo quieren apuntar al cielo, es difícil ofuscarse ante la insensatez del dogma que apenas cabe en un renglón torcido, es difícil equivocarse cuando sólo y siempre se juega a caballo ganador.

Y es fácil, muy fácil, abrir los ojos, mirar de frente, asirse a una mano fuerte y segura, besar unos labios cuajados de cariño y ternura, despeinar un cabello recién alisado, compartir el sueño y el desvelo, y es fácil, muy fácil, amar si te dejan…

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“Lamentablemente, todos solemos estar demasiado enamorados del drama”

                                                                         Pablo D’Ors

                                                                        De su libro Biografía del Silencio

 

 

2-advientoNunca dan el resultado esperado a pesar del exacto  cálculo de números que suman emociones como dicta la norma y no como Dios da a entender sin que haya método que valga ni lápiz afilado capaz de encajar  la plana de un cuaderno en el que de tanto borrar errores la falsilla ha perdido sus lineas.

Quien dijo ausencia no pensaba que el recuerdo es tan mal consejero como torpe enemigo, quien se espantó ante un silencio quizá sólo temía no alcanzar a tiempo esa mano que mecía el cuerpo que inmóvil y expectante se recostaba cada noche, quien dijo tiempo había olvidado dar cuerda al reloj que descuidado apuraba los minutos y contaba las horas para el encuentro soñado.

Silencio de siglos, rígido, como aquellas rocas que ni siquiera dejaban correr el cauce de la sangre que helaba las venas acorchadas, inerte, muerta tal vez, cuajada de recelo y sin sabores, fría de soledad, acostumbrada al olvido, reacia a la palabra que retorcía las apaleadas entrañas y la pena ahogada en copas de vino que sin ton ni son se derramaban por las comisuras de unos labios ansiosos por  besar.

El amor que no suma ni multiplica cae en la trampa de la maniobra engañosa, del falso resultado que embauca al novel amante que iluso deshoja la margarita de plástico mientras calienta sus manos al fuego arriesgándose a que la florecilla se derrita. Y entonces duele el amor como el clavo del estilete que engarzado con el más depurado sadismo mezcla la banalidad con un poso extraño de confusión y la amargura.

Fórmulas sin resolver, lecciones magistrales que hilvanaron cosillas de aquí y de allá, discursos que se pierden ahogados en el mar de los sargazos, esfuerzos que nunca son inútiles a pesar de tantos pesares, palabras que por pudor no se pronuncian, miradas burlonas que incitan y excitan escondidas bajo unas sábanas que hoy no sé si se mancharon de deseo o de fogoso estupor; fórmulas, más fórmulas y las fórmulas del amor las más inexactas de todas…

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“El verdadero amor entre dos seres te pone más en contacto con tu ser más profundo”

                                                                                             Henri J.M. Nouwen

                                                                                             “La voz interior del amor